NoticiaLa periodista Diana Saray Giraldo habló con EL TIEMPO sobre el hostigamiento que ha enfrentado y las acciones judiciales que adelanta.Diana Saray Giraldo. Foto: Archivo Particular.PERIODISTA JUDICIAL06.06.2026 23:34 Actualizado: 06.06.2026 23:34
La periodista Diana Saray Giraldo habló con EL TIEMPO sobre el hostigamiento que ha enfrentado tras el asesinato de Josué Castellanos y las acciones judiciales que adelanta contra funcionarios que han difundido esa narrativa.¿Existe alguna relación entre la información que usted publicó en 2024 con el asesinato de Josué Castellanos por las disidencias de las Farc en Arauca?En el país se estaban desarrollando los diálogos de paz con el Eln. Era la etapa de las mesas ciudadanas, espacios en los que la ciudadanía lleva propuestas sobre lo que espera o quisiera que se tenga en cuenta en esos diálogos. En ese momento me contactan periodistas y líderes políticos de Arauca y me dicen que existe una preocupación muy grande en la región porque en algunos movimientos sociales se está infiltrando el Eln, una guerrilla que históricamente ha ejercido una fuerte influencia allí. Había temor de que algunas de las iniciativas que estaban llegando a la mesa como propuestas ciudadanas fueran, en realidad, impulsadas o impuestas por el Eln. Yo lo digo en radio.¿Cuál fue mi gran error? Repliqué las palabras exactas de esos periodistas y líderes cuando dije que, en la región, el Movimiento Social de Masas era percibido como el brazo político del Eln. Mi error fue haberlo dicho tal cual, porque ese movimiento agrupa a varios movimientos sociales, muchos de los cuales realmente trabajan por la región y tienen un liderazgo social legítimo. Y por eso, de corazón, lamento si mis afirmaciones afectaron a esos verdaderos líderes sociales. Pero hay una gran verdad de la que nadie se atreve a hablar en el país: existe una infiltración del Eln en Arauca y en algunos movimientos sociales para, precisamente, camuflarse dentro de la sociedad civil. Ha sido una de las tácticas de guerra de ese grupo armado durante décadas. Pero de eso nadie puede hablar, porque quien se atreve a decirlo inmediatamente es señalado de estigmatizar a los movimientos sociales. Esa fue la realidad regional que yo quise contar. Tal vez dos días después de ese informe es asesinado Josué Castellanos, hasta donde yo sé, por las disidencias de las Farc. Y la narrativa que se crea a partir de entonces es que yo dije que Josué Castellanos pertenecía al Eln y que por eso lo asesinaron. Jamás mencioné a Josué Castellanos. Jamás dije que perteneciera al Eln. No sabía de su existencia, no sabía quién era. Era un líder social muy reconocido en Arauca, pero se quiso construir la narrativa de que yo lo había estigmatizado y que, por esa razón, lo habían matado. Él hacía parte de un movimiento que se llama Joel Sierra.Ahora, no es cierto que hubiera fundado el Movimiento Social de Masas. Esa fue otra de las narrativas que creó un líder del Pacto Histórico en Arauca, cuyo nombre prefiero omitir, quien dijo que Josué Castellanos era uno de los fundadores del movimiento de masas, que yo había dicho que pertenecía al Eln y que lo había mandado a matar. Eso es una absoluta infamia. Jamás salió de mi boca algo así. Pero esa narrativa fue repetida por seguidores del Gobierno una y otra vez y, hasta hoy, sigue circulando.Diana Saray Giraldo Foto:Archivo Particular.¿A Josué Castellanos lo asesinan como parte de esa guerra por el control territorial que tienen ambos grupos armados?Entiendo que así fue. Como parte de esa guerra tremenda que existe en Arauca entre el Eln y las disidencias por el control territorial, una confrontación en la que han sido asesinadas muchas personas inocentes.A partir de esa fecha usted ha sido víctima de señalamientos por parte de funcionarios del propio Gobierno. ¿Quiénes son y de qué forma ha afectado esto su ejercicio periodístico?Hay algo muy importante en todo esto. Jamás recibí una solicitud de rectificación, jamás recibí una denuncia, jamás se abrió una investigación en mi contra ni nadie me denunció por esta supuesta responsabilidad en ese homicidio. Inclusive, en ese momento, algunos líderes políticos afines al Gobierno en Arauca dijeron que iban a llevarme ante la justicia. Nada de eso pasó. No tengo ninguna acción judicial en mi contra. Pero se creó toda una narrativa. El primero que lo hace es un líder del Pacto Histórico en Arauca. Y eso comienza a replicarse y a replicarse, con una gran amplificación por parte de los llamados influencers del Gobierno, muchos de los cuales hoy trabajan en sistemas de medios. Pero lo más grave es que empieza a ser replicado por funcionarios como el entonces embajador en México, Moisés Ninco Daza; como Alfredo Saade, exjefe de gabinete y actual embajador en Brasil; como María Niny Echeverry, delegada para la Protección del Consumidor de la Superintendencia de Industria y Comercio; como Hernán Muriel, representante a la Cámara por Antioquia del Pacto Histórico. Y la lista sigue.¿De qué forma la ha censurado este hostigamiento?Mira, yo soy una periodista de región. He hecho toda mi carrera haciendo periodismo en Santander y llegué hasta donde llegué a punta de mi trabajo, haciendo denuncias de corrupción y contando cómo se mueven los políticos en las regiones. Yo arranco precisamente en Arauca porque siento que, al llegar a un medio nacional como Caracol Radio tengo la responsabilidad de darles voz a los periodistas de región. Porque yo sé lo duro que es denunciar corrupción y denunciar violencia en las regiones. Esa era mi bandera. A partir del momento en que se crea esa narrativa, siento que mi credibilidad como periodista se vio totalmente minada. Y más entre los periodistas jóvenes y frente a las audiencias jóvenes, porque hoy, tristemente, incluso dentro de las mismas redacciones, muchas personas se informan a través de las redes sociales y creen en esos formatos digitales. Y en esos formatos digitales esta historia se repitió una y otra y otra vez.Diana Saray Giraldo. Foto:Archivo Particular.