El AMB incrementa en un 31% la red de refugios climáticos y la extiende a los 36 municipios, con cobertura para más de 1,5 millones de personas. El 86,7% de la población metropolitana dispone de un refugio a diez minutos a pie de su hogar

Gemma Marti

El calor extremo, aquel que resulta casi insoportable, ya no se limita al verano ni a episodios puntuales. Se instala, se prolonga y deja huella. Las proyecciones climáticas más recientes apuntan a un aumento sostenido de las temperaturas en el área metropolitana de Barcelona, con incrementos que podrían alcanzar los 3 °C a mediados de siglo y acercarse a los 4 °C a finales si no se refuerzan las medidas para cumplir los compromisos internacionales. Este escenario implica más días por encima de los 30 °C, más noches tropicales y olas de calor más largas y frecuentes.

Este cambio de patrón ya tiene efectos tangibles. El calor impacta de forma directa en la salud y lo hace con mayor intensidad sobre determinados colectivos. Los datos del Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) señalan que unas 526.000 personas –el 16% de la población– se encuentran en situación de vulnerabilidad ante episodios de altas temperaturas. Se trata, sobre todo, de personas mayores que viven solas, población con pocos recursos o residentes en barrios densos con escasez de zonas verdes o en viviendas antiguas con una baja capacidad de aislamiento térmico.