Por 10/06/2026, 12:24 p.m.Cuando arranque el primer Mundial con 48 selecciones, comenzará también el torneo más grande de la historia. Estados Unidos, México y Canadá acogerán 104 partidos en apenas 39 días. Pero no solo estará en juego una Copa del Mundo: también se pondrá a prueba el mayor laboratorio tecnológico que el fútbol haya visto. La pelota llevará un sensor adentro, los árbitros usarán cámaras en el pecho y, fuera de la cancha, millones de hinchas convertirán cada jugada en contenido antes de que el árbitro pite la siguiente. Alrededor de una Copa del Mundo se mueve mucho más que el juego: se mueve una economía entera de datos, pantallas y creatividad instantánea.La gran novedad de 2026 entra por la pelota. El Trionda, el balón oficial de Adidas, lleva un sensor que registra posición, giro e impactos 500 veces por segundo y transmite esa información en tiempo real. Combinado con quince cámaras por estadio y un escaneo corporal en 3D de los 1.248 jugadores convocados (un proceso de apenas un segundo por futbolista durante la sesión de fotos previa), ese dato alimenta un fuera de juego semiautomático más preciso que nunca.La diferencia con Qatar 2022 está en la velocidad. Ahora el sistema puede enviar una alerta sonora directamente al árbitro en el campo cuando un jugador está claramente adelantado, por encima de los diez centímetros; en las pruebas anteriores ese umbral era de cincuenta. La FIFA también estrena una tecnología para determinar si el balón salió del campo antes de un gol, pensada justamente para evitar polémicas como la del segundo tanto de Japón ante España en 2022, que dejó a Alemania fuera del torneo entre protestas.Nada de esto reemplaza el criterio humano: el juez de línea sigue decidiendo cuándo levantar la bandera y el VAR conserva la última palabra. Lo que cambia es cómo se cuenta la decisión. Las repeticiones llegan al público con avatares tridimensionales de los jugadores, mucho más legibles que las viejas líneas amarillas que partían la pantalla.Antes, el análisis fino era cosa exclusiva de los cuerpos técnicos. En 2026, la FIFA pondrá a disposición de todas las selecciones una herramienta llamada Football AI Pro, con análisis detallado de los partidos, además de un asistente de inteligencia artificial generativa capaz de responder, por ejemplo, cómo ejecutó un rival sus últimos diez tiros de esquina. Los equipos podrán usarlo antes y después de los encuentros, pero no durante, para no romper la igualdad entre debutantes como Curazao o Cabo Verde y potencias como Brasil o Francia.Esa misma sed de datos se derramó hace rato hacia las gradas y las pantallas. El hincha promedio ya discute “goles esperados”, arma su equipo en juegos de fantasía y maneja estadísticas que hace una década quedaban reservadas a los periodistas. Esa cultura del dato también alimenta los pronósticos, los debates previos a cada partido y la conversación en torno a las apuestas del mundial, las estadísticas dejaron de ser una herramienta exclusiva de entrenadores y analistas para convertirse en parte de la conversación cotidiana entre aficionados. Conviene recordar que la fiebre por predecir no nació con los algoritmos. En 2010, un pulpo llamado Paul se volvió celebridad planetaria por “acertar” resultados desde un acuario alemán. Lo que cambió es el método: donde antes había un molusco y una corazonada, hoy hay modelos que procesan millones de partidos en segundos. El misterio cede terreno frente al dato.Si la tecnología de la FIFA persigue la precisión, la creatividad de la tribuna busca lo contrario: la reacción inmediata, exagerada, graciosa. Un Mundial es, también, una fábrica de memes. El 7-1 de Alemania a Brasil en 2014 todavía se recicla cada vez que un grande sufre una goleada; la coronación de Lionel Messi en Qatar 2022 desató miles de ediciones que lo proclamaban “GOAT” pocos minutos después del penal decisivo.Lo que antes tomaba horas hoy toma segundos. Cualquiera con un celular recorta la jugada, le pone música, la publica y la ve dar la vuelta al mundo antes del entretiempo. Las aplicaciones de edición y los generadores de imágenes con IA llevaron ese impulso a otra dimensión: aparecen ilustraciones, montajes y clips que reinventan a las estrellas casi en tiempo real, sin necesidad de saber diseño ni de tener un estudio detrás.Pero no todo lo que circula por el feed es inofensivo. La misma inteligencia artificial que produce un meme ingenioso puede fabricar la imagen de un gol que nunca existió o poner en boca de un futbolista frases que jamás dijo. En los últimos torneos ya rodaron fotografías creadas con IA que muchos tomaron por auténticas, y contrastar antes de compartir se volvió parte del oficio de ser hincha. La velocidad, que es la gracia del fenómeno, es a la vez su mayor riesgo. La herramienta no es buena ni mala por sí sola; depende de quién la use y con qué intención.Vale la pena no perderse en el deslumbramiento. El sensor del balón, los avatares en 3D y los modelos de pronóstico hacen el juego más justo y la conversación más rica, pero no deciden quién levanta la Copa. Eso lo siguen resolviendo veintidós futbolistas sobre el césped, un árbitro que se queda con la última palabra y un estadio que ruge. La tecnología no inventó la pasión: apenas le dio nuevas formas de contarse y de compartirse.Cuando se juegue la final del 19 de julio en Nueva Jersey, el dato más recordado no será cuántas veces por segundo midió la pelota ni cuántas cámaras siguieron la jugada. Será el gol que nos haga saltar del sillón, el grito que se repita en mil videos distintos y la imagen que termine impresa en la memoria. Esa parte, por ahora, sigue siendo irremediablemente humana.Reportaje publicitario
Del sensor en el balón al meme viral: cómo la tecnología transformará el Mundial 2026
