En la vía 15 de la estación de Atocha, con estola, alzacuellos y la cruz colgada al pecho, César García Magán, secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), se detiene ante la cabecera del tren. Extiende las manos, reza una oración, se santigua y esparce agua bendita. “Que este medio de transporte sirva al bien común”. Está a punto de comenzar uno de los viajes más singulares en el marco de uno de los grandes acontecimientos del año: la visita del Papa León XIV a España. “Este es un tren especial”, advierte la megafonía del convoy 11855, cuando a las 10.10 de este martes parte desde la estación de Atocha destino Barcelona-Sants para trasladar a alrededor de 250 pasajeros, entre los miembros del episcopado español y los periodistas que cubren la visita papal. Un instante en el que Marino Santopinto, director Técnico de Iryo, puede empezar a respirar más tranquilo. Todo ha fluido como si un director lo estuviera rodando: un poco antes de las nueve, más de un centenar de obispos han llegado a la estación de Atocha en autobús; luego, han entrado por una puerta lateral y, escoltados por un grupo de policías, han ido tomando asiento; por último, lo han hecho también decenas de periodistas, debidamente acreditados, haciendo satisfactorio un trabajo que Santopinto lleva semanas liderando: reuniones con la Policía Nacional y con el Ministerio del Interior para revisar los protocolos de seguridad, con la CEE para entender las necesidades de su comitiva o con Adif para encontrar la vía más adecuada y así no entorpecer a otros viajeros.