Habrá que empezar a creer en la inteligencia artificial. Antes de las elecciones, ChatGPT vaticinó que Florentino Pérez ganaría con el 77% de los votos. Pasadas las 3.00 h de la madrugada, el recuento oficial del club señalaba un resultado bastante parecido: 65% para Pérez y 35% para Enrique Riquelme tras el primer escrutinio.Cuenta la leyenda que Santiago Bernabéu dimensionó el orgullo madridista afirmando: “La camiseta del Madrid es blanca. Se puede manchar con barro, con sudor ¡e incluso con sangre! ¡Pero nunca con vergüenza!”. Quizá porque la vergüenza es un sentimiento con el que los culés hemos tenido que convivir más de lo que estamos dispuestos a admitir, sabemos detectar los tics vergonzosos de las elecciones del máximo rival.El Madrid es un club más sólido después de las elecciones que antesLa urgencia de la convocatoria, el reglamento de la campaña, las impugnaciones del voto por correo, las intervenciones públicas de los candidatos y, en general, la sensación de que las urnas (también) han sido un pretexto para maquillar una lucha de poder y una insondable estrategia de futuro.Florentino Pérez y Enrique Riquelme representan a la élite de una élite que, cada vez más, controla los designios del fútbol. Un fútbol entendido como artículo de lujo, con réplicas virtuales a través de la televisión, la mercadotecnia y las redes sociales. Unas réplicas susceptibles de ser consumidas por las clases medias y populares y con socios reconvertidos en simulacros de propietarios y globalizados clientes prémium.Enrique Riquelme muestra la papeleta con su voto en las elecciones del Real MadridRodrigo Jimenez / EFELas elecciones han contado con un aliado inesperado: el papa León XIV, que, cuando en el avión oficial le preguntaron si era del Barça o del Madrid (como si no pudiera ser seguidor de otro club, como lo era el papa Francisco, hincha del San Lorenzo de Almagro), recurrió a la doctrina Salvador Illa. ¿Cuál es esta doctrina? Que como presidente (o Papa) es seguidor de todos los clubs mientras que, como Salvador Illa (o como Robert Francis Prevost), es del Espanyol (o del Madrid). Es una disociación parecida a la de nuestro Joan Gaspart, que actúa de manera diferente dependiendo de sí es vispresident , socio o peor presidente de la historia.Las elecciones de ayer son una buena noticia para el club madrileño en particular y para el fútbol en general. Me consta que muchos culés creen que al Barça le conviene que gane Florentino, sobre todo si el Madrid se mantiene en la inercia de los últimos años. Sin embargo, siguiendo el consejo del Papa de alzar la mirada, es bueno que, aunque haya perdido, Riquelme se haya atrevido a aceptar las cartas marcadas de una partida que permite cierta diversidad de opiniones. Una diversidad que recupera la figura, necesaria en Madrid y en todas partes, de una oposición que podrá corregir los errores cometidos.En el ámbito mediático, se ha criticado mucho que Florentino­ Pérez solo haya aceptado entrevistas con Josep­ Pedrerol e Íker Jiménez. Es una media verdad porque, en la práctica, puede que haya sido un acierto, ya que donde más resonancia consiguió fue en esa esperpéntica y estridente conferencia de prensa. Un espectáculo en el que, imitando la eficacia de Trump o de Milei, rompió todos­ los protocolos y, atrayendo la atención de todos los medios convencionales y no tan convencionales, empezó a ganar, a base de incontinencia verbal y desprecio por el adversario, las elecciones de ayer.