SpaceX comenzará a cotizar en Wall Street (REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo)Quien crea que la aventura espacial empezó en 1957, cuando la nave soviética no tripulada Sputnik se posó sobre la Luna, o al año siguiente, cuando, acicateado por el “momento Sputnik”, que sugería la derrota de Occidente a manos de la entonces Unión Soviética, EEUU creó la NASA e inició el desarrollo del programa Apolo que el 20 de julio de 1969 puso por primera vez astronautas sobre la superficie lunar, se equivoca.Ya a fines del siglo XVI, Johannes Kepler, quien formuló las primeras leyes del movimiento planetario, arriesgó una frase asombrosa para la época: “Un día habrá naves en el cielo con exploradores que no temerán la inmensidad del espacio”.PUBLICIDADY a principios del siglo XX, hace casi 90 años, avanzada la revolución que científicos como Kepler habían cimentado, el norteamericano Robert Goddard fue el primero en lanzar con éxito un cohete propulsado por combustible líquido e introdujo varias innovaciones, como los cohetes por etapas y los sistemas de guía.La historia de la carrera espacial es contada por el historiador, economista y sociólogo alemán Rainer Zitelman, quien presentó ayer en EEUU “The New Space Capitalism (The Entrepreneurial Path to the Stars)”, esto es, “El nuevo capitalismo espacial (el camino empresarial hacia las estrellas)”, a cuya versión en español accedió Infobae.PUBLICIDADEn su obra, Zitelman ataca la noción de que la carrera espacial es producto histórico de la inversión y los recursos estatales. Esa, dice, es una parte importante pero relativamente breve de un curso más largo. Tras las últimas misiones Apolo, perdió impulso (por caso, recuerda el autor, semanas después del éxito de Apolo 11, la NASA se había fijado llegar a Marte en 1981), restó importancia y recursos a las misiones tripuladas, tuvo fallos ominosos (inevitables en empresas científicas de este calibre) y derivó hacia programas como el transbordador Shuttle y la Estación Espacial Internacional (EEI).En 200 páginas, Zitelman argumenta por qué a menudo los programas espaciales estatales fracasan y por qué la exploración espacial privada está teniendo tanto éxito. Tras los logros históricos del programa Apolo (que costó, a valores de hoy, USD 450.000 millones), por cuestiones políticas y presupuestarias los viajes espaciales se estancaron.PUBLICIDADEEUU retiró el transbordador espacial en 2011 y, huérfano de transporte espacial tripulado propio, pasó a depender de Rusia para trasladar a sus astronautas a la EEI. Los precios abusivos de Moscú eran una trampa de la que lo rescató Elon Musk, quien con su audacia y obsesiva búsqueda de reducción de costos en SpaceX, impulsó la nueva era de los viajes y, ahora también, el “capitalismo espacial”, un cambio de paradigma.