A Diego Luna (Toluca, 46 años) no sólo le gusta el fútbol, sino que no concibe una vida sin él. Y Emiliano Monge (Ciudad de México, 48 años) recuerda más el patio del recreo donde jugaba fútbol que el salón de clases. Juntos, actor y escritor, encontraron en el Mundial 2026 una excusa para hablar de algo que los acompaña desde la infancia y que, pese a las decepciones, sigue ocupando un lugar central en sus vidas. El resultado es Cambiar la historia, un podcast producido por La Corriente del Golfo, que utiliza el deporte para hablar de memoria, política, identidad, afición e ilusión. Ambos reciben a EL PAÍS en la sede de la productora en Ciudad de México. Se sientan uno junto al otro, y al igual que ocurre en el pódcast, hablan del balompié como dos amigos que acaban de salir de un estadio entre resultados, anécdotas y predicciones. “Es difícil recordar momentos de la vida que no estén asociados a un partido. El fútbol se mete en la memoria como la humedad”, dice Monge. El nombre de esta serie de cinco episodios proviene de la obsesión mexicana, profunda y dolorosa, del eterno “hubiera sido”: ese gol que no entró, el penal que no se marcó, la jugada que pudo cambiarlo todo. “Queríamos hablar de esa posibilidad de imaginar que la historia pudo haber sido distinta”, dice Monge. Para Luna, más allá del marcador, la oportunidad de una transformación también está en la maquinaria y la industria detrás de la pelota: “Hay una sensación de que la FIFA ha llevado este Mundial a tal extremo en que algo tiene que cambiar”, apunta. Se refiere a las costuras del negocio, el papel de Donald Trump que utiliza el torneo como escaparate político, los precios disparatados y el premio de la paz entregado al estadounidense de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. “No hay ni el menor empacho en tratar de ocultar las cosas que están sucediendo. Todo pasa frente a nuestros ojos”, dice Luna: “Y aun así, seguimos hablando del amor y de la tradición que representan los mundiales”.En el pódcast, escrito por Monge y narrado por el actor y director, estrenado este 4 de junio en Audible, la pregunta de “¿qué hubiera pasado?” recorre episodios de la selección mexicana y momentos históricos de distintos equipos y Mundiales donde un instante marcó el rumbo. Los invitados, la escritora Mariana Enriquez, el periodista de EL PAÍS Jacobo García, la comentarista María José González y el escritor Eduardo Sacheri, aparecen también para compartir esos recuerdos dolorosos o de gloria como expertos y como aficionados. Algo que se repite en todas las voces es la capacidad de la organización para seguir alimentándose del vínculo emocional que millones de personas tienen con el juego. “La gente se queja, critica, protesta, pero sigue haciendo lo que sea para conseguir un boleto. Lo que nos asombra es que la FIFA se aprovecha de ese romanticismo para engañarnos a todos”, apunta Monge.Esa contradicción lleva mucho tiempo persiguiendo a Luna. “Yo pensaba que ese momento del pitido inicial del Mundial estaba intocado”, dice. “Que seguía siendo un espacio seguro. Pero hace tiempo que dejó de serlo. Se convirtió en un evento corporativo, en una herramienta de poder político y comercial”, lamenta. Qatar 2022, asegura, fue el parteaguas: “Fue el primer mundial en el que ya no me sentí parte”. El autor de Los vivos, por su parte, sitúa esa transformación décadas atrás. “Después de México 1986 la FIFA descubre que el verdadero negocio no está en los boletos, sino en los derechos de televisión. Más tarde aparecen internet, las plataformas y la piratería, y entonces la necesidad de monetizarlo todo se vuelve todavía más agresiva”, señala.Diego Luna es conocido mundialmente por su papel de Andor en Star Wars, pero aparece también en Atlético San Pancho, Rudo y Cursi, y más recientemente en México 86. Todas sobre fútbol. “No es que me guste, es que no concibo no ser parte”, dice. Luego se ríe de sí mismo. “Mi relación con el fútbol es de constante frustración. Veo venir la pelota y pienso que la voy a meter, pero en cuanto le pego me acuerdo de que no. Siempre hay un momento de ilusión seguido por la realidad de mi poquísimo talento”, dice. Esa misma lógica alimenta la esperanza como espectador. Monge habla en el pódcast del ritual nacional de incrementar la fe en el equipo que saldrá a representar al país, en medida que se acerca un Mundial. Da igual cuántas decepciones acumule la selección, cada cuatro años la esperanza regresa “inevitablemente”, dice. “Hace unos meses yo no quería saber nada del equipo. Estaba convencido de que nos iba a ir fatal. Y ahora estoy pensando que podemos sorprender”. Junto a Luna recuerda a la selección mexicana de 1986, a Costa Rica sorprendiendo al mundo o a Grecia conquistando una Eurocopa imposible: “El más débil tiene una oportunidad. Hay suficientes ejemplos para seguir creyendo”. Ambos se emocionan al compartir dónde —y en quién— tienen depositada parte de esa esperanza: una generación que no carga con los traumas que sus predecesores. Gilberto Mora, Erik Lira y Brian Gutiérrez aparecen como los hombres destacados por los dos. Hablan del rol crucial que puede tener Guillermo Ochoa como líder del vestidor, y del indiscutible papel de Raúl Jiménez en esta selección. “Su historia es un referente para el fútbol moderno. No hay jugador que haya pasado por la Premier League que no sepa quién es”, dice Luna.Pensar en esos jugadores les hace reflexionar sobre los convocados al Tricolor nacidos en Estados Unidos y que han elegido vestir la camiseta mexicana. Luego eso obliga a señalar las duras políticas migratorias que preocupan a una comunidad latina que constituye una parte fundamental de la afición y del desarrollo del juego en ese país. “La gravedad de este Mundial demuestra que no se trata solo de fútbol”, dice Monge. “Estados Unidos se va a beneficiar económica y políticamente de comunidades a las que al mismo tiempo amenaza”, zanja Luna. Para el actor, resulta absurdo celebrar la supuesta universalidad del torneo mientras miles de aficionados temen ser objeto de controles migratorios. “Imaginar a alguien que hace un esfuerzo enorme para viajar y que llega preocupado por ser deportado o separado de su familia es una contradicción gigantesca”, recalca Luna.Cuando la conversación vuelve a la remota, pero no tan remota posibilidad de cambiar la historia para la selección mexicana, que carga hoy sobre los hombros los sueños de todo un país, reaparece el optimismo. El mismo optimismo que atraviesa todo el podcast. “Me gustaría que por una vez nuestro ‘hubiera sido’ fuera positivo”, dice Monge. “Que dentro de unos años estemos recordando una jugada y diciendo: ‘¿Te imaginas si ese defensa no se hubiera resbalado y no le hubiera dejado la pelota a Raúl Jiménez?’. Sería hermoso”. Diego Luna sí puede imaginarlo: “La posición científica es una cosa. La verdad es que creo que vamos a ser campeones del mundo”.
La pasión del fútbol, las contradicciones y la ilusión de volver a creer: “Es difícil recordar momentos de la vida que no estén asociados a un partido”
El actor y director Diego Luna y el escritor Emiliano Monge presentan el podcast ‘Cambiar la historia’