¿Recibió amenazas después de la publicación de esta información por parte de algún grupo armado o de sectores radicales?Esto es algo muy loco porque, si uno mira las redes sociales, a mí me han enviado miles de veces la foto del líder asesinado, de un micrófono lleno de sangre o de un arma disparándose. Me llegaron decenas de mensajes diciendo: “Ojalá maten a esta periodista”, “ojalá esta periodista estuviera muerta”, “ojalá le pasara lo mismo”. Muchísimos mensajes de ese tipo. ¿Y qué pasó? Yo denuncié esas amenazas. Pero como mi domicilio es Bucaramanga, las denuncias fueron trasladadas allá y, hasta el día de hoy, no ha pasado absolutamente nada. Esta semana me llegó la primera citación de la Fiscalía después de haber interpuesto, hace dos años, la denuncia contra estas personas que, de manera anónima, me amenazan a través de redes sociales. Me citaron para que contara qué fue lo que pasó. Atendí la citación y me reiteraron que lo que existía era un hostigamiento digital, pero que el término para denunciarlo era de seis meses. Entonces me dijeron que lo sentían mucho, pero que no podían hacer nada porque no había amenazas directas y el plazo para denunciar el hostigamiento ya había vencido. También lamentaron que, cuando presenté la denuncia, esta hubiera sido tipificada como amenazas.¿Qué acciones jurídicas tomó contra los funcionarios del Gobierno que hicieron parte de este hostigamiento?En esto sí dije: yo no me voy a quedar quieta. Porque una cosa es que un ciudadano, escondido detrás de un perfil anónimo, diga barbaridades. Tristemente, las redes sociales se volvieron eso. Pero otra cosa muy distinta es que alguien desde el Gobierno, con la investidura y el poder que le da ocupar un cargo público, haga lo mismo. A través de mi abogado Juan José Castro, inicié acciones judiciales ante la Fiscalía contra Moisés Ninco Daza, entonces embajador en México; contra Gareth Sella, viceministro de Juventudes en ese momento; contra Alfredo Saade, hoy embajador en Brasil; contra Maria Niny Echeverry, superintendente delegada para la Protección del Consumidor; contra el contratista del Gobierno que se identifica como ‘Don Izquierdo’; contra Hernán Muriel, representante a la Cámara por Antioquia; y contra Laura Juliet Martínez, contratista de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Todos ellos ocupaban un lugar dentro del Estado y contra todos inicié acciones judiciales. También acudí a la Procuraduría. La Procuraduría de Margarita Cabello abrió una investigación formal y, en ese momento, advirtió que existía el riesgo de que desde el Gobierno se estuviera ejerciendo violencia digital contra una periodista mujer. Pero hasta hoy cambió la procuradora, pasó el tiempo y no ocurrió nada. Y en la Fiscalía tampoco. Solamente Maria Niny Echeverry se retractó públicamente. Del resto, ni siquiera atienden las actuaciones judiciales. Simplemente no pasa nada.La FLIP se ha pronunciado sobre este caso y lo ha catalogado como un perfilamiento, un hostigamiento y un riesgo para la libertad de prensa por la censura que representa. ¿Qué otros respaldos ha recibido de organizaciones?La Asociación Colombiana de Medios de Información, AMI, también expidió un comunicado hace un par de meses en el que hacía un llamado a cesar la violencia digital en mi contra y expresaba preocupación por la constante actividad de sectores del Gobierno contra periodistas que resultan incómodos. Esas son las dos entidades que se han pronunciado públicamente. Y aquí hay una cosa muy importante para mí: todas estas acciones las he tenido que adelantar a título personal, de mi bolsillo.¿Cree que, como lo sostienen estas organizaciones, este perfilamiento y hostigamiento responde a su papel crítico frente al Gobierno y a su ejercicio de control político desde los micrófonos?Yo no tengo ninguna duda. Todo esto responde a una estrategia coordinada desde el Gobierno, de la mano de influenciadores digitales y de personas con un enorme impacto, especialmente entre los jóvenes, como Gareth Sella, que viene del liderazgo estudiantil. Lo mismo ocurre con Hernán Muriel, que también tiene ese origen. Todo es coordinado. Las imágenes que utilizan son las mismas. Los videos que reproducen una y otra vez las distintas cuentas son los mismos. Los influenciadores digitales repiten exactamente los mismos mensajes. Si uno revisa el contenido, encuentra la misma foto, las mismas frases, los mismos señalamientos. No tengo ninguna duda de que se trata de una estrategia impulsada desde el propio Gobierno para silenciar a periodistas incómodos. Y no soy la única periodista que ha sido atacada. Pero sí soy la única a la que están acusando de haber asesinado a alguien. Incluso el propio presidente Gustavo Petro, en algún trino, me llamó “destructora de personas”, haciendo una referencia implícita a la muerte de Josué Castellanos.¿Qué viene ahora para este caso de hostigamiento y censura? ¿Piensa llevarlo más allá de los tribunales nacionales, incluso al sistema interamericano?Nada me encantaría más que llevarlo al sistema interamericano, pero tendría que conseguir abogados y asumir todo el proceso. Y en este momento no estoy en capacidad de hacerlo.Sara Valentina Quevedo Delgado Redacción Justicia Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












