En las oficinas de Avenida Libertador hay movimiento todos los días. Pasan distintos dirigentes y empresarios pero ninguno sale de ahí con definiciones electorales. todos se muestran más apurados que él. Cuando alguien lo apura con la definición de candidaturas o de la de él mismo, Massa tiene un recurso: recuerda en voz alta cómo estaba el tablero político en mayo de 2022. Martín Guzmán era todavía ministro de Economía. Alberto Fernández decía públicamente que iba por la reelección. Horacio Rodríguez Larreta se paseaba por los medios de comunicación con perfil de presidente electo. Patricia Bullrich aparecía, pero Macri no terminaba de definir cómo iba a terminar jugando. Y el nombre de Massa circulaba, sí, pero no como candidato: como posible mediador en la feroz interna entre Alberto y Cristina. Lo que se discutía entonces era si asumiría como jefe de Gabinete. Recién en agosto de ese año llegó al Ministerio de Economía. Especular hoy con una elección es un error político. Pero que el tigrense no hable de candidaturas no significa que no evalúe el escenario opositor. Su lectura hacia 2027 contiene una hipótesis que no todos están dispuestos a escuchar: ni Cristina Kirchner ni Axel Kicillof ni él son, hoy, garantía de triunfo.
Massa y 2027: sin apuro, los diálogos y el antimileismo que aún no alcanza
Internas inevitables, un antiperonismo que todavía pesa más que el antimileísmo y una imagen negativa a bajar. El último candidato a presidente del peronismo escucha, acumula y espera. Los tiempos de 2023 y lo que viene. El vínculo con sus principales socios y los diálogos abiertos. Mira desde afuera la pelea entre Cristina y Kicillof, no habla de candidaturas y descarta que sea el momento de los outsiders de la política.
Massa evalúa candidatura 2027 estimando antimileísmo débil; requiere ganar primera vuelta con unidad peronista. Su estrategia busca recuperar imagen positiva y consolidar gobernadores provinciales ante 2027 turbulento para Milei.









