Al ver a un perro rascarse insistentemente, la primera sospecha suelen ser las pulgas o parásitos, pero en realidad el origen de los picores es, habitualmente, más complejo.
“Normalmente, el 80% de los perros presentan picor o prurito secundario por alergia ambiental y/o alergia alimentaria”, destaca el Dr. Xavier Serra, director clínico y dermatólogo veterinario del Institut Veterinari Dermatològic NewVet de Barcelona. “El otro 20% puede ser debido a afecciones como que se haya pinchado, traumatismos, infecciones, erosiones, quemaduras o incluso algún tipo de parásito, por ejemplo, la sarna”, añade.
Uno de los mayores retos es lograr identificar con precisión la causa de este tipo de reacciones en perros. La clave, según Serra, reside en la observación de los síntomas adicionales y la estacionalidad.
La alergia alimentaria suele manifestarse con signos digestivos. “Si el perrito o el gatito tiene una sintomatología más allá de los picores y padece de malas digestiones, vómitos, diarreas, heces blandas o discontinuas o signos de gastritis, el diagnóstico que podría estar más enfocado hacia una hacia un problema alimentario”, señala el veterinario.
Si no se presentan este tipo de síntomas y se distingue una “estacionalidad más marcada”, empeorando en épocas específicas del año como primavera o invierno, Serra se decantaría hacia una alergia ambiental.











