ColumnistasTal vez Ronaldinho no pertenecía a esa especie de grandes que convierten la cima en residencia permanente. Tal vez lo suyo era otra cosaEscucharPor Andrés Arias08 de junio 2026, 07:00 a. m.Cuando la pelota salió de su pie y entró, no cayó solo un gol. Cayó el Bernabéu. Cayó, por un segundo, la obligación de odiar al que lleva la camiseta contraria y todo el estadio hizo lo único digno: ponerse de pie. Y aplaudir. (Archivo LN/Foto) ‌‌‌‌‌‌‌En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.