La brecha productiva del maíz en Argentina es sorprendentemente alta. El rendimiento actual está entre el 40 y el 60 por ciento de su potencial, El promedio a nivel país ronda las 7 toneladas por hectárea, mientras que el potencial alcanzable estimado es de 14,5 toneladas, según afirmaron especialistas en manejo de cultivos en el Congreso MAIZAR 2026.En el marco de ese encuentro, distintos expertos coincidieron en que "estamos, básicamente, a la mitad de lo que el ambiente podría darnos”. Para el Dr. Fernando Aramburu Merlos, investigador del INTA y del Instituto de Innovación para la Producción Agropecuaria y el Desarrollo Sostenible de Balcarce (IPADS), alcanzar entre un 70 a un 80 por ciento de ese potencial es un buen objetivo.En ese camino hay tres medidas que constituyen la clave del éxito: mejorar la nutrición, optimizar la densidad de siembra y recuperar la salud de los suelos. Los rendimientos en maíz han alcanzado una meseta en Argentina, incluso en la zona núcleo, tanto en años Niño como Niña. Según aseguraron los ingenieros agrónomos que participaron del panel Productividad, rendimientos y brechas en el congreso, el factor con mayor respuesta para incrementar la producción es el nitrógeno, especialmente en maíces tempranos. En el caso del tardío, el retraso en la fecha de siembra afecta significativamente el rendimiento. También hay una correlación con la densidad de plantas."Los datos son contundentes: existe una correlación muy fuerte entre rendimiento y margen bruto. Ahorrar costos no mueve tanto la aguja de la rentabilidad como sí lo hace obtener más kilos", remarcó Aramburu Merlos. Es decir, a medida que sube el rendimiento, se diluyen los costos fijos y el margen aumenta de manera significativa. Por eso, indicó, "el rendimiento es, sin dudas, el principal factor que define el negocio”.A su turno, el Ing. Agr. José Micheloud, director comercial de Plexagro e integrante de I&D de AACREA. presentó los resultados del Proyecto Brechas, que analiza datos de 28.000 lotes de producción y propuso ir en búsqueda de un rendimiento mayor al actual pero alcanzable a través de la alta eficiencia en el uso de insumos. En el análisis de CREA, las brechas en maíz oscilan entre el 8 y el 20 por ciento, según la región. Y Micheloud identificó tres cuestiones fundamentales para acortarlas: “La genética, los manejos de la densidad y la nutrición son las principales variables que inciden en esta dinámica”. Por su parte, el Ing. Agr. Andrés Madias, gerente del programa Sistema Chacras de Aapresid, manifestó que la base de la productividad es el sistema. “Es muy difícil pensar en explorar los rendimientos máximos alcanzables con una condición de deterioro de suelo”, dijo. El trabajo de Aapresid se enfoca en la salud del suelo a través de la intensificación y diversificación de rotaciones para mantenerlo vivo y activo la mayor parte del tiempo posible. En ese sentido, Madías destacó que no solo se trata de insumos, sino de la aplicación de tecnologías de proceso. Por caso, eficientizar el manejo del tránsito en los lotes para evitar la compactación y hacer uso de cultivos de servicio e intersiembras para aportar más carbono y raíces al sistema, serían medidas fundamentales. “Estamos seguros de que hay que levantar los niveles de salud de suelo para explorar esos niveles potenciales”, aseguró.“El cierre de brechas no es sinónimo de perder rentabilidad, sino que, al contrario, lo que mejor explica el margen bruto es el rendimiento”, sostuvo María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC y moderadora del panel. Y subrayó que aunque se den campañas con buenas lluvias, no se deben descuidar las estrategias de manejo.Al cierre, la ingeniera llamó a hacer un buen diagnóstico de la fertilidad del suelo, aplicar una nutrición balanceada, realizar buenas rotaciones e incorporar el riego para maximizar los resultados.