Esa Espa�a nuestraEn los 90 era el hombre m�s famoso del entretenimiento en Espa�a y uno de los m�s poderosos. Se hart� y ha dedicado el resto de su carrera a hacer lo que le apetec�a... que era casi todo.Actualizado Lunes,
junio
00:00Emilio Arag�n (La Habana, 1959) me nota cansado y se interesa, �l siempre se interesa. Le explico que no es m�s que un deplorable estado de forma y dedica los 10 siguientes minutos a adiestrarme en su tabla de ejercicios y repasar mis h�bitos alimenticios. No existe entrevistado m�s amable… ni m�s adecuado para esta secci�n. Como Milikito, fue parte de la familia real del circo y de nuestras infancias ochenteras; volando solo, su rostro es la imagen de aquellos a�os 90 de aparente felicidad, la que �l represent� con sus concursos televisivos y, sobre todo, ‘M�dico de familia’.Con la vida m�s que resuelta desde los 40 a�os, ha dedicado la segunda mitad de su carrera al resto de sus m�ltiples pasiones. La �ltima, la exitosa saga de novelas juveniles de Telmo Lobo, cuya tercera entrega, ‘La aventura contra el tiempo’, acaba de publicarse.�Tus nietos te siguen pidiendo que escribas?Y yo mismo. A mis a�os, esta cercan�a con los ni�os me viene muy bien. Estamos planeando ir a colegios porque ya he tenido un par de experiencias y es un ejercicio muy bueno sentarme con los chicos que han le�do la novela a hablar. Me dan muchas claves a la hora de escribir. Acabamos de sacar el tercero, ya estoy trabajando en el cuarto y sue�o con que lleguemos a 10 o 12. Me encanta, es una adicci�n. Yo soy muy soldado con todo. Cuando tengo que hacer una cosa, me remango y me pongo, pero si me gusta demasiado tiene peligro. Me despierto, hago ejercicio, desayuno y me siento a escribir. Para m� es fant�stico, pero para tu compa�era y los que est�n contigo es una faena. A veces mi mujer ya se cansa.Este proyecto es cerrar el c�rculo para ti. Empezaste con ni�os, con los Payasos de la Tele, y has vuelto a ellos. Es una suma de dos cosas. La abuelidad que estoy viviendo y, como dices, una vuelta a casa. Al final, est� en mi ADN. Evidentemente, al tener cinco nietos que van desde los seis meses a los 12 a�os, mi mirada actual no tiene nada que ver con la de hace 20 a�os y me preocupa mucho todo lo que tenga que ver con el impacto que puedan tener en un ni�o las redes sociales o la falta de lectura o lo que fuera. Si a eso le unes que yo vengo de ah�, es un sitio natural en el que me desenvuelvo bien.Para saber m�s�Te preocupa el mundo que estamos dejando a la generaci�n de tus nietos? Nadie puede negar que vivimos unos tiempos muy complejos. Una amiga neur�loga me recomend� que, por las ma�anas, trate de que lo primero que hago no sea abrir el peri�dico: "Haz tus cosas, habla, escucha m�sica, medita o lo que quieras antes de meterte en la realidad del mundo". Lo intento, pero es dif�cil. Todos los tiempos en la historia de la humanidad han sido complicados, pero en mis 67 a�os de vida nunca hab�a tenido esta sensaci�n de caos permanente y que se multiplica exponencialmente cada semana. Antes los acontecimientos hist�ricos eran puntuales: la guerra de Vietnam, el hombre llega a la Luna... Ahora, cada d�a hay una noticia m�s impactante que la anterior. Dicho esto, no todo es necesariamente malo. Por ejemplo, en todo el debate con la inteligencia artificial, yo soy positivo.No crees que vaya acabar con la Humanidad.En principio, no. Quiero ver el vaso medio lleno. Ha habido otras fases en la historia en las que ha llegado un avance tecnol�gico, sea la electricidad o el tel�fono, que lo ha cambiado todo y, pese a los recelos iniciales, lo ha hecho a mejor. Si pienso en lo que la IA puede aportar en el terreno de la investigaci�n y la medicina, me parece que el avance va a ser enorme y me quiero quedar con esa parte. �Hay una parte complicada? Por supuesto, especialmente en la amenaza para ciertos puestos de trabajo. Ese miedo es l�gico y es natural, pero creo que la sociedad sabr� readaptarse. Lo hemos visto antes. El cine no mat� al teatro ni la televisi�n mat� al cine. Me obligo a ser optimista. Hay que intentar ver la vida con cierta perspectiva, dar un paso atr�s e intentar navegar estas aguas turbulentas de la mejor manera posible. Ya lo hemos hecho antes.Entiendo de tu respuesta que no eres de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor.No, en absoluto.