Entre finales de 2024 e inicios de 2026, hay una decena de procesos de licitación/concursos para el alquiler o compra de equipos de generación termoeléctrica que se ha caído. La programación de 2025 era incorporar 979 MW de lo que apenas se pudo concretar una pequeña fracción; esto explica que para el presente año la meta sea 920 MW, que es lo que hace falta para garantizar la seguridad energética del país. Tal es la necesidad que Celec ha insistido en solicitar una autorización judicial para habilitar varios de los generadores chatarra de Progen.¿Por qué tantos procesos han fracasado? Las causas son múltiples. Van desde licitaciones fraudulentas como las de Progen y Austral hasta otras en las que los propios corporativos adjudicados no han podido cumplir con la entrega de las garantías de seriedad de oferta y anticipo, lo que delata la falta de capacidad técnica, económica y financiera de muchos participantes que, tal parece, son pescadores a río revuelto.La responsabilidad de estas contrataciones fallidas recae principalmente en Celec y empresas filiales como Termopichincha y Termoguayas, así como Elecaustro, a la vez que en los pliegos y términos de referencia que sirven de marco. En unos casos ha sido para el alquiler de lo que se denomina bloques de energía; en otros, para la compra de equipos de generación con su consiguiente montaje. Ante la precariedad del SNE, la tendencia es priorizar los primeros antes que los segundos porque en este caso su entrega tardaría, al menos, tres años.En cuanto al alquiler, la oferta se evalúa por el precio base denominado también “costo nivelado de energía”, que debe considerar rubros de inversión, operación y mantenimiento, a más de la utilidad del generador. La retribución respectiva contempla un pago de disponibilidad de energía y a la vez otro por producción, esto es, un cargo fijo y un cargo variable, dependiendo este último de la programación de entrega de bloques de energía por parte de Cenace (y su cumplimiento por parte de las empresas distribuidoras). El problema radica en que si se pacta un monto de contrato considerando un valor por dicha entrega y esta no se realiza porque hay abundancia de agua y por tanto suficiente energía hidroeléctrica más barata, ahí el modelo fracasa. Más aún si no se cancela con puntualidad el cargo fijo por disponibilidad. La estrategia de priorizar el modo de alquiler se dificulta mientras se mantenga un régimen de subsidios sustentado históricamente en la gran capacidad de producción hidroeléctrica del país, que se torna inviable ante la imperiosa necesidad de cambiar la matriz energética, con mayor disponibilidad de energía en firme, termoeléctrica preferiblemente a gas natural, así como de proyectos de energías renovables no convencionales, cuya desarrollo continúa frenado por la falta de una normativa clara que favorezca su financiamiento y construcción.Hay otros problemas en los pliegos y términos de referencia, como la deficiencia de estudios de mercado y el requerimiento de experiencia previa de alquiler que en el mercado ecuatoriano es casi inexistente. Cabe introducir los ajustes requeridos a fin de evitar que las demás contrataciones también sean fallidas. (O)