Por 10/06/2026, 12:24 p.m.Cuando arranque el primer Mundial con 48 selecciones, comenzará también el torneo más grande de la historia. Estados Unidos, México y Canadá acogerán 104 partidos en apenas 39 días. Pero no solo estará en juego una Copa del Mundo: también se pondrá a prueba el mayor laboratorio tecnológico que el fútbol haya visto. La pelota llevará un sensor adentro, los árbitros usarán cámaras en el pecho y, fuera de la cancha, millones de hinchas convertirán cada jugada en contenido antes de que el árbitro pite la siguiente. Alrededor de una Copa del Mundo se mueve mucho más que el juego: se mueve una economía entera de datos, pantallas y creatividad instantánea.La gran novedad de 2026 entra por la pelota. El Trionda, el balón oficial de Adidas, lleva un sensor que registra posición, giro e impactos 500 veces por segundo y transmite esa información en tiempo real. Combinado con quince cámaras por estadio y un escaneo corporal en 3D de los 1.248 jugadores convocados (un proceso de apenas un segundo por futbolista durante la sesión de fotos previa), ese dato alimenta un fuera de juego semiautomático más preciso que nunca.La diferencia con Qatar 2022 está en la velocidad. Ahora el sistema puede enviar una alerta sonora directamente al árbitro en el campo cuando un jugador está claramente adelantado, por encima de los diez centímetros; en las pruebas anteriores ese umbral era de cincuenta. La FIFA también estrena una tecnología para determinar si el balón salió del campo antes de un gol, pensada justamente para evitar polémicas como la del segundo tanto de Japón ante España en 2022, que dejó a Alemania fuera del torneo entre protestas.Nada de esto reemplaza el criterio humano: el juez de línea sigue decidiendo cuándo levantar la bandera y el VAR conserva la última palabra. Lo que cambia es cómo se cuenta la decisión. Las repeticiones llegan al público con avatares tridimensionales de los jugadores, mucho más legibles que las viejas líneas amarillas que partían la pantalla.Antes, el análisis fino era cosa exclusiva de los cuerpos técnicos. En 2026, la FIFA pondrá a disposición de todas las selecciones una herramienta llamada Football AI Pro, con análisis detallado de los partidos, además de un asistente de inteligencia artificial generativa capaz de responder, por ejemplo, cómo ejecutó un rival sus últimos diez tiros de esquina. Los equipos podrán usarlo antes y después de los encuentros, pero no durante, para no romper la igualdad entre debutantes como Curazao o Cabo Verde y potencias como Brasil o Francia.Esa misma sed de datos se derramó hace rato hacia las gradas y las pantallas. El hincha promedio ya discute “goles esperados”, arma su equipo en juegos de fantasía y maneja estadísticas que hace una década quedaban reservadas a los periodistas. Esa cultura del dato también alimenta los pronósticos, los debates previos a cada partido y la conversación en torno a las apuestas del mundial, las estadísticas dejaron de ser una herramienta exclusiva de entrenadores y analistas para convertirse en parte de la conversación cotidiana entre aficionados. Conviene recordar que la fiebre por predecir no nació con los algoritmos. En 2010, un pulpo llamado Paul se volvió celebridad planetaria por “acertar” resultados desde un acuario alemán. Lo que cambió es el método: donde antes había un molusco y una corazonada, hoy hay modelos que procesan millones de partidos en segundos. El misterio cede terreno frente al dato.Si la tecnología de la FIFA persigue la precisión, la creatividad de la tribuna busca lo contrario: la reacción inmediata, exagerada, graciosa. Un Mundial es, también, una fábrica de memes. El 7-1 de Alemania a Brasil en 2014 todavía se recicla cada vez que un grande sufre una goleada; la coronación de Lionel Messi en Qatar 2022 desató miles de ediciones que lo proclamaban “GOAT” pocos minutos después del penal decisivo.Lo que antes tomaba horas hoy toma segundos. Cualquiera con un celular recorta la jugada, le pone música, la publica y la ve dar la vuelta al mundo antes del entretiempo. Las aplicaciones de edición y los generadores de imágenes con IA llevaron ese impulso a otra dimensión: aparecen ilustraciones, montajes y clips que reinventan a las estrellas casi en tiempo real, sin necesidad de saber diseño ni de tener un estudio detrás.Pero no todo lo que circula por el feed es inofensivo. La misma inteligencia artificial que produce un meme ingenioso puede fabricar la imagen de un gol que nunca existió o poner en boca de un futbolista frases que jamás dijo. En los últimos torneos ya rodaron fotografías creadas con IA que muchos tomaron por auténticas, y contrastar antes de compartir se volvió parte del oficio de ser hincha. La velocidad, que es la gracia del fenómeno, es a la vez su mayor riesgo. La herramienta no es buena ni mala por sí sola; depende de quién la use y con qué intención.Vale la pena no perderse en el deslumbramiento. El sensor del balón, los avatares en 3D y los modelos de pronóstico hacen el juego más justo y la conversación más rica, pero no deciden quién levanta la Copa. Eso lo siguen resolviendo veintidós futbolistas sobre el césped, un árbitro que se queda con la última palabra y un estadio que ruge. La tecnología no inventó la pasión: apenas le dio nuevas formas de contarse y de compartirse.Cuando se juegue la final del 19 de julio en Nueva Jersey, el dato más recordado no será cuántas veces por segundo midió la pelota ni cuántas cámaras siguieron la jugada. Será el gol que nos haga saltar del sillón, el grito que se repita en mil videos distintos y la imagen que termine impresa en la memoria. Esa parte, por ahora, sigue siendo irremediablemente humana.Reportaje publicitario
