�Tampoco los 80 y los 90 en Espa�a, de los que eres s�mbolo?Esta pregunta no puede tener una respuesta en blanco y negro. Cada �poca tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Es tan t�pico como cierto. Por ejemplo, pregunta a un chaval que quiere ser m�sico o escritor si no es much�simo mejor el panorama actual, que puedes llegar al p�blico y ense�ar todo lo que haces sin necesidad de intermediarios, que la industria de hace 40 a�os cuando era casi imposible que alguien te publicase. Cualquier persona que se dedique a la creaci�n tiene que preferir esta democratizaci�n actual. Y en cuanto a Espa�a, esta polarizaci�n de la que tanto hablamos ahora ha existido siempre. La gran diferencia es que ahora hay redes sociales y le dan un altavoz descomunal a cualquier conflicto. El ser humano siempre ha estado metido en guerras y en conflictos ideol�gicos. Honestamente, yo esto de las dos Espa�as lo he vivido toda la vida desde que llegu�. Es un conflicto eterno.Hay que recordar que, por el trabajo de tu padre, Miliki, naciste en La Habana y viviste en Am�rica hasta los 13 a�os.Eso es. Yo soy emigrante. Es lo que me considero y estoy muy orgulloso de ello. Llegu� a Espa�a en el a�o 73 y como ni�o y preadolescente viv� con cierto anhelo de pertenencia. Ten�a un pasaporte espa�ol, pero mi acento era porte�o, puertorrique�o o mexicano, seg�n �pocas. Yo era yo, pero le preguntaba muchas veces a mi padre: "Pap�, �de d�nde soy?". Y aunque �l me respond�a que yo era de donde quisiera ser, yo intentaba integrarme con el acento, forzando en cada pa�s hablar como ellos. Ahora s� que eso nos vino muy bien a mis hermanas y a m� porque, lleg�semos a la cultura que lleg�semos, entend�amos que nos ten�amos que integrar. En San Juan de Puerto Rico, aprend� el folclore, la gastronom�a y era de los Senadores de San Juan de b�isbol. Llegu� a conocer a Roberto Clemente, que era mi �dolo. Y nos fuimos a Argentina, me hice hincha de San Lorenzo de Almagro y aprend� a tocar el bombo leg�ero. Eso me ha ido muy bien para integrarme en los patios de los colegios. Eso s�, cuando llegu� a Espa�a, hablaba como Jorge Valdano [risas].A veces a�n se te escapa cierto acento.S�, porque adem�s mi madre es cubana y yo de modo natural hablo con la S, la C me impongo, pero en cuanto me dejo llevar se me va. Es inevitable.Como emigrante que te sientes, �c�mo ves la ola antimigratoria que vivimos en Espa�a?Te respondo con lo que he vivido. Es un trabajo en dos direcciones. En todos los pa�ses a los que he ido me he sentido acogido. En todos. Eso es lo primero que se necesita para la convivencia, sentirte bien recibido. Y luego, como te comentaba, en todos yo me esforc� en integrarme en sus culturas, que es lo que m�s resistencias rompe. No entiendo que se mire con sospecha al inmigrante, ni lo entiendo ni me gusta. Y tampoco entiendo que no te integres en la cultura del pa�s que te acoge. Hay que entender este planeta con esa fant�stica frase que dijo una de las astronautas del Artemis: "Desde aqu� veo la Tierra y somos una balsa en la mitad de la nada". Todos estamos en esa balsa y tenemos que remar juntos.Pese a que te correspond�a generacionalmente, apenas viviste la Movida.Nada. Me pill� trabajando en Los Payasos de la Tele con mi padre. Es curioso porque la gente piensa que estuve mucho tiempo y s�lo fui Milikito tres