El presidente de EEUU ha tenido que hacer horas extra en Washington en los últimos dos días para evitar que la temblorosa tregua que mantiene con Irán se vaya a pique. La respuesta iraní en forma de misiles balísticos sobre Israel a los constantes ataques del Ejército israelí en Líbano, que mataron el domingo a dos personas al sur de Beirut, desembocó en que Tel Aviv lanzase nuevos bombardeos sobre Irán. Solo la intervención activa de Donald Trump, quien inició la guerra y ahora no sabe cómo detenerla, ha permitido que la escalada se descontrolase.
“Tienen que parar de 'disparar' inmediatamente”, clamó el mandatario en su red, Truth, cuando en Washington aún no había amanecido, apelando tanto a iraníes como israelíes. Ambos contendientes accedieron a lo largo de la mañana del lunes a cesar las hostilidades sin bajar un ápice la retórica guerrera. El episodio muestra que la situación sigue siendo muy volátil y el inminente fin de la guerra que el Gobierno estadounidense viene anunciando desde hace semanas puede alejarse.














