A comienzos de 1998, un ejecutivo de Sony llamó a Jesús Ugalde (Madrid, 61 años) para hacerle un encargo. El sello discográfico iba a lanzar a un grupo nuevo y necesitaba un fotógrafo que los retratara. Sony no tenía mucha fe en esos completos desconocidos, así que no quería gastarse mucho. “Cóbranos poco”, le dijeron. El presupuesto era tan ajustado que no había dinero para que un estilista vistiera a esos chavales. “Eran superjovencitos. No sabían ponerse frente a la cámara y no tenían mucha pinta de estrellas del pop. Tuve que fotografiarlos con su propia ropa. La cantante acababa de llegar de San Sebastián y era un poco tímida. No era muy simpática, yo creo que estaba cortada”, recuerda Ugalde.El grupo era La Oreja de Van Gogh, la cantante, Amaia Montero y el disco, Dile al sol. “¡Fue un bombazo!”, reconoce el fotógrafo. Se vendieron casi un millón de copias de Dile al sol en todo el mundo. Fue uno de los debuts más exitosos del pop español de la década de los noventa. En la foto de la portada del disco, en blanco y negro, se ve a una Amaia Montero de 21 años mirando a la cámara con ojos de inocencia. Detrás de ella, los otros cuatro integrantes de la formación. “Nadie los vio venir, pero lo petaron”. Uno de los retratos de esa sesión forma parte de Nada espontáneo. Una mirada a los 90, la exposición que se inaugura el 12 de junio en Matadero Madrid. La muestra repasa los hitos de Ugalde en sus más de 30 años de carrera como fotógrafo de música, cine y moda: los retratos de Los Rodríguez para su disco Sin documentos (1993), la sesión de fotos con Alejandro Sanz para sus discos 3 (1995) y Más (1997), los trabajos para Rosana, Manolo Tena y Raimundo Amador. “La he titulado ‘Nada espontáneo’ porque los noventa estuvieron marcados por el artificio y la pose”, explica. “Todo era muy subrayado y obvio. Si fotografiabas a un violinista, tenía que salir con el violín. Si hacías a Fernando Trueba, tenía que salir con algo relacionado con el cine. Había poca espontaneidad”.Su incursión en la fotografía sí que fue espontánea. Con 19 años, un amigo de su hermano le preguntó si quería trabajar con él como asistente de fotografía. Ese amigo era Paco Navarro, que estaba dando sus primeros pasos como fotógrafo de moda. “Cuando me llamó, yo estaba estudiando en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Acepté sin dudar el puesto de ayudante. Tenía una edad maravillosa y era una época divertidísima”. Eran los años de la Movida madrileña. Fotografiaron a todos: Miguel Bosé, Ana Belén, Alaska, Costus, Perales, Antonio Banderas. Todo lo que sabe sobre este oficio lo aprendió trabajando con Navarro. A mediados de los ochenta, empezó a firmar sus propios trabajos. Su primer encargo importante fue retratar a Imanol Arias y Pastora Vega con su hijo recién nacido para Diez Minutos, era abril de 1987. Entonces, Ugalde hacía un poco de todo: moda, publicidad, prensa del corazón. Incluso asistió al legendario fotógrafo Horst P. Horst para un editorial de Vogue. “Horst ya tendría unos 80 años, pero sabía muy bien lo que hacía. Fue increíble verle trabajar. Qué pena que entonces no hubiera móviles porque me habría hecho un selfi”. En esa misma época se coló en el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Paco Navarro iba a hacer las fotos del cartel de la película y él fue como su ayudante. “No teníamos ni idea de qué iba la peli, hacíamos lo que Pedro Almodóvar decía”. Les prohibieron hacer fotos mientras el director rodaba, pero Ugalde captó con su Leica la escena en la que Carmen Maura recita la receta del gazpacho. La instantánea verá la luz por primera vez en la exposición. “La hice casi a escondidas, detrás de una columna, y la he guardado durante casi 40 años. He pedido permiso a El Deseo para enseñarla. Agustín Almodóvar me dijo que les sorprendió mucho verla, pero que les encantaba”. En los noventa se convirtió en uno de los fotógrafos de cabecera de Sony, Warner Music, BMG y Universal. Retrató a muchas estrellas antes de que fueran estrellas. Hizo las primeras fotos de Alejandro Sanz —“después del éxito de Mas, no me volvió a llamar”—, Andrés Calamaro —“con él todo era divertido y un disparate”— y Christina Rosenvinge —“jovencísima, era una niña vestida de Sybilla”—. El posado de Martirio sin sus icónicas gafas de sol es otra de las fotos inéditas de la muestra. “A Maribel no le gusta verse sin sus gafas. A mí, en cambio, me encanta. Al final conseguí convencerla para que me dejara incluirla en la exposición. Llevamos muchos años trabajando juntos y somos amigos”.La cantante española Martirio posa para Jesús Ugalde sin gafas, en una foto cedida a EL PAÍS.El músico Alejandro Sanz, retratado por Jesús Ugalde.La cantante de La Oreja de Van Gogh, Amaia Montero, en un retrato de Ugalde.El actor Antonio Banderas fue uno de los rostros famosos que Ugalde captó con su cámara en los años de la Movida madrileña.1996-98 AccuSoft Inc., All rightRetrato del cantante Manolo Tena.El grupo Álex & Christina, en una fotografía en blanco y negro, en un entorno campestre. En los noventa, Ugalde fotografió además a Christina