Blas Martínez Aranda tenía 17 años cuando estalló la Guerra Civil. Internó en varios campos de trabajo en Francia y su familia le perdió la pista en marzo de 1944. Ahora, 82 años después, gracias al trabajo de documentación del Archivo Arolsen de Alemania y el Archivo General de la Región de Murcia, sus descendientes han podido saber que Blas fue uno de los miles de deportados españoles en campos de concentración nazis y han recuperado documentación, su reloj y, sobre todo, la historia de su vida.“Me he criado sabiendo que tenía un tío, Blas, del que no sabíamos qué había sido. Eso genera una incertidumbre continua. Aunque intuyas que lleva muerto probablemente muchos años, ese capítulo nunca se cierra. Conocer su historia ha sido cerrar una herida”, cuenta a EL PAÍS Juan Martínez Andreu, uno de los sobrinos de Blas, que este miércoles ha recuperado documentación y un reloj que los nazis incautaron a su tío a finales de mayo de 1944 en el campo de concentración de Neuengamme, en el norte de Alemania.Blas era el mayor de cuatro hermanos. El padre de Juan, el menor. “Mi padre murió sin saber dónde estaba su hermano. Lo idolatraba”, lamenta el sobrino, que empezó a tener algo de luz sobre la historia familiar hace apenas tres meses tras una visita al campo de concentración de Auschwitz. En realidad, en la familia, apunta, nunca se había especulado con que “el tito Blas” hubiera sido deportado por los nazis. Blas Martínez Aranda, nacido en la pedanía murciana de Churra en 1919, había sido un joven brillante, “uno de los cinco estudiantes pobres de la Región de Murcia que fue becado para estudiar el Bachiller”, apunta el sobrino.Se alistó en las Milicias Populares en septiembre de 1936 y combatió en el bando republicano, donde llegó a ser sargento de aviación. En febrero de 1939 pasó a Francia, donde ingresó en el campo de Argelès. Allí comenzó un periplo por diferentes campos de trabajo y de refugiados que terminó en 1942 en el campo de internamiento de Rouillé. Desde allí, enviaba cartas a su madre, la última, fechada en marzo de 1944. La familia la conserva, junto a una fotografía que envió con la misiva, porque fueron las últimas noticias que tuvieron de él. “Blas contaba a su madre que estaba bien, que tenía cinco camisas, que le daban de comer y que escaseaba el tabaco. Recomendaba a sus hermanos que estudiaran para no tener que trabajar en el campo”, apunta Juan Martínez Andreu. El padre de la familia, José Martínez Botías, lo impidió: no quería que sus hijos menores sufrieran la misma suerte que el mayor, que sí había recibido educación. La madre, Soledad Aranda, contestó a aquella carta, pero la respuesta nunca le llegó a Blas, que tenía entonces 25 años. En 1946 el padre intentó sin éxito localizar a Blas a través de la Cruz Roja. Y nada más. “La familia siempre especuló con qué habría sido de mi tío. Unos decían que habría muerto de hambre en el campo de internamiento en Francia; otros, que habría muerto allí durante la Segunda Guerra Mundial. A veces bromeábamos con que se habría ido a Rusia y algún día recibiríamos una herencia”, señala el sobrino.En su viaje a Auschwitz, Juan Martínez Andreu buscó el nombre de su tío en el memorial, sin éxito. Pero allí le hablaron del Archivo Arolsen, el mayor centro internacional sobre la persecución nazi, que aglutina todo tipo de información y documentación sobre las víctimas. Este archivo, ubicado en Alemania, puso en marcha en 2016 el proyecto Stolen Memories, con el objetivo de devolver a sus propietarios o a las familias de estos unos 4.700 objetos que habían sido recuperados en los años 60 procedentes de campos de concentración nazis. Y en aquel archivo, vinculado a aquel proyecto, aparecía el nombre de Blas Martínez Aranda. Stolen Memories había custodiado el reloj que los nazis le habían incautado en mayo de 1944 al ingresar en el campo de concentración de Neuengamme. En 2020, el archivo alemán había cedido el reloj y otra documentación sobre este deportado al Archivo General de la Región de Murcia. Juan Martínez Andreu tenía en casa, sin saberlo, toda la información sobre la vida de su tío desaparecido. “Cuando contactamos con el Archivo General de la Región de Murcia, la familia convulsiona. Tenía todo tipo de información sobre mi tío. Por fin sabíamos dónde había estado”, resume.La coordinadora de Stolen Memories, Charlotte Meiwes, ha viajado esta semana a Murcia para participar en el acto de entrega de aquel reloj a los familiares de Blas. “Para los familiares, tener el último objeto que acompañó a su ser querido suele tener un valor emocional que no se puede describir. A veces, como en este caso, no solo reciben un objeto, reciben información nueva sobre la vida o la muerte de su familiar”, explica en una conversación con EL PAÍS. Para el sobrino, el reloj recuperado es un bonito recuerdo, pero lo verdaderamente importante ha sido saber dónde terminó sus días su tío o conocer las preocupaciones que se transmitían el deportado y su madre por carta.El proyecto Stolen Memories, explica la coordinadora, ha repartido en esta última década efectos personales a en torno a un millar de familiares de víctimas de los nazis, 50 de ellos, españoles. Tienen todavía unos 2.000 objetos de víctimas a cuyos descendientes no han podido localizar. Una docena de ellos pertenecieron a deportados españoles, entre ellos otro murciano: Mariano García López. A veces, la dificultad de localizar a los descendientes radica en lo común de los apellidos, como puede ser este caso. Otros muchos no tenían hijos, por lo que los descendientes son sobrinos o familiares más lejanos. Hay objetos también sin documentar. La tarea no es fácil y los archivos locales, asegura la experta, son una gran ayuda en estas labores de documentación y búsqueda.El Archivo General de la Región de Murcia tiene información y documentación sobre 398 deportados murcianos en campos de exterminio nazis. Desde esta semana, esa base de datos está digitalizada y abierta a la consulta pública a través de la web deportados.carm.es. El director del Archivo, Javier Castillo, lleva seis años trabajando en este proyecto de la mano del Archivo Arolsen y de otras organizaciones e instituciones nacionales e internacionales, y la base de datos, explica, continúa abierta para incorporar posibles nuevos nombres: en este año se han identificado dos deportados murcianos de los que no se tenía noción hasta el momento. El objetivo es que sus familiares ―todos los supervivientes españoles de campos de concentración nazis han fallecido ya― reciban información sobre sus antecesores, y también que puedan aportar documentos y fotografías que conservan de ellos para completar su historia. Los descendientes de Blas Martínez Aranda han podido entregar al archivo aquella última misiva que envió el deportado desde Francia en 1944. A cambio, han podido completar la historia de su vida.
Cómo una familia de Murcia supo gracias a un reloj la historia de Blas Martínez Aranda, deportado en un campo de concentración nazi
Los familiares de este republicano, que recuperan ahora sus efectos personales, desconocían que había sido prisionero en Alemania









