Una misa en la Sagrada Família y la bendición de su torre de Jesús, rematada con un espectáculo de drones que iluminó el cielo de la ciudad, marcaron ayer el punto culminante de la visita de León XIV a Barcelona. Y, dada la proyección global del templo gaudiniano, quizás también el de todo su periplo por España, que se inició el sábado en Madrid, ha hecho escala dos días en nuestra ciudad y continuará a partir de hoy por el archipiélago canario, desde donde el Papa prevé regresar a Roma mañana viernes a primera hora de la tarde.Es pronto pues para hacer un balance final de la visita del Santo Padre a España. Pero no lo es para subrayar los aspectos esenciales de su estancia en el país. Entre ellos, su atención a la coyuntura política y social, ya explícita en su previa y firme toma de posición frente el presidente Trump, o en su encíclica Magnifica humanitas , donde aborda los desafíos de la IA y aboga por preservar la dignidad humana. O, también, el previsible componente pastoral y popular, plasmado ayer de modo multitudinario, tras la visita a la abadía benedictina de Montserrat, en el recorrido a bordo del papamóvil que efectuó León XIV desde la Diagonal hasta la Sagrada Família, a lo largo de la calle Rosselló, donde se apretujaron fieles y curiosos y donde se activó un enorme servicio de seguridad. O, asimismo, su atención a los desfavorecidos, que se está verificando mediante encuentros con ellos en las sucesivas etapas del viaje. Ayer, por ejemplo, con una visita a la cárcel de Brians y después a la iglesia de Sant Agustí.Barcelona ha vivido dos jornadas papales para el recuerdo. Ya estuvieron en la ciudad Juan Pablo II en 1982 y, veintiocho años después, Benedicto XVI en el 2010, y ambos reunieron a centenares de miles de personas. Pero sus estancias fueron más breves y acaso no más cálidas que la de León XIV. El pontífice actual, al que algunos consideran relativamente reservado, se ha comportado en España con mucha naturalidad, ayudado por su dominio del castellano, que aprendió durante su decenio en Perú, y le permite comunicarse con soltura e incluso, en alguna medida, improvisar. Como, pongamos por caso, ayer en Montserrat al agradecer a Catalunya sus enseñanzas como país de acogida e integrador.Los actos en la Sagrada Família marcaron el punto culminante del viaje del Pontífice por EspañaAsí lo hemos ido constatando en las ocasiones solemnes, como fueron su alocución en el Congreso, en la que exhortó a los políticos a que abandonaran la estéril dinámica de la “permanente descalificación política”, recibiendo una larga y unánime ovación (ayer desmentida mediante una nueva, enconada y bochornosa sesión de control). O el martes en la catedral de Barcelona, donde se refirió a los catalanes como “constructores de unidad”. O, de manera muy singular, ayer en la Sagrada Família, en la misa con importante presencia del catalán y el castellano, también del latín, a la que asistieron los Reyes y el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, junto a otras autoridades estatales, autonómicas y locales, y en la que se vivieron momentos emotivos –la descripción previa de la torre que le hizo al Papa una niña invidente, por ejemplo–, y en cuyo transcurso el Pontífice afirmó que “no podemos creer en Jesús y promover la guerra, o matar al inocente o abandonar a quien sufre”, abundando en sus mensajes de estos días. Pero también lo hemos visto en momentos que admitían cierto grado de informalidad, ya fuera en el estadio Bernabéu o en la cabina del avión que le traía a Barcelona, donde bromeó a propósito de sus preferencias futbolísticas.En todas estas ocasiones, León XIV se ha revelado como un Papa del siglo XXI, fiel a la doctrina eclesial, pero no como alguien distante y recluido en la Curia vaticana, sino por el contrario muy hábil para interactuar con la sociedad en todo tipo de escenarios públicos.Corren tiempos revueltos en la escena internacional, de redefinición política de los principales poderes y mandatarios, tiempos en los que se expande un sentimiento de progresivo desamparo colectivo. En esta coyuntura, el papa León XIV ha reivindicado su autoridad moral y ha dado una nueva luz y dimensión a la posición que representa. Es decir, le ha sacado muy buen partido a su viaje.El Papa ha reivindicado su autoridad moral, en tiempos revueltos y de desamparo colectivoPara Barcelona, para el conjunto de España, su visita ha sido muy significativa. También lo ha sido probablemente a escala global, gracias a la reafirmación de unas posiciones humanistas, pacifistas y solidarias que sin duda aplaudirán los fieles del Papa, y que en la presente hora pueden también resultar muy atractivas para quienes no se cuentan entre ellos.
León XIV en Barcelona, por Editorial
Una misa en la Sagrada Família y la bendición de su torre de Jesús, rematada con un espectáculo de drones que iluminó el cielo de la ciudad, marcaron ayer el punto culminante de la visita de León XIV a Barcelona. Y, dada la proyección global del templo gaudiniano, quizás también...












