Ahora la moda es debatir sobre geopolítica global, pero la política es local y, en la era Trump, más que nunca. En la última legislatura, con Joe Biden en la Casa Blanca, la economía de EEUU creó más de 15 millones de empleos y, aun así, Donald Trump volvió a ser elegido. Sin embargo, la inflación aumentó más de un 20% entre 2020 y 2024, mientras que durante el mandato de Trump, entre 2016 y 2020, subió solo un 7%. La causa fue una crisis del gas originada principalmente en China, por el intenso aumento de su demanda energética, y agravada por la invasión de Ucrania por parte de Putin y el corte de los gasoductos hacia Europa. Trump fue muy agresivo en la campaña de 2024 contra Biden y prometió a los estadounidenses reducir la inflación y crear mucho más empleo. Desde las elecciones de 2024, la economía estadounidense ha creado solo un millón de empleos, muy lejos de las cifras registradas con Biden, y más de la mitad se han generado en los tres últimos meses. Además, la inflación ha aumentado un 5%, casi tanto como durante sus cuatro primeros años en la Casa Blanca. La causa de la inflación ahora, a diferencia de lo ocurrido con Biden, son las políticas y decisiones de Donald Trump. La principal ha sido el ataque a Irán, que ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz y que el precio del petróleo casi se haya duplicado en los tres últimos meses. El precio del galón de gasolina ha pasado de rondar los 3 dólares en las elecciones de 2024 a los 4,5 dólares actuales. La reactivación del empleo desde marzo es, sin duda, una buena noticia para EE.UU. y para la economía mundial, pero no tanto para la inflación. Cuando el consumo está débil, las empresas tienen capacidad ociosa y la inflación permanece más contenida. Cuando el empleo crece con fuerza, cerca del pleno empleo, como es el caso de EEUU, la oferta de mano de obra escasea, los trabajadores tienen más poder de negociación y aumentan los salarios. Eso es precisamente lo que ha sucedido de nuevo en abril y mayo, con incrementos salariales superiores al 6% anualizado. Todo ello, junto con el aumento de los costes del petróleo, la subida de aranceles del pasado año y la depreciación del dólar, que encarece los productos importados, ha elevado las expectativas de inflación. Opinión Habitualmente, los medios hablan de las bolsas, pero los mercados que determinan el ciclo de crédito y el ciclo económico mundial son los de bonos, especialmente los de deuda emitida por las grandes empresas. Desde principios de año, el mercado de crédito controlado por el capital riesgo ha colapsado. Los fondos han dejado de prestar y los inversores quieren retirar sus ahorros. Ese mercado supone unos 1,8 billones de dólares, tres veces el tamaño que tenía Lehman Brothers. Desde entonces, los grandes fondos, principalmente soberanos y de pensiones, están nerviosos. El viernes, con el dato de empleo, de nuevo volvieron a ponerse en alerta por la inflación. Aún no es preocupante, pero el nivel de deuda mundial es superior al de 2008 y constituye un riesgo que conviene tener siempre presente. El mayor deudor del mundo es el Tesoro de EEUU, que tiene una deuda equivalente al 120% del PIB y necesita emitir deuda todas las semanas, igual que un yonqui necesita fentanilo. Estados Unidos tiene un déficit público próximo al 6% del PIB, casi el triple que España, y desde 2001 no registra superávit fiscal y la deuda pública se ha duplicado en los últimos 25 años. EEUU no tiene un problema de gasto público excesivo, sino de ingresos fiscales insuficientes para financiarlo, mientras que el Partido Republicano mantiene tradicionalmente en su programa electoral la reducción de impuestos. El pasado viernes, tras el dato de empleo de mayo, la rentabilidad del bono del Tesoro a diez años repuntó por encima del 4,5%, cerca de los máximos alcanzados desde las elecciones de 2024. Con una diferencia: en noviembre de 2024 los tipos oficiales de la Reserva Federal estaban en el 4,5% y ahora están en el 3,5%. Desde que los judíos sefardíes desarrollaron la banca moderna en España durante la Edad Media, los ahorradores han comprado activos financieros para protegerse de la inflación. Cuando los inversores exigen una rentabilidad mayor para adquirir bonos, especialmente cuando la prima del bono a diez años aumenta respecto al tipo oficial de la Fed, ello indica dos cosas: o esperan que aumente la inflación en el futuro o temen que el emisor no les devuelva el préstamo al vencimiento. Existe un seguro contra los impagos de bonos y la prima para los bonos del Tesoro es muy baja y prácticamente la misma desde 2022. Por tanto, el repunte parece responder al temor a la inflación. Mantener la estabilidad de precios es responsabilidad del banco central, que en el caso de Estados Unidos fue creado en 1913. Inicialmente, su prioridad era garantizar la liquidez del sistema bancario, pero desde la crisis del petróleo de los años setenta, la estabilidad de precios se convirtió en uno de sus principales objetivos, junto con el pleno empleo y la estabilidad financiera. En 1993, el economista John Taylor publicó un artículo con su célebre regla, que muchos economistas utilizan para estimar cuál debería ser el tipo de interés del banco central en función del crecimiento, la inflación y la estabilidad financiera. Con la regla clásica, la Fed debería tener los tipos en el 5,5%. Actualmente, los tiene en el 3,5% y, aun reduciendo algo el tipo de interés neutral debido a la caída del crecimiento demográfico, los tipos no deberían situarse por debajo del 4,5%. El problema es que Trump acosó al anterior presidente de la Fed de una forma que, en mis treinta años de profesión analizando bancos centrales, nunca había visto, salvo en países como Venezuela, Turquía o Zimbabue. Ahora ha nombrado a un nuevo presidente mucho más bizcochable. De momento no es preocupante, pero si las expectativas de inflación siguen aumentando y la Fed no sube los tipos, los inversores se pondrán cada vez más nerviosos. Si eso sucede, la deuda corporativa y, especialmente, los fondos de crédito directo sufrirán aún más. Esto ayuda a explicar por qué el pasado viernes las bolsas cayeron con tanta virulencia. La inflación es para quienes la merecen y Europa no la merece. La economía europea sigue estancada y los empresarios no muestran el mismo optimismo para crear empleo que en Estados Unidos, salvo en España. Hoy comienza la reunión del Consejo del BCE. Seguramente elevarán los tipos al 2,25% y la regla de Taylor indica que los tipos se encuentran en un nivel adecuado para Europa. Opinión En España, afortunadamente, las familias han reducido drásticamente su endeudamiento, hasta aproximadamente la mitad de los niveles de 2008. Los bancos españoles financian la concesión de crédito mediante depósitos, con una dependencia prácticamente nula de los mercados internacionales de capitales, y las familias y empresas se financian a los tipos más bajos de Europa, según el BCE. El problema es, al igual que en Estados Unidos, la elevada deuda pública. El Estado vive a crédito desde 2007, la deuda pública casi se ha triplicado desde entonces y necesita emitir deuda cada semana para pagar pensiones y salarios públicos. De momento, la prima de riesgo española permanece estable, pero los medios que leen los inversores internacionales ya han comenzado a informar sobre los numerosos casos de corrupción que afectan al partido en el Gobierno, así como sobre la situación de extrema debilidad e ingobernabilidad política. Si Pedro Sánchez tuviera visión de Estado, convocaría elecciones para resolver esta situación. Pero si fuera un hombre de Estado, nunca habría pactado con los independentistas ni cuestionado la Constitución. Por ello, el escenario más probable es que agote la legislatura. Crucemos los dedos para que la tensión en los mercados de bonos no vaya a más