Las repúblicas populares de China y Corea escenifican que su relación atraviesa “su mejor momento” con el encuentro de dos días de los secretarios generales de sus respectivos partidos comunistas. Por parte norcoreana, Kim Jong Un ha recibido al presidente chino a pie de escalerilla, este lunes por la mañana, en el aeropuerto de Pyongyang. Han pasado siete años de la última visita de Xi a Corea del Norte y siete meses desde que recibiera a Kim en Pekín. El diario oficial de Corea del Norte, cuyas seis páginas siguen desplegándose cada mañana en estaciones de metros y otros lugares públicos, contiene hoy una columna firmada por Xi Jinping en la que este escribe lo siguiente: “Debemos oponernos a los planes hegemónicos y autoritarios y a cualquier conspiración para resucitar el militarismo y poner en peligro la estabilidad regional”. Música para los oídos del régimen norcoreano, que entiende de autoritarismo. Xi Jinping no prodiga sus visitas a Pyongyang, pese a su relativa cercanía a Pekín. Esta es solo la segunda desde que asumió la presidencia de China en 2012, aunque queda realzada por ser su primera salida del país en siete meses, acompañado además por la primera dama, Peng Liyuan, y su ministro de Exteriores, Wang yi. Kim, por su parte, esperaba a la pareja presidencial acompañado por su propia esposa, Ri Sol Ju. Los encuentros entre Xi y Kim fueron entre 2018 y 2019 el prolegómeno de posteriores encuentros históricos -aunque estériles- entre el líder norcoreano y el presidente de EE.UU., Donald Trump, en su primer mandato. China mantiene su único tratado de defensa mutua precisamente con Corea del Norte y el 65 aniversario de este es precisamente el pretexto para la visita. Pekín tiene otros motivos. Entre ellos, marcar terreno frente a la creciente complicidad entre el presidente ruso Vladimir Putin y Kim Jong Un. El pacto de sangre entre la China de Mao y la Corea de Kim Il Sung (abuelo del actual dictador) se remonta a la Guerra de Corea (1950-1953). Mientras que rusos y norcoreanos derramaban su sangre por una misma causa, en el oblast ruso de Kursk, hace menos de dos años. De forma más inmediata, la primera carretera operativa entre Rusia y Corea del Norte podría entrar en funcionamiento este mismo verano. El primer puente viario entre ambos países -que comparten una frontera fluvial de 17 kilómetros- debería estar terminado en un par de semanas. Hasta ahora, solo un puente ferroviario atravesaba el río Tumen, con la complicación añadida que el ancho de vía norcoreano es idéntico al chino y distinto al ruso. Banderas de las repúblicas populares de China y Corea engalanaban este lunes de buena mañana el recorrido presidencial hasta la plaza Kim il Sung, donde está previsto un acto con Xi Jinping. Este, cuando aún era vicepresidente de China, trató en Corea del Norte al hijo del fundador y padre del actual jerarca, Kim Jong Il. KIM WON JIN / AFPEn las últimas semanas se han relanzado los trenes de pasajeros entre Moscú y Pyongyang -la línea ferroviaria más larga del mundo- por primera vez desde la pandemia. En marzo, China hizo otro tanto, reactivando los trenes de pasajeros entre Pyongyang y Pekín y también la conexión aérea de Air China. Cuando el mes pasado Vladimir Putin y Xi Jinping emitieron un comunicado llamando a romper el aislamiento de Corea del Norte no hacían ningún brindis al sol, sino que están moviéndose en esa dirección. En realidad, China y Rusia llevan cuatro años bloqueando o ninguneando -por abstención- nuevas sanciones de la ONU a Pyongyang por su programa nuclear. Aunque Donald Trump dijo en su encuentro con Xi en Pekín que ambos estaban comprometidos con “la desnuclearización de Corea del Norte”, el ministro de Exteriores chino no lo corroboró. Y en el último encuentro entre Xi y Kim no hubo referencia conjunta alguna al objetivo de la desnuclearización, ni siquiera “bajo condiciones”, como ocurría anteriormente, por lo menos de forma protocolaria. Todo indica que Pekín acepta de facto que su vecino es una potencia nuclear. No en vano, este mismo domingo, la todopoderosa hermana de Kim Jong Un, Kim Yo Jong, dijo que el estatus atómico de su país era “irreversible”. Quien no pierde la esperanza de que no sea así es el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung. Este lunes, en el discurso con que marcaba su primer año en el poder, cuantificaba que el vecino del norte produce suficiente combustible nuclear enriquecido “para diez o quince ojivas, incluso veinta”, cada año. Sin embargo, dijo que Corea del Sur no debe seguir el mismo camino, porque el resultado sería la proliferación nuclear en todo el continente: “Detrás vendría Japón, Taiwán, etc. etc.”. “La amistad tradicional entre China y Corea del Norte es invencible” y está “en un nuevo punto de partida histórico”, reza la tribuna de hoy de Xi Jinping en Rodong Sinmun, en la que llama a “reforzar la comunicación y la cooperación para preservar conjuntamente el orden mundial basado en la ONU y el derecho internacional”. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.