a�os. Antes, iba por las tarde y me colaba para jugar, pero profesionalmente, o como aprendiz que es lo que sigo siendo, s�lo estuve hasta 1981. Durante la semana, grab�bamos el programa en Prado del Rey; los fines de semana hac�amos bolos por Espa�a, de un lado a otro en un Seat 124, y en verano, mientras tus amigos estaban de vacaciones, t� estabas de gira. La parte mala fue que no pude vivir esos momentos de un Madrid y una Espa�a absolutamente efervescentes como los cuentan otros. La parte positiva fue un aprendizaje de un valor incalculable a nivel profesional. �Me hubiera gustado vivir la Movida? Seguramente, pero no a costa de perder lo otro.Uno de tus mejores amigos desde que llegaste a Madrid fue Antonio Vega. Sorprende much�simo viendo la evoluci�n de vuestros personajes p�blicos, el genio maldito y la estrella para toda la familia. Es verdad. �ramos vecinos, nos apasionaba la m�sica y nos hicimos amigos de inmediato. Nos pas�bamos el d�a juntos escuchando discos, tocando… Luego pas� lo que te comentaba antes, en la Movida cogimos caminos distintos, �l con todo su talento y su �xito con Nacha Pop, metid�simo en ella y yo, en mi mundo de la tele y el trabajo. Ah� perdimos el contacto constante, pero nunca la amistad, que dur� hasta su muerte. La epidemia de la hero�na fue una de las cosas que te ahorraste al no llevar la vida de un joven del momento. S�, pero yo ah� jugaba con cierta ventaja precisamente por ser emigrante. El gran problema en Espa�a con las drogas en aquel momento fue que hab�a una enorme ignorancia y casi nadie sab�a lo peligroso que era aquel juego, pero yo ven�a un poco vacunado. Tengo dos hermanas mayores y fui al colegio en Estados Unidos donde, siendo preadolescente, ya exist�a ese miedo a las drogas y se nos transmit�a. En el colegio colgaban posters con una calavera y la leyenda "no drugs" y he visto sacar a un chico inconsciente del ba�o y llev�rselo al hospital. Yo crec� con un miedo a las drogas que Espa�a no ten�a y fue una tragedia. No se salvaba nadie. Daba igual la clase social, las buenas o malas notas, el tipo de familia… Pill� a todo el mundo.�C�mo viviste la adicci�n y el final de Antonio Vega?Me pill� por sorpresa y cuando todos nos dimos cuenta de la gravedad ya… Conozco mucho a la familia y no quiero hablar de ello porque es muy doloroso ver que un amigo, un hermano, cae en las garras de algo que es tan destructivo. Es muy complicado vivirlo. Muy doloroso. Aunque no vivieras la escena de bares y conciertos, el ambiente de libertad y apertura tras la dictadura s� lo notar�as, �no?Claro, eso estaba en la calle, en las casas, en todos lados. Ten�amos una sensaci�n de libertad infinita porque ven�amos de donde ven�amos, pero creo que tambi�n eso se exagera al compararlo con la actualidad. No �ramos m�s libres que ahora, lo que pasaba es que entonces no est�bamos acostumbrados a serlo. �C�mo valoras social y pol�ticamente la Transici�n?Hay una cosa que est� clara y ya pueden pasar mil a�os que no va a cambiar. En pol�tica, eres un idealista o eres un realista. Solamente existen esos dos tipos de perfiles y rara vez hay un t�rmino medio. El idealista es el que dice que esto se puede cambiar y se pueden hacer cosas y el realista le responde que esto ha sido as� toda la vida y no va a cambiar. La Transici�n fue una de esas escasas veces en las que ambos perfiles se mezclaron. Fue idealista en los objetivos, porque consigui� un cambio enorme, establecer una democracia, pero fue realista en los m�todos y los que la lideraron hicieron lo que pudieron, con las renuncias que consideraron inevitables. Honestamente, de la Transici�n no nos podemos quejar ninguno. En los �ltimos a�os han arreciado esas quejas.Claro, porque no fue perfecta como nada lo es. Echar la vista atr�s y ver esa foto es ahora muy f�cil, pero hay que vivir el momento y el momento era