Hace 16 años, la paraguaya Larissa Riquelme se transformó sin pensarlo y sin siquiera estar en Sudáfrica en "la novia del Mundial" de 2010, un título oficioso que aún conserva a pesar del tiempo y de los intentos de muchos hinchas de buscarle sucesora de cara a la siguiente Copa del Mundo.Ese inesperado título, que le cambió la vida y la convirtió en una suerte de estrella en la región, lo ganó con sus fotos desde una plaza en el centro de Asunción, donde trabajaba para un medio local y desde donde animaba en cada partido de la aguerrida selección guaraní.

Larissa enamoró literalmente a los fanáticos del fútbol en 2010. Las fotografías en las que luce la camiseta con los colores distintivos de Paraguay y la selección Albirroja literalmente dieron la vuelta al mundo."Creo que lo de 'la novia del Mundial' me sacó de la burbuja en que yo vivía para darme algo más. Eso me regaló, me hizo renacer a nivel mundial. Yo pasé a ser de esa niña que soñaba con ser conocida a nivel internacional, a nivel mundial, a ser una figura", declaró Riquelme.

Al hacerse célebre, "Lari", como la conocen en su país, consiguió contratos en Perú, Chile, Venezuela, China, Corea del Sur y Japón. También en España, ligada a su fama porque la prensa deportiva de ese país fue la primera en proclamarla como "la novia del Mundial", un título que los medios de todo el mundo le otorgaron después y que más nunca perdió.La "novia", en su primer MundialLarissa Riquelme también es protagonista de una memoria colectiva errónea: nunca estuvo presente en el Mundial de Sudáfrica, ese mismo que la transformó en "novia" de esa misma competición.