Opinión

Editorial

EditorialLa Copa Mundial de Futbol 2026 es la primera que se juega con 48 selecciones.

Cada mundial de futbol está hecho de ojos ilusionados de niños, que juegan los sábados o los domingos por la mañana en el campo de tierra, de grama completada con lodo o una alfombra sintética, todas con sudor como rocío y el gol como sol que nace y se pone en el fondo del arco. Está construido de hexagonales de barrio, copas estudiantiles y torneos nacionales, pero también de chamuscas tras la semana laboral en la obra en construcción: porque eso es siempre el futbol, una historia que se construye con tácticas, prácticas, formaciones, en permanente dicotomía de individualidad y trabajo en equipo: así como la vida.

Por eso causa cierto pesar ver los síntomas de que el negocio se antepone a la emoción, que los prejuicios le cometen falta a la dignidad deportiva, y eso amerita tarjeta. Nadie pita esas zancadillas, pero el partido tiene que seguir y debe haber un campeón. Así que, como dicen los árbitros, ¡Juegue, señor, juegue! Y desde hoy se llena el estadio global.