cualquier cosa menos sencillo. Como refleja muy bien ‘Anatom�a de un instante’, la serie y el libro, todo se pod�a haber estropeado en cualquier momento. El gran �xito de la sociedad espa�ola fue que se hizo una Transici�n bastante limpia. Luego ya podemos entrar en meandros y discutir sobre si algo se pod�a haber hecho mejor, pero eso es muy f�cil hacerlo hoy con 50 a�os de democracia consolidada, no entonces. Los que llevaban el tim�n de aquel barco hicieron un gran trabajo, sobre todo porque personas que estaban en las ant�podas ideol�gicas se sentaron, se miraron a la cara y dialogaron.�Hemos perdido la capacidad de dialogar?Hemos perdido la capacidad de escuchar, que es a�n m�s importante. Hay un refr�n �rabe que dice: "Si Al� nos ha dado dos orejas y una boca, ser� por algo". Exactamente. Escuchemos m�s y hablemos s�lo lo necesario.Tu primera aparici�n televisiva sin la nariz roja fue, en 1983, con ‘Ni en vivo ni en directo’ y aquel m�tico sketch, que pasaba de programa en programa, en el que ibas siguiendo una l�nea blanca infinita.Es curioso porque era un sketch que ten�a un final. Era una cr�tica a la burocracia, todo mudo. Yo llegaba a una oficina, preguntaba algo a la chica que atend�a, ella se�alaba la l�nea blanca y la idea era que yo fuera caminando por ella y apareciendo varias veces a lo largo del programa de ese d�a. Sal�a del ministerio, iba por la calle y el final era que sub�a a un edificio, abr�a una puerta, ca�a al vac�o y abajo hab�a 5000 personas estampadas. Pero al montarlo vimos que daba juego, decidimos estirar el chicle como un gag recurrente, hicimos dos temporadas… y nunca lo terminamos.Emilio Arag�n con el elenco de 'M�dico de familia'.E.M.Luego, los 90 son tuyos, desde los distintos ‘VIP’ a ‘El Juego de la oca’ y, el pelotazo definitivo, ‘M�dico de familia’. �C�mo valoras ese impacto social durante aquellos a�os?Visto desde ahora, es verdad que fueron muchos proyectos de �xito en pocos a�os, pero ni lo pienso ahora ni lo pensaba entonces. Para m� siempre fue un trabajo, sin m�s, y creo que esa es la manera de vivirlo. Crec� en una casa en la que el trabajo de mi padre era salir en la tele y para nosotros era igual que ser el hijo de un ebanista o de un arquitecto. Da igual. Mi padre hac�a su trabajo y volv�a a casa como antes lo hicieron su padre, su abuelo y su bisabuelo. Supongo que es la epigen�tica, eso de trabajar de cara al p�blico est� en mi g�nesis. �Cu�l es la diferencia? Pues que yo ten�a claro que quer�a hacer distintas cosas, no s�lo ser payaso, que, por cierto, es lo que me considero por encima de todo.Payaso, m�sico, presentador, actor, director, guionista, escritor, productor, empresario… S�, cosas distintas has hecho.Y ojal� vivir 150 a�os para poder hacer muchas m�s.Por eso te digo. En realidad, todo lo que hice al principio, como presentador y showman iba en la misma l�nea. El paso a la ficci�n fue algo que tanto mis compa�eros en Globomedia como yo ten�amos mucha ilusi�n por dar, pero pensando siempre en escribir, dirigir y producir. Lo de ser actor en ‘Medico de familia’ fue algo que me vino de casualidad. No tuve m�s remedio que subirme a ese bote aunque no quer�a.�Por qu�? Eras el jefe, hab�as fundado la compa��a.Precisamente por eso. Ten�a una responsabilidad sobre mucha gente y, por m�s que yo dec�a que no, los dem�s me presionaban con que era clave para que la serie funcionase que yo fuera Nacho Mart�n. De verdad que no quer�a, yo quer�a escribir la serie, nada m�s. Ten�a ganas de dar un paso atr�s tras la exposici�n de los concursos, pero acab� haciendo justo lo contrario. Y tanto. ‘M�dico de familia’ es la serie m�s vista de la historia de la tele espa�ola, con una media de 7,5 millones de espectadores por cap�tulo durante sus nueve temporadas. Por ponerlo en perspectiva, ‘Los Serrano’ promedi� 5 millones.Fue una locura que