No parece este el segundo año de la presidenta sino un tormentoso tránsito entre el quinto y el sexto año de Gobierno. La economía no repunta. El banco central y los economistas que consulta recortaron sus pronósticos. La OCDE considera que no llegaremos ni siquiera al punto de crecimiento. Conste que 2026 iba a ser el año bueno. Las condiciones externas no son coartada válida; otras economías de la región crecen y en México se percibe un ambiente poco propicio para la inversión, según reflejan los últimos números del índice de confianza empresarial. El apoyo relevante de Slim, con un anuncio de multimillonarias inversiones, no ha parecido bastar para cambiar la percepción. La agenda legislativa ha sido utilizada no para cambiar el contexto, sino para parchar las reformas que la misma mayoría impulsó al inicio de la Legislatura. Pírricas victorias. La presidenta ha optado, en este complicado entorno, por un muy improductivo debate con los Estados Unidos. Lanza gravísimas acusaciones y después matiza: no es Trump ¿quién será? La reconvención pública al embajador americano, que en buena lógica debió tramitarse vía la Cancillería, denota una impaciencia similar a la que Calderón tenía con Pascual. La respuesta de los vecinos fue respetuosa y, creo, constructiva: volvamos a la cooperación en seguridad. Pero claramente además de la petición de los sinaloenses y Durazo y Villarreal en la picota, algo se ha roto en la relación de confianza con el vecino que no sé si toque a alguno de los integrantes del gabinete de seguridad nacional. Supongo que el enfado presidencial andará por esos callejones. La conflictividad social, generada básicamente por sus aliados, la lleva a las playas de la posverdad. Clasificar como ultraderecha a la CNTE es tapar el sol con un dedo. La CNTE es hermana de sangre de su movimiento; usa estrategias como bloquear Paseo de la Reforma. Sólo falta que nos diga que lo hicieron para despresurizar el ambiente político. Les encanta la narrativa de la resistencia y la pureza original del pueblo. Decir que en otras épocas los medios no cubrían los bloqueos es de plano escapista. Preocupa la falta de rigor en el razonamiento público, pero más la creciente utilización del estilo dialéctico de sus asesores españoles, que toda crítica la acallan con el espantapájaros de la extrema derecha. El ánimo de iniciar campañas es evidente y lo disimulan mal. Les urge volver al modo campaña porque gobernar es muy complicado. El plan de informar en las plazas suena más a la activación de la maquinaria del partido de Estado, que vimos desplegarse en el Monumento a la Revolución, que a un verdadero ánimo de informar. La pregunta incómoda: ¿ha dejado de funcionar “la mañanera” y todo el ejército de leales que usaron los medios alternativos para construir una narrativa hasta ahora hegemónica? De las redes sociales calificadas como “benditas” pasamos ahora a la gran conjura global. Lo que hay que oír. La irrupción de AMLO reubica las prioridades. Para él, “algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición”. La presidenta se ubica ante el dilema: ser la presidenta de México o la jefa del partido. Su líder le pide lo segundo. Para Morena, la seguridad nacional vuelve a ser la seguridad del régimen. La presidenta sólo parece encontrar paz en algunas trincheras del frente externo. La modernización del acuerdo con Europa y la visita del vicepresidente del gobierno español son dos elementos positivos en la agenda gubernamental. El año que corre se parece más al quinto año que el de una presidenta en la plenitud de su poder.
Un segundo que parece sexto, escribe Leonardo Curzio
No parece este el segundo año de la presidenta sino un tormentoso tránsito entre el quinto y el sexto año de Gobierno. La economía no repunta. El banco central y los economistas que consulta recortaron sus pronósticos. La OCDE considera que no llegaremos ni siquiera al punto de crecimiento. Conste que 2026 iba a ser el año bueno. Las condiciones externas no son coartada válida; otras economías de la región crecen y en México se percibe un ambiente poco propicio para la inversión, según reflejan los últimos números del índice de confianza empresarial. El apoyo relevante de Slim, con un anuncio de multimillonarias inversiones, no ha parecido bastar para cambiar la percepción. La agenda legislativa ha sido utilizada no para cambiar el contexto, sino para parchar las reformas que la misma mayoría impulsó al inicio de la Legislatura. Pírricas victorias. La presidenta ha optado, en este complicado entorno, por un muy improductivo debate con los Estados Unidos. Lanza gravísimas acusaciones y después matiza: no es Trump ¿quién será? La reconvención pública al embajador americano, que en buena lógica debió tramitarse vía la Cancillería, denota una impaciencia similar a la que Calderón tenía con Pascual. La respuesta de los vecinos fue respetuosa y, creo, constructiva: volvamos a la cooperación en seguridad. Pero claramente además de la petición de los sinaloenses y Durazo y Villarreal en la picota, algo se ha roto en la relación de confianza con el vecino que no sé si toque a alguno de los integrantes del gabinete de seguridad nacional. Supongo que el enfado presidencial andará por esos callejones. La conflictividad social, generada básicamente por sus aliados, la lleva a las playas de la posverdad. Clasificar como ultraderecha a la CNTE es tapar el sol con un dedo. La CNTE es hermana de sangre de su movimiento; usa estrategias como bloquear Paseo de la Reforma. Sólo falta que nos diga que lo hicieron para despresurizar el ambiente político. Les encanta la narrativa de la resistencia y la pureza original del pueblo. Decir que en otras épocas los medios no cubrían los bloqueos es de plano escapista. Preocupa la falta de rigor en el razonamiento público, pero más la creciente utilización del estilo dialéctico de sus asesores españoles, que toda crítica la acallan con el espantapájaros de la extrema derecha. El ánimo de iniciar campañas es evidente y lo disimulan mal. Les urge volver al modo campaña porque gobernar es muy complicado. El plan de informar en las plazas suena más a la activación de la maquinaria del partido de Estado, que vimos desplegarse en el Monumento a la Revolución, que a un verdadero ánimo de informar. La pregunta incómoda: ¿ha dejado de funcionar “la mañanera” y todo el ejército de leales que usaron los medios alternativos para construir una narrativa hasta ahora hegemónica? De las redes sociales calificadas como “benditas” pasamos ahora a la gran conjura global. Lo que hay que oír. La irrupción de AMLO reubica las prioridades. Para él, “algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición”. La presidenta se ubica ante el dilema: ser la presidenta de México o la jefa del partido. Su líder le pide lo segundo. Para Morena, la seguridad nacional vuelve a ser la seguridad del régimen. La presidenta sólo parece encontrar paz en algunas trincheras del frente externo. La modernización del acuerdo con Europa y la visita del vicepresidente del gobierno español son dos elementos positivos en la agenda gubernamental. El año que corre se parece más al quinto año que el de una presidenta en la plenitud de su poder.






