Hubo una época en la que tener un auto deportivo no significaba comprar un vehículo importado ni desembolsar una fortuna. En la Argentina de los años 70' y 80', un modelo nacional logró convertirse en el sueño de miles de jóvenes y en una referencia obligada para cualquier apasionado por los fierros. Ese auto fue el Fiat 128 IAVA.
Su historia comenzó a principios de la década de 1970, cuando el Fiat 128 ya se había consolidado como uno de los automóviles más modernos del mercado argentino. Gracias a su arquitectura de tracción delantera, motor transversal y excelente aprovechamiento del espacio interior, el modelo revolucionó el segmento de los autos compactos y rápidamente ganó popularidad entre las familias argentinas.
Sin embargo, había quienes buscaban algo más que practicidad. Querían prestaciones, velocidad y una imagen deportiva que transmitiera carácter. Fue entonces cuando apareció IAVA, sigla de Industria Argentina de Vehículos de Avanzada, una compañía creada para desarrollar versiones especiales de los modelos Fiat producidos en el país.
La propuesta era sencilla pero ambiciosa: tomar un vehículo de producción masiva y transformarlo en un auténtico deportivo nacional.
Los ingenieros de IAVA comenzaron a trabajar sobre la base del Fiat 128 incorporando modificaciones mecánicas que mejoraban notablemente el rendimiento. Cambios en la alimentación, el árbol de levas, la compresión y la puesta a punto general permitieron obtener motores más potentes y una respuesta mucho más deportiva que la de las versiones convencionales.