Rosenvinge: “Jovencísima, era una niña vestida de Sybilla”, dice.Jesús Ugalde también retrató en los noventa al músico argentino Andrés Calamaro: “Con él todo era divertido y un disparate”, asegura.Rossy de Palma, retratada por el fotógrafo Jesús Ugalde.1996-98 AccuSoft Inc., All rightOtro descubrimiento de Nada espontáneo es una imagen de Carlos Berlanga travestido de Gala, la esposa de Dalí. Forma parte de un editorial que el fotógrafo hizo para Marie Claire en 1993. Diferentes famosos aparecían vestidos de las mujeres a las que admiraban: “¡Una marcianada!”, recuerda. Francisco Fernández Ochoa salió disfrazado de María Teresa de Calcuta, Juan Duyos y Pablo Paniagua, de Jackie Kennedy y Coco Chanel, y Fernando Colomo, de Mary Cassatt. “Berlanga posó como Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, pero luego quiso salir como Gala en ese retrato surrealista en el que lleva un lazo y traje de marinero”. En los 2000, empezó a colaborar con la revista ¡Hola!, donde fotografió a personajes codiciados de la época como Eugenia Martínez de Irujo y Arantxa Sánchez Vicario. Las reinas del cuché se sentían cómodas con él y se corrió la voz. “Me convertí en el que las sacaba guapas. Fue una época muy buena”. Colaboró estrechamente con Naty Abascal, la estilista más importante de la llamada “biblia” del corazón. “La primera vez que me cogió como fotógrafo me trató fatal. Naty era una tirana, pero a mí me fascinaba. Luego vio las polaroids y le gustó mi trabajo. Ahí empezamos a hacer migas. Hicimos a muchas famosas y nos reímos un montón. Es la mujer más fascinante con la que he trabajado. No he conocido ni conoceré a nadie igual”.Los Sánchez, dueños de ¡Hola!, pagaban muy bien, pero los Asensio de Interviú pagaban mejor. “Miguel Ángel Gordillo, el subdirector de Interviú, era un genio. Pagaba un pastón, así que trabajabas muy contento. Yo lo hacía con gusto. Fotografiaba a mujeres muy interesantes y había grandes presupuestos”. Bárbara Rey, Esther Arroyo, Elsa Anka, Marlène Mourreau y otras actrices y vedetes posaron para él como Dios las trajo al mundo. “He hecho unos cuantos desnudos muy famosos. He roto las ventas unas cuantas veces”, dice. El año pasado, Bibiana Fernández compartió en sus redes el famoso desnudo que hizo con Ugalde para Interviú en 2002. Instagram lo censuró. “Instagram es una dictadura. Es todo muy puritano. Yo no sé por qué no nos vamos de ahí y les mandamos a la mierda. Los chicos salen prácticamente en bolas y no pasa nada. Las mujeres enseñan un pezón y ya las censuran. Es un cuadro lo de Instagram”, lamenta él.Otro de sus éxitos en Interviú fue Belén Esteban. Hizo varias portadas con la princesa del pueblo. “La primera vez que salió, en 2004, fue un bombazo. No sé cuántas ediciones se hicieron. Se agotaban en horas”. La tigresa de Vallecas arrasó en los quioscos con un body transparente y la melena al viento. Un año después, en 2005, repitió como una chica pin up montada en una Harley Davidson, sin más prendas que el toro que se tatuó en el glúteo cuando todavía era la pareja de Jesulín. Se cayó España con esas fotos. “Nunca pensé que esa mujer pudiera llegar a dar tanto”, reconoce el fotógrafo.Tras la marcha de Gordillo, dejó de colaborar con Interviú. “Los presupuestos fueron en picado y llegaron los tronistas de Mujeres y hombres y viceversa”, señala. Ahora está muy orgulloso de esa etapa, pero durante un tiempo prefirió no enseñar esos trabajos a ciertos clientes. “No me daba vergüenza, pero no me convenía. La gente de la moda no tiene sentido del humor. El rollo trash de John Waters nos gustaba a cuatro. En 2004 o 2005 no era cool. Ahora, en cambio, está muy de moda”. No tiene dudas sobre quién ha sido el personaje más difícil con el que ha trabajado. “¡Ana Obregón!”, responde. “Siempre llegaba tarde y le echaba la culpa al chófer. Era mentira todo. Mentía hasta con las tallas. Intentaba caber en vestidos que no eran de su talla y los rompía”, recuerda entre risas. Tiene muchas anécdotas hilarantes de ese estilo, pero prefiere que no se publiquen. En los últimos años, ha trabajado como fotógrafo de escena para el Teatro Español y Nave 10 en Matadero Madrid. Las revistas de moda y del corazón ya no son lo que eran: “Las redes sociales han democratizado la fotografía. Todo el mundo tiene un móvil, todos son fotógrafos y modelos”, apunta. “Las redes y los filtros han alterado nuestra forma de trabajar, pero también la manera en que nos vemos y vemos a los demás”. La inteligencia artificial también está haciendo estragos: “Tenía un cliente con el cual hacía dos catálogos al año. La última vez ya no me llamó. Ahora hace todo con la IA”.Nada espontáneo. Una mirada a los 90 llega en un momento muy oportuno, de eclosión de nostalgia noventera y fascinación por la era preinternet. “Los chicos jóvenes, criados con la fotografía digital, flipan cuando ven una foto antigua: el grano, la textura, todo es diferente. Por eso ahora ves muchos chavales con cámaras analógicas por la calle”. Cuando los ve, se acuerda de ese estudiante de la Escuela de Artes y Oficios que estaba a punto de comerse el mundo.