Con los nuevos intercambios de fuego entre Estados Unidos e Irán, la guerra en el golfo Pérsico y su precario alto el fuego repleto de escaramuzas cada vez más graves ha entrado en una nueva fase, la más peligrosa hasta el momento y que abre la perspectiva de un regreso a las hostilidades. Mientras Estados Unidos ha atacado por segunda noche consecutiva objetivos iraníes, el Estado Mayor iraní ha anunciado de nuevo el cierre a cal y canto del estrecho de Ormuz, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria ha advertido de que las tropas de ese país responderán “decisivamente” a cualquier ataque del adversario. El presidente Donald Trump amenaza con que los ataques pueden continuar este jueves si Teherán no acepta sus condiciones para la paz.El intercambio de fuego ha sido tan duro o más que la noche previa, y mucho más serio que los choques que habían venido sucediéndose en el último par de semanas. La Guardia Revolucionaria asegura haber atacado 18 emplazamientos “importantes” y con alguna relación con las fuerzas estadounidenses en las bases militares de Ali Al Salem y Ahmad al Haber en Kuwait, y la base de la Quinta Flota estadounidense en Baréin. A su vez, después de una primera oleada de bombardeos en el sur de Irán, Estados Unidos ha disparado proyectiles contra el oeste de Teherán en una segunda ronda. En ambas, con una diferencia de unas cuatro horas, las fuerzas estadounidenses han atacado sistemas de defensa antiaérea, sistemas de comunicación y emplazamientos de vigilancia, según el Comando Central, responsable de las operaciones militares de ese país en Oriente Próximo.“Activos de la Infantería de Marina, la Fuerza Aérea y la Marina dispararon municiones de precisión contra objetivos iraníes que representaban una amenaza contra fuerzas estadounidenses y barcos mercantes internacionales que atraviesan las aguas regionales”, declara el Centcom en un comunicado distribuido en redes sociales y que describe los ataques como “en defensa propia”. “Los ataques se producen en respuesta a la agresión continua e injustificada de Irán”, señala el Comando Central, “las fuerzas estadounidenses permanecen alertas, letales y preparadas”. Por su parte, el comandante de las fuerzas aeroespaciales de la Guardia Revolucionaria iraní, el general Mayid Musaví, ha amenazado con convertir toda la región en un “infierno”. En un comunicado que recoge la agencia estatal Irna, el alto mando declara: “¿Quieren hacer inseguro el sagrado estrecho de Ormuz? Convertiremos toda la región en un infierno. Esta es la respuesta a la agresión de Estados Unidos en la región”. El Estado Mayor iraní ha anunciado que el cierre de Ormuz, que mantiene bloqueado desde el comienzo de la guerra, será ahora absoluto. Estados Unidos, por su parte, asegura que continúa el tránsito de barcos por ese paso marítimo. Aunque al menos en teoría las conversaciones se mantienen en pie, tanto un Donald Trump hastiado de las negociaciones como un régimen iraní envalentonado y que se considera ganador del conflicto parecen dispuestos a volver a la vía de la fuerza para resolver sus diferencias, con el riesgo de que cualquier error de cálculo deje la situación fuera de control. La ofensiva de Israel en Líbano también contribuye a echar leña al fuego. La Administración de Donald Trump señala que la intención no es volver a la fase de hostilidades abiertas de los primeros dos meses del conflicto, sino presionar a Irán para que acepte las condiciones de Estados Unidos. Que firme ese acuerdo de paz que el presidente estadounidense proclama una y otra vez que está ya prácticamente cocinado. Pero que nunca llega a salir del horno: a la enorme desconfianza entre las dos partes se suman las enormes diferencias de posturas. Irán exige alivio de sanciones y la descongelación de fondos, que Trump sostiene que no está dispuesto a dar. Y Teherán no quiere renunciar a aspectos clave de su programa nuclear, la condición que el estadounidense insiste en que es indispensable.Presión a IránAburrido, en sus propias palabras, de una negociación que se dilata mucho más de lo que él esperaba —insiste una y otra vez en que Irán está a los pies de los caballos y “deseoso” de firmar un acuerdo—, ha concluido que Teherán “nos está tomando por tontos” a la Administración republicana en las negociaciones, como afirmaba este miércoles durante un acto en el Despacho Oval. Presionado él mismo por una inflación en su nivel más alto en tres años, un 4,2%, y un enorme descontento popular, también ha decidido que el modo de ejercer presión sobre el régimen teocrático es intensificar los ataques: en ese mismo acto anunciaba que Estados Unidos volvería a atacar por segunda noche consecutiva. Y confirmaba que a lo largo de las últimas semanas Estados Unidos ha estado ayudando a atravesar el estrecho de Ormuz a buques mercantes que han transportado cien millones de barriles de petróleo.En una microentrevista telefónica con un corresponsal de la cadena Fox News en Tel Aviv, Trump aseguró, según el reportero, que Estados Unidos volverá a bombardear también el jueves si Irán no capitula en las negociaciones. Durante una visita al cuartel general del Comando Central en Florida, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se hacía eco de las declaraciones de su jefe. “El presidente ha dicho que golpearemos duro a Irán, y lo haremos”, ha asegurado. “Si necesitamos negociar con bombas, negociaremos con bombas”. Pero es más que dudoso que las nuevas rondas de bombardeos vayan a obligar a ceder a la República Islámica. “Los ataques por sí solos no pueden forzar concesiones. Trump también tiene que convencer a Irán de que puede ‘evitar’ ser atacado si cumple las exigencias estadounidenses… y eso ha sido el principal obstáculo a cualquier acuerdo desde que Trump abandonó el pacto nuclear internacional con Irán”, el JCPOA negociado por la Administración Obama, en 2018, opinaba en la red social X Rosemary Kelanic, directora del think tank Defence Priorities, este miércoles por la noche. “Si Irán espera que Trump vaya a romper sus promesas, ¿qué incentivo tiene para aceptar? Ninguno. Todos sabemos que las amenazas de Trump de atacar son creíbles; las ha cumplido numerosas veces. Pero sus garantías de que se abstendrá de atacar Irán si Irán coopera carecen de toda credibilidad. Y cada nueva ronda de ataques estadounidenses dificulta que Estados Unidos se comprometa a la moderación con Irán después, una vez que Teherán haya renunciado a sus herramientas de presión nucleares. El problema es peor aún porque las exigencias de Trump parecen cambiar cada hora. Aunque Irán quisiera cooperar, ¿cómo puede? Lo que en un momento dado puede representar cooperación, al momento siguiente puede dejar de serlo, porque Trump cambia tanto de opinión”, apunta Kelanic. Los intentos por avanzar en las conversaciones de paz, mientras tanto, prosiguen aunque sin frutos. Una delegación de Qatar, uno de los países mediadores, partía este miércoles de Teherán, sin avances.