El Ecuador agrícola no necesita discursos: necesita ingeniería, ciencia, infraestructura y liderazgo técnico. 8 de junio, 2026 - 09h00La agricultura ecuatoriana vive una crisis silenciosa, pero profunda. Más de cinco millones de pequeños campesinos producen sin rentabilidad, atrapados entre prácticas obsoletas, intermediación abusiva, vulnerabilidad climática y un inminente fenómeno del Niño, cuyos efectos pueden ser devastadores. La consecuencia es evidente: el campo dejó de ser viable, y la migración ya no es una opción sino un acto de supervivencia. Los cinturones de pobreza y delincuencia en las ciudades son, en gran parte, el resultado de un agro que no genera prosperidad.En este escenario es indispensable reconocer una verdad incómoda: no todos los profesionales agrícolas fueron formados para ver el mismo campo. Existen técnicos excelentes para administrar fincas, pero el país necesita algo distinto: un liderazgo capaz de diseñar sistemas, transformar estructuras y modernizar la agricultura desde sus cimientos.El Ministerio de Agricultura no puede seguir en manos de administradores de campo ni de políticos sin formación técnica. El país requiere un profesional con visión ingenieril, pensamiento sistémico, experiencia territorial y capacidad de ejecutar un giro de 180 grados en la política agrícola. Un líder capaz de entender dónde están los verdaderos factores limitantes y cómo intervenirlos con subsidios inteligentes, focalizados y temporales.PublicidadLa agricultura campesina requiere una agenda estructural seria, sostenida y técnicamente sólida. Y esa agenda empieza por reconocer que la rentabilidad del pequeño productor es un asunto de seguridad alimentaria nacional.Para reconstruir el sector se necesitan tres acciones impostergables. Primero, recuperar los silos, centros de acopio y piladoras estatales, porque sin infraestructura pública el campesino vende obligado, nunca negociando. El país pierde millones por intermediación abusiva y, peor aún, ni siquiera se puede verificar físicamente su reserva alimentaria estratégica.Segundo, dar un salto hacia la bioingeniería genética. No podemos seguir dependiendo de variedades como el banano Cavendish sensible al TR4 y poner nuestro futuro en la investigación en manos de Embrapa y no buscar simultáneamente otros centros de investigación de universidades como Berkeley o UC Davis, donde podamos elaborar convenios de Gobierno a Gobierno con relativa facilidad, solo la edición genética nos llevará como país a otro nivel de productividad donde la semillas importadas, vulnerables y costosas pasen a segundo plano. Necesitamos crear variedades más productivas, resistentes y menos dependientes de fertilizantes.PublicidadPublicidadTercero, invertir en infraestructura de riego y drenaje, la base de toda competitividad agrícola. Después del Niño viene la sequía, y quien no tenga riego está condenado al fracaso económico. Cada dólar invertido en riego devuelve entre $ 6 y $ 10 en productividad y estabilidad rural.El Ecuador agrícola no necesita discursos: necesita ingeniería, ciencia, infraestructura y liderazgo técnico. (O)PublicidadPedro Álava González, ingeniero agrónomo, Sunrise, Florida, EE. UU.Publicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?