A las 10,30 en punto de la mañana del 7 de junio, el Retiro está ya bullendo de público que acude a la Feria del Libro. Hace una temperatura estupenda (ni atisbo del calorazo que el pasado año obligó a cerrar dos tarde), las casetas se van poniendo las pilas y pasear es una gozada. Podría decirse que como cualquier día desde que comenzó esta edición, el viernes 29 de mayor.Pero este no es un día normal. A muy poca distancia, en la plaza de Cibeles, el papa León XIV está dando su esperada misa para más de un millón de fieles que han colapsado todo el perímetro que rodea esa zona. Ana E. lleva en pie desde las 6 de la mañana, porque tenía que coger el metro desde donde vive, a las afueras de Madrid, para poder llegar a tiempo a la zona asignada para asistir a la celebración, la calle Goya, en su caso. Porque es tanta la gente que quería estar en esa celebración, que la única forma de seguirla era acudir a puntos neurálgicos ordenados por el ayuntamiento y verla a través de pantallas.Este, el de Ana, es un ejemplo de que la cosa iba en serio: los cortes de tráfico, el cierre de paradas de metros, la dificultad de circular en coche... Quien esto firma ha llegado en bicicleta, para evitar todos estos posibles infortunios. Ni un problema, ni un policía desviando, ni una sirena de 'párese usted ahora mismo'.Y ya en el Retiro, hacemos un recorrido para saber de qué manera, esa gran celebración, que es el momento cumbre de la visita de León XIV a España, está afectando al discurrir normal de la Feria del Libro, que tiene en sus fines de semana los momentos estrella de ventas, autores, lectores, actividades. Todo lo que la convierte en un templo del ocio. La Feria tenía preparado un plan de emergencia por si las previsiones de asistencia se convertían en avalancha, cosa que no ha sucedido al terminar la misa, como ha confirmado la directora, Eva Orúe. Tampoco ha habido problemas con el horario de apertura, a pesar de que algunos libreros han dormido cerca de El Retiro para asegurar que llegaban a tiempo. El temido momento ha sido al final un episodio subsanado con éxito por todos los implicados.Lola Larumbe, dueña de la librería Alberti, una de las más conocidas de Madrid, está colocando los ejemplares con la persiana casi a medio subir. "Yo creo que no afectará la misa, por lo que veo, el tráfico de gente es normal a esta hora. Y seguramente, cuando la misa termine, en torno a la 1 mucha gente venga aquí, está tan cerca que es una buena oporunidad".Lo que da la medida de que todo fluye con normalidad con las clásicas colas en busca de una firma. El escritor rumano Mircea Cartarescu firma de forma consecutiva en tres casetas. Todas tienen una abultada fila de gente delante, como el stand de su país Rumanía, que es atendido por una persona que nos confirma este dato. "No debe importar mucho ese hecho porque igual que nosotros están las demás casetas, esperándole".Sonsoles Ónega está pasando algo de calor en la suya, pero es que le suda la mano de dedicar autógrafos. Muchas señoras, sobre todo, aguardan inasequibles con su ejemplar de Llevará tu nombre, su última y exitosa novela. Hay un vigilante que impide que los que no llevamos el libro nos acerquemos, pero Sonsoles, que es simpática y encantandora como pocas, nos saluda con familiaridad. Con el permiso de las fans, eso siempre.Vamos a por otra larga cola, la que busca conocer a Juan Gómez-Jurado. Francis Gómez, la primera situada, dice que ella lo de la misa no le afecta. "Yo no he ido a la misa porque ayer estuve en la vigilia. Y hace tres días, al concierto de Bad Bunney. Se puede hacer todo, pero hoy quería estar aquí para que Juan me firme Mentira".Verónica Sanz, periodista de Cuatro, presenta su primera novela Gente bien. Firma por la tarde, pero anda ya por la Feria. "Yo no he estado nunca, pero me dicen que el ambiente es bueno y me parece genial que esté la misa, hay tiempo para todo", comenta.Pablo Álvarez, ganador del premio Azorín de Novela con La necesidad de amar, está contento. Tanto que se lleva el cartel con su nombre a su casa como un trofeo. "He vendido diez ejemplares, lo que para ser la primera novela, me parece estupendo. Me ha encantado la experiencia".Lucía Etxebarría, que acaba de publicar con La Esfera de los Libros Patocracia, está firmando también a destajo, además regala una pulsera a sus seguidores.Otro que se estrena en la Feria del Libro de Madrid es Custodio, el autor de la negra Trilogía de Andalucía que se dio a conocer en La Revuelta. "Creo que sí ha afectado el corte de calles y demás, pero veo un muy buen ambiente, no sé si es el de siempre, porque es mi primera vez".En ediciones Atalanta, que comparte con la Residencia de Estudiantes, todo lo ven normal. "Todo nos parece normal. Lo único que nos ha costado llegar más, pero hemos podido abrir a la hora".A las 12,30, cuando la misa continúa, la Feria es una riada de gente. Por sus calles, pasean el director de Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el escritor colombiano Juan Pablo Vásquez con bolsas llenas de libros.El superventas Santiago Díaz, que acaba de publicar El amo, también va mirando casetas y títulos. María Oruña, que viene de escribir La cámara de las maravillas, busca la suya para firmar, con notable público ya expectante. La editora de Planeta Raquel Gisbert camina ligera entre cientos de compradores ajena lo que pasa lejos de allí.Cuando la misa ya ha terminado y los miles y miles de fieles se han dispersado, todo indica que la normalidad vuelve a ser la palabra favorita de la Feria, por más que haya gente muy buena allí dentro haciendo literatura e imaginando terribles contratiempos, que en los libros están muy bien, pero que en una cita literaria abierta a tanta gente, se resuelven mejor con la calma y la tranquilidad.Así lo resume Paz, joven librera. "Tengamos una mirada sobre que se puede hacer de todo: estar con el papa y con los libros". Esta noche, Bad Bunny, tercer asalto.
La Feria del Libro no se resiente por la gran misa del Papa: largas colas para firmas como Sonsoles Ónega y Mircea Cartarescu
Libreros y lectores coinciden en que la afluencia es buena y todas las casetas abrieron a su hora a pesar de las alteraciones en el transporte. Tampoco se han visto avalanchas.











