Samer SinijlawiActualizado Mi�rcoles,
junio
14:42La apertura de la conferencia de Fatah la semana pasada no fue una celebraci�n de la democracia palestina. Fue su funeral. Mahmoud Abbas extendi� su mandato sobre Fatah mediante aplausos, no mediante votaci�n, competencia o legitimidad democr�tica. Entre los 2.540 miembros de la conferencia, ni una sola persona se atrevi� a desafiarlo o a presentarse contra un l�der de 91 a�os que entra en su tercera d�cada en el poder. Hoy, se les pide a los palestinos que aplaudan otra "elecci�n" cuidadosamente gestionada para el Comit� Central y el Consejo Revolucionario de Fatah, incluida la promoci�n pol�tica del hijo de Abbas, Yasser Abbas. Pero el verdadero esc�ndalo no fue �nicamente el autoritarismo palestino. Fue la vergonzosa participaci�n de Europa en legitimarlo. Cuando el presidente del Gobierno espa�ol, Pedro S�nchez, intervino mediante un mensaje en video ante el congreso de Fatah, elogiando a Mahmoud Abbas y reafirmando el apoyo de Espa�a al liderazgo palestino, quiz� crey� que estaba apoyando al pueblo palestino. En realidad, se situ� al lado de un sistema pol�tico que ha negado a los palestinos su derecho democr�tico m�s b�sico durante casi dos d�cadas: el derecho a votar. Embajadores y diplom�ticos europeos estaban sentados en la sala aplaudiendo. Partidos europeos enviaron mensajes de apoyo. Europa -el continente que constantemente da lecciones a Oriente Medio sobre democracia, transparencia, rendici�n de cuentas y derechos humanos- se convirti� en un socio activo en la legitimaci�n del estancamiento pol�tico, el miedo, la corrupci�n y la dictadura dentro de la pol�tica palestina.En un momento en que los palestinos viven una cat�strofe nacional, un colapso econ�mico y una profunda desesperaci�n pol�tica, S�nchez eligi� el simbolismo en lugar de la sustancia. En vez de exigir rendici�n de cuentas, reformas y renovaci�n democr�tica, otorg� legitimidad a un liderazgo que ha pospuesto sistem�ticamente las elecciones, debilitado las instituciones y silenciado la disidencia. Los palestinos no necesitan m�s discursos elogiando a Mahmoud Abbas. Necesitan la oportunidad de elegir qui�n los representa. Durante casi veinte a�os no se han celebrado elecciones presidenciales ni legislativas palestinas. Toda una generaci�n ha llegado a la edad adulta sin haber votado jam�s por su liderazgo nacional. Las instituciones pol�ticas que alguna vez deb�an preparar a los palestinos para la construcci�n de un Estado se han transformado gradualmente en sistemas cerrados de clientelismo donde la lealtad se recompensa m�s que la competencia, y donde la cr�tica suele tratarse como una amenaza en lugar de una necesidad democr�tica. Ning�n liderazgo puede reclamar legitimidad de manera sostenible mientras evita indefinidamente las elecciones. Lo que hace especialmente inquietante la posici�n de Europa es su doble rasero. Los l�deres europeos defienden correctamente la democracia dentro de Europa. Pero cuando se trata de los palestinos, muchos reducen repentinamente el nivel de exigencia. Gestos cosm�ticos se convierten en "reformas hist�ricas". Nombrar adjuntos y reorganizar cargos se celebra como progreso mientras la cuesti�n central —la legitimidad democr�tica— es discretamente ignorada. Incluso el propio Mahmoud Abbas reconoci� esta realidad. En su carta del 9 de junio de 2025 dirigida al pr�ncipe heredero saud� y al presidente franc�s Emmanuel Macron, Abbas se comprometi� expl�citamente a celebrar elecciones presidenciales y legislativas en el plazo de un a�o, describi�ndolas como un derecho constitucional y nacional del pueblo palestino. Los l�deres europeos saben que esa promesa existe. Sin embargo, en lugar de insistir en que se cumpla, siguen recompensando la demora con reconocimiento diplom�tico, aplausos y protecci�n pol�tica. Eso env�a un mensaje devastador a los palestinos: la democracia importa en todas partes excepto en Palestina. La tragedia es que hoy los palestinos est�n desesperados por una renovaci�n. En toda la sociedad palestina crece el agotamiento frente a la corrupci�n, la par�lisis, el faccionalismo y un liderazgo envejecido desconectado de la realidad. Los palestinos lloran decenas de miles de muertos en Gaza mientras observan simult�neamente c�mo su sistema pol�tico permanece congelado en el tiempo. En estas circunstancias, el apoyo internacional deber�a dirigirse a reconstruir la legitimidad, no a preservar el estancamiento. El reconocimiento de Palestina por parte de Espa�a fue presentado como un paso moral hacia la justicia. Pero el reconocimiento sin renovaci�n democr�tica corre el riesgo de convertirse en poco m�s que teatro pol�tico. Los gobiernos extranjeros no crean la legitimidad palestina. La crea el pueblo palestino. Y la legitimidad no puede heredarse, administrarse indefinidamente por decreto ni protegerse eternamente mediante aplausos internacionales. Debe surgir de elecciones. Tambi�n existe un fracaso estrat�gico m�s profundo en el enfoque europeo actual. Los gobiernos europeos siguen tratando la estatalidad palestina principalmente como un ejercicio diplom�tico desarrollado en instituciones internacionales. Pero ninguna declaraci�n en Madrid, Par�s o Nueva York puede crear por s� sola un Estado palestino funcional. La soberan�a real requiere un liderazgo palestino cre�ble y con legitimidad p�blica, capaz de relacionarse tanto con palestinos como con israel�es con autoridad y confianza. En cambio, Europa contin�a invirtiendo en preservar un statu quo agotado. Los animadores europeos liberal-dem�cratas que aplauden a dictadores palestinos tienen mucho que responder: Sin elecciones desde 2006. Sin una nueva generaci�n de liderazgo. Sin rendici�n de cuentas. Sin renovaci�n. Sin esperanza para los palestinos comunes. El pueblo palestino ha sido reh�n durante demasiado tiempo no solo de su propio liderazgo fracasado, sino tambi�n de la inacci�n y la hipocres�a de actores internacionales demasiado dispuestos a confundir simbolismo con sustancia. S�nchez tuvo la oportunidad de ponerse del lado de los palestinos que exigen rendici�n de cuentas y renovaci�n democr�tica. Podr�a haber pedido p�blicamente elecciones. Podr�a haber recordado a Abbas sus propios compromisos. Podr�a haber dejado claro que el apoyo europeo a las aspiraciones palestinas debe ir acompa�ado del apoyo a la democracia palestina. En cambio, eligi� aplaudir. Samer Sinijlawi es un dirigente pol�tico opositor de Fatah de Jerusal�n. En la actualidad, junto con varios afines, representa una nueva corriente pol�tica palestina centrada en la reforma, la rendici�n de cuentas y la asociaci�n.