profesionalmente fue buen�sima para todos, pero personalmente yo no quer�a. Me han preguntado alguna vez si volver�a a ponerme delante de la c�mara como actor y, salvo para un programa infantil que tengo en mente, ni de broma. Pero en la vida hay cosas a las que no puedes negarte y esta fue una. Ven�a del �xito de ‘El juego de la oca’, ten�a un tir�n y, oye, tampoco te voy a negar que en el fondo me ilusionaba un poco la idea.Est� bien, tienes ego, eres humano despu�s de todo[Risas] Un poco. Ten�a a ese se�or peque�ito detr�s de la oreja que me dec�a: "Venga, hombre, que en el fondo te apetece".Desde tus concursos a la serie, siempre apostaste por una tele blanca y familiar. �No quer�as problemas?Bueno, yo soy bastante as�. Nosotros, y cuando te hablo de nosotros me refiero a mis socios en Globomedia, ten�amos claro que quer�amos programas para todos los p�blicos y que los viera el mayor n�mero de personas posibles. Lo nuestro era todo blanco y lo era adrede. Curiosamente, no es lo que se llevaba en aquellos inicios de las teles privadas, pero funcion� quiz�s por contraste. No es que no quiera l�os, que no los quiero, es que no soy nada pol�mico.Ahora te has visto envuelto en una porque el pasado mes se conoci� una demanda por presunto plagio vinculada al programa 'B.S.O' que hiciste en 2021. �Qu� puedes decir al respecto?Ese asunto sigue su curso judicial y creo que lo m�s prudente es dejar que la Justicia haga su trabajo. Yo no conozco a la persona que ha presentado la demanda y, adem�s, no es la primera vez que me encuentro en una situaci�n as�. Pero que alguien crea que algo ha ocurrido no significa necesariamente que haya ocurrido de esa manera.Aquella tele, sobre todo esa Telecinco, era especialmente salvaje y machista.La tele fue, es y ser� salvaje. Si tienes audiencia, sobrevivir�s y si no la tienes, te quitan de la parrilla. Eso no cambia. En lo dem�s, por suerte ha evolucionado como toda la sociedad, pero yo no voy a hablar por lo dem�s. S�lo puedo hablar de nosotros y nunca tuvimos problemas precisamente por el tipo de contenido familiar que hac�amos. Tuvimos la suerte de que los que dirig�an la televisi�n nos permitieron hacer las cosas a nuestro aire. Con Valerio Lazarov discut� mucho, pero nos llev�bamos de maravilla porque al final el objetivo era vamos a intentar hacer algo bueno. Con Maurizio Carlotti, exactamente igual. Y lo mismo en Antena 3 con Antonio Asensio. Esto me recuerda una an�cdota de Brandon Tartikoff, que fue el presidente m�s joven de una televisi�n norteamericana, NBC, con 32 a�os.Cu�ntame.Ten�an una serie, ‘Cheers’’ cuya audiencia era terrible. El comercial entraba todos los d�as en el despacho a decirle que les estaba hundiendo la franja, pero �l ve�a que los guiones eran buenos y aguantaba pese a las presiones. En esas, vio a Bill Cosby hacer un mon�logo en el programa de Johnny Carson y esa misma noche le llam� para reunirse al d�a siguiente. Cosby lleg� con una idea de ser un taxista en Nueva York y Tartikoff le dijo que de eso nada, que no quer�a clich�s, que iba a ser un m�dico padre de una familia afroamericana. La puso justo antes de ‘Cheers’ y, meses despu�s, eran las dos series de m�s audiencia de Estados Unidos. Esa es la sensibilidad y la paciencia que sue�as con encontrar en la tele. Y yo la encontr� as� que no puedo hablar mal de aquella televisi�n.Una persona que ha tenido pr�cticamente s�lo �xitos, �c�mo gestiona el fracaso?A nadie le gusta, por m�s que te digan las frases clich� tipo "uno aprende de los fracasos". Bueno, echando la vista atr�s, es verdad, pero no es consuelo porque t�, llegado a cierto estatus, est�s bien, pero hay familias que comen de ese proyecto y la mochila de responsabilidad es enorme. Esa es la parte que a m� m�s me dol�a, porque lo dem�s ya sabes que es subjetivo. �Cu�ntas veces nos ha pasado que sales del