La construcción es uno de los sectores más dinámicos de la economía. Pero aunque la actividad económica da buenos resultados, los sectores que traccionan no derraman y las obras siguen frenadas. Ante un Gobierno que repite la máxima de “no hay plata”, la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) diagramó una arquitectura financiera para reactivar el crédito a 20 y 30 años sin requerir subsidios del Tesoro. La hoja de ruta propone apalancar el mercado inmobiliario mediante la securitización, absorbiendo los recursos de dos cajas: el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y el Fondo de Asistencia Laboral (FAL).

El diagnóstico del sector constructor establece que la barrera para reactivar la actividad es técnica. El sistema bancario opera con depósitos de corto plazo y prestar esos fondos a tres décadas genera un "descalce de plazos" inviable para los balances financieros. Para destrabar esta inercia, la industria impulsa la "securitización de hipotecas". Bajo este esquema, los bancos mantienen el negocio primario de originar el crédito, evaluar el riesgo y cobrar la cuota, pero empaquetan esos préstamos y los emiten al mercado de capitales como instrumentos para ser absorbidos por inversores institucionales.