El pasado nos ha llegado filtrado por los poderosos. Afortunadamente, muchos de sus estereotipos comienzan a caer. En la última década, uno de los arquetipos más revisados ha sido el de la bruja. Buena parte de quienes han desmontado el cliché de la bruja anciana fea y encorvada, son mujeres. Ahí están novelas como Canto yo y la montaña baila, de Irene Solà, o Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor. En ese mismo impulso de revisión se sitúa el trabajo de la fotógrafa Bego Antón (Bilbao, 1983), ganadora del Premio Revelación de PHotoEspaña en 2017. Formada en periodismo y con una trayectoria centrada en la fotografía documental, Antón se interesa por comunidades, creencias y estilos de vida fuera de la norma.Hace 10 años comenzó a investigar el fenómeno de la brujería a través de la fotografía. El resultado es Haiek Danak Sorginak (Todas ellas brujas), publicado por Ediciones Comisura, un libro que reconstruye la caza de brujas en el País Vasco a partir de las confesiones de mujeres acusadas por la Inquisición. Para entender el contexto, dedicó un año completo a la investigación. “Al principio solo encontraba interpretaciones de historiadores, casi siempre hombres. En esos textos aparecían confesiones entrecomilladas. Eso me empujó a buscar los testimonios completos”, explica. Accedió a facsímiles en el Archivo Nacional de Madrid. “Aun así, nos falta la mitad de la historia. Esas confesiones están filtradas por el inquisidor y el traductor. Están distorsionadas y arrancadas bajo tortura”, añade. Sus fotografías funcionan como una reconstrucción de un pasado que no puede verificarse. “Como no existe un archivo visual de aquellos ritos, decidí crearlo. Hoy sabemos que esas cosas no ocurrieron, pero en aquella época eran verosímiles: se creía en el diablo, en la posibilidad de parir y amamantar sapos”.El proyecto se articula como un contraarchivo que revisa la memoria de mujeres maltratadas y silenciadas, víctimas de supersticiones y rumores, pero también de una estrategia. Como plantea Silvia Federici en Calibán y la bruja, la persecución de estas mujeres formó parte del disciplinamiento de los cuerpos femeninos. Muchas de las acusadas eran parteras, curanderas o recolectoras. Al incipiente capitalismo le interesaba controlar su sistema reproductivo y convertirlas en fábricas de futuros trabajadores. “Aunque pensamos en parteras o curanderas, en realidad cualquier mujer podía ser acusada. Bajo tortura te obligaban a delatar a otras cinco. Hubo pueblos donde el 80% de la población fue señalada”, subraya la fotógrafa. La violencia en los documentos es constante. “Le pusimos el potro”, “lo negó, apretamos más”, “lo volvió a negar”. Junto a estas frases se describen violaciones, castigos públicos y mujeres paseadas desnudas en burro por los pueblos. Las brujas tienen nombre y apellido: Margarita Jauri, Graciana de Barrenetxea. Para arrancarles la confesión fueron azotadas, violadas y sometidas a torturas: “En el libro, muchas imágenes están vinculadas a confesiones. Hay un cuadernillo donde se recogen algunos de los textos que inspiran las fotografías”.El volumen incluye textos de la historiadora Amaia Nausia Pimoulier, especializada en las formas de vida, pensamiento y emoción de las mujeres en la primera Edad Moderna, y de la investigadora Alice Markham-Cantor, descendiente de una mujer ejecutada durante la caza de brujas en Salem. Hasta ahora, Antón había trabajado la fotografía documental. En este proyecto, los ritos se escenifican. “Tuve que pedir muchas cosas”, afirma. Desde encontrar un pastor para fotografiar ovejas hasta buscar ocas para una escena de metamorfosis o sillas antiguas de una familia”, dice. Siempre le interesó lo invisible y lo sobrenatural: “Viene de la lectura. Los libros abren mundos donde todo es posible. Me interesa buscar historias que, sin dejar de ser reales, abren ángulos imaginativos”. Un interés presente en series fotográficas como Everybody Loves to Cha Cha Cha sobre mujeres que bailan con perros o The Earth Is Only a Little Dust Under Our Feet, donde recorrió Islandia pensando en los unicornios, troles y hadas en los que creen los islandeses.
Bego Antón retrata la caza de brujas en el País Vasco: “Cualquier mujer podía ser acusada. Bajo tortura te obligaban a delatar a otras cinco”
La fotógrafa Bego Antón reconstruye la caza de brujas en el País Vasco con un contraarchivo visual basado en confesiones, una invocación escenificada a aquellas mujeres silenciadas y torturadas