cine con cinco amigos y dos piensan que es una obra maestra y otros dos que es un horror? Eso sucede todo el tiempo y es lo apasionante de cualquier trabajo de creaci�n. La literatura juvenil es superventas, sin embargo esa tele familiar que vosotros hac�ais ya casi no existe. �Por qu�?Por la diversificaci�n de plataformas y de ofertas. Ya no necesitas hacer un programa que guste a todos los miembros de una familia porque cada uno va a encontrar en su dispositivo algo que le interese a �l y lo va a ver por libre. No llevaste del todo bien aquella fama exagerada.A ver, estaba aburrido de m� mismo, de ver mi cara por todas partes y decid� de manera muy consciente apartarme de la tele. De la tele y un poco de todo porque, de hecho, en 1998 me fui un a�o con toda mi familia a vivir fuera de Espa�a, en Boston. Fue un viaje muy importante para m� porque me dio perspectiva y recuper� mi vida real. Iba por la calle, no me conoc�a nadie y era una gozada. Yo ni quer�a ni persegu�a el tipo de fama que ten�a en Espa�a durante esos a�os, pero tampoco dir�a que fueran momentos malos. No lo fueron. Fueron momentos de responder a preguntas vitales sobre lo que de verdad quer�a hacer con mi vida. �Y qu� te respondiste?Que yo no envidio nada a la gente realmente famosa como Mbapp� o Brad Pitt o algo as�. Tuve un momento en el que, sobre todo por ‘El juego de la oca’ y ‘M�dico de familia’, se dispar� la popularidad. Es muy bonita, porque la gente se acerca a ti con mucho cari�o, pero tiene un impacto en tu vida privada y eso fue lo a mi mujer y a m� nos hizo replantearnos las cosas. Mira, te voy a contar una an�cdota que nunca he contado. Cuando est�bamos preparando ‘M�dico de familia’ recib� una oferta para protagonizar una sitcom de la CBS en Estados Unidos. Hab�an comprado los derechos de ‘Matrimonio de conveniencia', la peli de Andie MacDowell y Gerard Depardieu, y quer�an hacer una serie pero, en vez de con un personaje franc�s, con un espa�ol. Tuvimos un par de reuniones y me pusieron encima de la mesa un contrato de tres a�os con ellos. A�n lo tengo por casa.Sin firmar, entiendo.Claro. Est�bamos escribiendo ‘M�dico de familia’, a�n no hab�amos grabado nada y estuve quince d�as rumiando aquello, pero al final lo que m�s peso no fue la parte art�stica sino la personal. Est�bamos arrancando Globomedia, hab�a muchos amigos que se hab�an venido detr�s de m� y esa responsabilidad me pudo. Luego f�jate c�mo fue ‘M�dico’, pero en ese momento era s�lo un proyecto que pod�a haber fracasado. Es divertido pensarlo como en ‘La vida en un hilo’, de Edgar Neville, las dos vidas completamente opuestas que podr�a haber tenido en funci�n de una �nica decisi�n. Volviendo a lo de la fama, lo que me respond� fue que no quer�a eso el resto de mi vida, que la empresa ya ten�a m�sculo y que si daba un paso atr�s, no iba a pasar nada. Y lo di, feliz y contento. Yo solamente s� trabajar con pasi�n y necesitaba parar aquello para dirigir este carro hacia donde yo quer�a.�Has sido m�s feliz en esta segunda mitad de tu carrera?Siempre he sido feliz. Ser�a injusto no reconocer que lo he pasado bien. Hace poco, en una cena con amigos, tuvimos la t�pica charla de sobremesa: �t� volver�as a los 15 a�os? Y yo claro que volver�a. A los 15 y a los siete, los 12, a los 20, los 30, los 40…. Me lo pas� bien en todos los momentos. He sido hippie y he sido friki, he sido desconocido y famoso, he sido mainstream y underground, he sido todo lo que he querido ser y no reniego de ninguna de mis versiones. Es un optimismo impropio de esta era. Al contrario. En estos tiempos turbulentos, el optimismo es m�s necesario que nunca. Rumi, el gran poeta suf�, dijo: "Por la herida entra la luz". Vivimos en esa permanente lucha entre lo bueno y lo malo y tenemos la obligaci�n de, por dif�cil que a veces resulte, intentar ir siempre hacia la luz.
