EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí. “¿De dónde vienen las personas desaparecidas en México?”. Esa es la pregunta con la que el doctor en biología Luciano Valenzuela inicia el taller que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) organizó para explicar un nuevo método de búsqueda. Uno que hará parte de un proyecto que se realizará en los próximos tres años en México y Centroamérica para acortar la búsqueda de personas migrantes desaparecidas en territorio mexicano. El instrumento forense permitirá saber a qué país o región pueden pertenecer los restos o cuerpos hallados cuando no tienen ninguna identificación, están en fosas comunes o en las morgues. De esa manera se podrá conocer, con mayor certeza, si los rastros físicos encontrados corresponden a una persona migrante. En México persiste una crisis de derechos humanos que ha dejado a más de 133.000 personas desaparecidas y al menos 72.000 cuerpos y restos humanos que permanecen sin identificar, según calcula el Diagnóstico sobre la situación forense en México, elaborado por la Plataforma Ciudadana de Fosas, una iniciativa de la IBERO, Data Cívica y Artículo 19. En lo que se basa el método de EAAF es en el análisis de isótopos estables para agilizar el proceso. Los isótopos son átomos o unidades pequeñas que se encuentran presentes en los elementos químicos del cuerpo y del planeta Tierra y, en este caso, son estables, porque se crearon hace mucho tiempo y no van a cambiar nunca. En ese sentido, el análisis que se aplicará consiste en la medición de la composición química de los tejidos humanos para determinar las regiones geográficas donde una persona vive. Esto es posible gracias a la abundancia de todos los elementos químicos que se acumulan en el cuerpo humano y que se encuentran relacionados con la dieta: de acuerdo a lo que una persona comió o consumió, se puede saber a qué país pertenece si se hace una comparación entre los elementos químicos de los restos físicos y el de los territorios centroamericanos.Lo anterior lo explica el doctor Valenzuela, que tendrá a su cargo la parte de análisis científico del proyecto. Lo hará desde el Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), en donde él trabaja como investigador.Las bases de datosLos tejidos que se pueden estudiar son el colágeno, el esmalte dental o los elementos químicos del cabello y las uñas. Por eso, como parte de la iniciativa, también se creará una base de datos de muestras que se obtendrán por medio de alianzas entre Centroamérica y México, según detalla la antropóloga argentina, Mercedes Doretti, fundadora y directora programática para Centro y Norteamérica del EAAF. El EAAF es una institución científica que aplica metodologías y técnicas de diferentes ramas de las ciencias forenses para la investigación, búsqueda, recuperación, determinación de causa de muerte, identificación y restitución de personas desaparecidas. Fue fundada en 1984 por una solicitud de las familias de las víctimas de la dictadura en Argentina, quienes pidieron que fueran antropólogos, arqueólogos y forenses independientes los que llevaran a cabo las exhumaciones ordenadas por diversos jueces. Su trabajo se extendió por el mundo y, en 2009, iniciaron el Proyecto Frontera para la búsqueda forense de migrantes desaparecidos no identificados o no reclamados a lo largo del corredor migratorio conformado por países centroamericanos, México y Estados Unidos. Entre 2010 y 2025, a través de esta propuesta, se han registrado 2.480 migrantes no localizados y 444 identificaciones. El mayor número de personas migrantes desaparecidas son originarias de Centroamérica, especialmente de Honduras, El Salvador y Guatemala. Doretti dice que tienen planificado buscar otras colaboraciones, principalmente con las asociaciones de odontólogos, ya que en las clínicas dentales se extraen dientes que pueden ser útiles para conocer los componentes químicos de las personas de los diferentes países de Centroamérica y agregarlos a la base de datos de muestras. La directora igualmente recuerda que todo es parte del trabajo forense con mirada migratoria que realizan en México, en el que buscan hacer toda una separación de datos y registros relacionados con las personas migrantes desaparecidas con el objetivo de facilitar su búsqueda.Además, según Luciano, con las bases de datos desarrolladas, también se podrá hacer una medición que permita conectar el origen de los químicos que fueron analizados en los restos óseos encontrados y que carecen de información vinculada a su identidad. Búsqueda de la justicia Mientras el EAAF presentaba la nueva metodología, familiares de las 83 personas migrantes que desaparecieron en la costa de Chiapas, México, entre septiembre y diciembre de 2024, llegaban a ese Estado fronterizo para iniciar la primera operación de búsqueda real de sus seres queridos. La fundadora de EAAF resalta que los comités de familias buscadoras han sido siempre sus mejores aliadas. Al 31 de diciembre de 2025, las familias habían aportado 6.290 perfiles genéticos, con los cuales han realizado comparaciones con cuerpos o restos físicos sin identificar que se encuentran en las morgues mexicanas. Doretti considera que el proyecto de análisis de isótopos estables no será la excepción y seguramente los y las familiares serán también los grandes buscadores de donantes de muestras. Fabianne Cabaret, directora de la Fundación para Justicia, explica que esta nueva técnica es una oportunidad para las familias, las autoridades, el Gobierno de México y las organizaciones. La fundación se creó en 2011 para dar acompañamiento y representación legal transnacional a familias centroamericanas en la búsqueda de justicia para sus seres queridos que fueron víctimas de masacres, desaparición forzada, secuestro y trata en México. La nueva alianza puede hacer mucho: aún les falta identificar a casi 100 cuerpos de los casos que acompañan y que incluyen a los de las fosas clandestinas, a los de la masacre de Güémez y a los de la masacre de los 72 migrantes en Tamaulipas; último crimen que visibilizó la violencia que las personas migrantes enfrentan en México y conmovió a una región entera.