El politólogo judío Ernst Fraenkel acuñó, desde el exilio en Estados Unidos, el término “Estado dual” para definir el funcionamiento de la Alemania nazi. El III Reich era, por un lado, un Estado normativo, donde en apariencia primaba el imperio de la ley, pero, por otro, convivía con el Estado prerrogativo, que aprovechaba el sistema para sus tropelías sin ningún contrapeso. Para el abogado estadounidense Robert Amsterdam, que se ha hecho popular en los últimos meses por lanzar una campaña desde el Financial Times donde acusaba a la Agencia Tributaria de “carterista”, el funcionamiento de la Hacienda española es un buen ejemplo de esto mismo.

A solo unos pasos del Congreso de los Diputados, y con la presencia en el público de referentes del turboliberalismo como el economista Daniel Lacalle, el abogado ha presentado este martes su libro Hacienda y el Estado Dual, escrito a cuatro manos con el fiscalista británico Christopher Wales. La portada –un toro de Osborne con la bandera española que proyecta una sombra con forma de mano a punto de agarrar a un ciudadano que huye– es toda una declaración de intenciones.

“Corruptos”, “depredadores”, “mafia” o “criminales” son solo algunos de los términos con los que ambos activistas se han dirigido a Hacienda, la Agencia Tributaria, los inspectores y los gobernantes –de PP y de PSOE–, en una presentación donde, a ratos y caóticamente, han mezclado sus críticas al funcionamiento del fisco con declaraciones sobre política, fondos europeos, los casos de corrupción o el diario El País. No han faltado comparaciones: Corea del Norte, China, Ruanda, Uganda… A pesar de que organismos internacionales como la OCDE, el FMI o la Unión Europea validan el sistema fiscal español.