“Se nos fue el Indio”, dice una chica de unos veintipico de años. La intentaba consolar con un abrazo una amiga, pero ella también estaba derrotada por las lágrimas. Unos 30 pasos atrás se habían despedido de Carlos Alberto Solari, o el ya eterno “Indio”.Toda persona que salía del microestadio municipal "José María Gatica” de Villa Domínico, en Avellaneda, no era la misma que cuando había entrado. En apenas unos minutos sus caras cambiaban y el dolor de la despedida a su ídolo musical, al ícono popular “Indio” Solari, los invadía visiblemente.El velatorio público del ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota comenzó una hora antes de lo previsto. A las 10 se abrieron las puertas y comenzó la despedida de miles de ricoteros y ricoteras (o “vagos de mil caravanas”) que llegaron hasta el sur del Conurbano para despedirlo. Hubo filas de al menos siete kilómetros.Pero la vigilia comenzó antes del anochecer del sábado, cuando la familia comunicó el lugar donde se haría la despedida popular y –un punto importante-, “hasta que nadie se quede sin adiós”.Sobre los ocho carriles de la avenida Mitre al 5200 se congregaron miles de fanáticos. No era muy distinto a lo que son las previas de las “misas ricoteras” o en la actualidad, de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el último proyecto de Solari.Desde San Nicolás, Rosario, Mar del Plata, pero también desde Lomas de Zamora, Bernal o Caballito llegaron a despedirse del “padre del rock”, como lo definió Nicolás, quien se acercó desde Hurlingham con un piluso con la cara del “Indio”.“El ‘Indio’ era lo más. Desde chico que lo escucho, a él, a los Redondos. No lo vamos a olvidar, vive en su música”, dijo a Clarín.La gente se iba agolpando en las primeras horas del domingo. Ubicados en los carriles centrales, los puestos de parrillas no dejaron de tirar humo durante toda la mañana.Mientras tanto, ellos esperaban que las puertas abrieran cantando, abrazándose y llorando.“Las despedidas son esos dolores dulces”. Así reza una parte de la letra de “Gualicho”, del disco Último Bondi a Finisterre, el anteúltimo de Los Redondos. Así fue la despedida al “Indio”, según Claudia, quien llegó junto a su esposo y su hijo desde el barrio de San Cristóbal.Apenas unos minutos antes de las 10 fue cuando se encendieron las tres pantallas que habían colocado desde la organización, especialmente a unos 100 metros una de otra, para transmitir el velatorio a todos los que estuviesen en el lugar.En ese mismo momento, el cordón de seguridad se corrió y comenzó a “peregrinar” de manera ordenada la marea que iba a despedir al “Mister”, como se hacía llamar (entre otros apodos) el propio Solari.Desde un primer momento la organización, a cargo del Gobierno bonaerense a través de la articulación con ministerios como el de Seguridad o de Salud, fue ordenada, lo que marcó fluidez durante las primeras horas del velatorio.Luego de pasar el primer control había dos postas más ubicadas en los 200 metros previo al microestadio. Allí, la gente no paraba de cantar mientras que en los parlantes no dejaron de sonar temas como “Mariposa Pontiac”, “Me matan Limón” o “Ángel para tu soledad”.El ingreso“Un galpón de luz es el templo de momo / Pura flor chillona y pura embriaguez. / Santo fumador de allá, de La Plata. / Salí del letargo, vení a desfilar”, dice el tema “Templo del Momo”, del último disco ricotero "Momo Sampler".Y así fue. En un templo improvisado, en la mitad de un microestadio con luz tenue, estaba el féretro, iluminado. Detrás, una pantalla que iba combinando fotos de él con “Indio, 1949 | ∞”. De fondo, su música.Los fanáticos que no paraban de cantar hasta ese momento dejaron de hacerlo. Por respeto o por lo fuerte que significó para ellos y ellas estar allí, frente a su ídolo que se lo creyó inmortal, como sus canciones.“Grande ‘Indio’”, “Te amo”, “Gracias por tu música Indio”, “Vamos Los Redondos”, fueron algunos de los gritos que se escucharon mientras lo aplaudían. La fila continuaba de manera respetuosa hasta la salida.Ya fuera del “Gatica”, la realidad era otra. Hombres y mujeres, llorando, salieron abrazados, sin todavía poder creerlo. Sobre un costado, una joven era asistida por personal de médico, que le daba una botella de agua para hidratarse. Su rostro estaba rojo del llanto.Unos metros a la izquierda, una médica le tomaba la presión a un hombre, que se agarraba la cabeza, intentando entender lo que había vivido apenas hacía unos instantes.Un grupo de amigas salieron abrazadas, también sin contener las lágrimas. Nadie quería hablar, pero aunque lo intentaran no podían decir ni una palabra.Alberto, de 50 años, no fue distinto a ellas. Agarrado de la mano de su esposa, llegó a decir que hoy despidió a parte de su juventud.“El Indio fue parte de mi vida”, sostuvo, sin perder el paso.Gloria, que llegó con sus hijos, acotó: "El Indio es familia y venimos a despedir como despedimos a un familiar".La angustia y la tristeza se percibían en el ambiente. Había que caminar varias cuadras por Mitre para volver a escuchar la música del “Indio”.La peregrinación finalizaba en el cruce de la avenida Mitre con la calle Boulevard de los Italianos, ya casi en Wilde. Allí, los que se habían despedido se mezclaban con los que llegaban para hacerlo.Todos, a pesar del dolor, tenían una certeza: la misa va a continuar “hasta que nadie se quede sin adiós”.EMJ
“Las despedidas son esos dolores dulces”: el multitudinario último adiós al Indio Solari
Los fanáticos lloraron por la partida de su ídolo y rieron otra vez con sus canciones, que sonaron con fuerza durante toda la jornada.En un templo improvisado, en la mitad de un microestadio con luz tenue, estaba el féretro, iluminado.Luego de despedirlo, hombres y mujeres, llorando, salieron abrazados, sin poder creerlo.










