Actualizado a las 09:53h.

Ha pasado ya casi un mes desde que la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra sorprendía al mundo. Fue el pasado 19 de mayo cuando el juez José Luis Calama hizo pública su decisión citarlo como investigado por blanqueo, organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en el rescate de la SEPI a la aerolínea.

El instructor sitúa al expresidente socialista como el líder de una «estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» para «la obtención de beneficios económicos». El auto, cuyo secreto fue levantado hace unos días, refleja que Zapatero «habría puesto sus contactos personales y su capacidad de acceso a altos cargos de la Administración al servicio de terceros interesados en obtener decisiones favorables».

El sumario también recoge que, en el despacho del político en la calle Ferraz, la Policía encontró decenas de joyas en una caja fuerte, entre las que destacaban collares de piedras preciosas, brazaletes, pendientes y relojes. La secretaria del político socialista, Gertrudis Alcázar, aseguró entonces a los agentes de la UDEF que el contenido era de «la vivienda de don José Luis y Doña Sonsoles» y que pertenecían a «herencias» de la esposa de Zapatero y «regalos de viajes».