El horno cambia mucho según el recipiente que usemos. No es lo mismo preparar unas galletas en una bandeja metálica fina que hornear una lasaña en una fuente de cerámica, hacer magdalenas en silicona o cocinar un pan en una cazuela de hierro. Los recipientes y moldes especiales para horno no son un capricho de cocina: influyen en el dorado, la humedad, la textura, el tiempo de cocción y hasta en lo cómodo que resulta servir después.

A menudo usamos siempre la misma bandeja para todo y luego culpamos al horno de que el bizcocho quede bajo, las patatas no se doren, el asado suelte demasiada agua o la base de una quiche salga blanda. El electrodoméstico hace su parte, claro, pero el molde decide cómo llega ese calor al alimento. Un material conduce rápido, otro retiene más temperatura, otro protege mejor de los bordes quemados y otro facilita el desmoldado sin apenas grasa.

Elegir bien permite aprovechar el horno para mucho más que asar pollo o gratinar pasta. Con los moldes para horno adecuados podemos preparar panes, tartas, verduras crujientes, flanes, carnes melosas, pescados jugosos, bizcochos altos, pizzas con buena base y pequeñas raciones individuales sin complicarnos la vida.

Por qué el recipiente importa tanto en el horno