"Estoy contento. Soy musulmán pero el papa es una buena persona y es muy importante para los católicos", dice Salman, cargado con una mochila enorme de rider, mientras espera a León XIV en la Rambla del Raval, el céntrico barrio barcelonés. Son las cuatro de la tarde pasadas y numerosas personas esperan a ambos lados de la calle a que pase el pontífice, de camino a la misa prevista en la Iglesia de San Agustín.PublicidadEl dispositivo policial, formado por decenas de agentes y caballos, se ve desproporcionado para un público lejos de ser multitudinario. "No sabemos si pasará ahora o después", dice otro curioso, mientras mira de reojo al móvil la señal en directo desde la iglesia para comprobar si León XIV entra en el templo por otro sitio. "No soy católico, pero vivimos aquí al lado y hemos venido por curiosidad. Si viniera Taylor Swift también bajaría", confiesa con una sonrisa.Sin multitudesLa mezcla entre devoción religiosa y fenómeno que ha definido hasta ahora la visita del pontífice a España se inclina en el Raval hacia lo segundo. En ese tramo final de la Rambla central del barrio le esperan decenas de personas, nada que ver con las multitudes que han llenado el Bernabéu y el Estadi Olímpic de Montjuïc. Entre ellas, hay más vecinos curiosos que fieles católicos. Una de estas últimas es Marina, miembro de la Comunidad de San Egidio, un movimiento laico por la paz que tiene una de sus sedes en el barrio. "Es un gesto importante que venga el papa. Compartimos con él el sueño de un mundo en paz. Además, tiene un mensaje para los jóvenes", reflexiona Marina, que no llega a los 30 años y lleva en la mano una bandera blanca de su comunidad. Al contrario que en la zona alta de Barcelona, aquí las banderas de Palestina son más numerosas en los balcones que las del Vaticano.PublicidadLa aparición de dos furgonetas negras, a las que la Policía abre paso por la calle Hospital, interrumpe bruscamente las conversaciones y decenas de móviles se levantan, en busca de la imagen más codiciada. La emoción dura poco: no vienen más vehículos detrás. La expectación que se respira en las aceras más cercanas al recorrido que hará el papa se desvanece unos metros más atrás, donde los viandantes hacen sus compras o conversan en las terrazas de los bares, indiferentes a la proximidad de León XIV.Uno de los que espera con impaciencia es Brian, que lleva una camiseta oficial de la visita, con el lema "alza la mirada" y una imagen del papa con la Sagrada Familia. Es uno de los muchos filipinos que han acudido a intentar ver, aunque sea de reojo, al primer pontífice que pisa el Raval. "Es importante, nos gusta este papa", afirma. Más de la mitad de la población migranteEn el barrio, que tiene más de un 50% de población extranjera, viven algo más de 5.000 personas de origen filipino, muchos de ellos de confesión católica. Es una de las comunidades migrantes más numerosas, junto con la pakistaní, que también está muy presente este miércoles en la Rambla, aunque la mayoría sean musulmanes. En el Raval, la concordia entre diversas religiones y personas no creyentes no es un mensaje abstracto, sino el día a día.PublicidadPoco antes de las cuatro y media, un rumor de gritos se acerca desde la parte baja de la calle y los móviles vuelven a levantarse. Esta vez sí que es él. La policía abre de nuevo el cordón que corta la calle Hospital y aparece una fila de brillantes coches negros, una escena ya de por sí sorprendente entre los bares y kebabs de la avenida. La banderita vaticana anuncia en qué vehículo viaja León XIV. Aquí no habrá paseo en papamóvil, pero a través de las ventanillas abiertas se puede ver, durante unos breves segundos, al sonriente pontífice. El vehículo gira por la calle Hospital, blindado por el dispositivo policial, y la multitud empieza rápidamente a deshacerse. "¡Ahora, a la Sagrada Familia!", dice una de las curiosas, satisfecha por haber podido grabar el momento. Será una de las pocas que se traslade al Eixample para ver de nuevo al pontífice.En el Raval, el papa ha sido recibido con simpatía y respeto, pero no con la devoción entusiasta que se ha visto en los encuentros masivos de fieles protagonizados por el pontífice norteamericano desde que aterrizó en Madrid. Quizás la de esta tarde sea una imagen más fiel de la actitud mayoritaria en Barcelona, una ciudad donde un tercio de la población se declara católica no practicante y menos de un 13%, practicante.
El barrio del Raval de Barcelona recibe la visita del papa con expectación atenuada
El Pontífex ha visitado la comunidad de los Agustinos en una de las zonas de la capital catalana con más problemáticas sociales y mayor diversidad étnica, religiosa y cultural entre el vecindario, ...











