Las cifras de facturación editorial o de porcentaje de lectores habituales llevan años creciendo; la evolución demográfica o la crisis de la atención pueden llevar a su estabilización en un futuro a medio plazo

El libro va bien. Tanto que el fenómeno ha sido bautizado en foros internacionales como el “milagro español del libro”: se trata del continuo crecimiento del sector libresco durante los últimos años en indicadores como la facturación de la industria, el porcentaje de lectores habituales, la lectura en niños y jóvenes o la resiliencia de las librerías (esto último, con matices). Es una de las pocas buenas noticias que se pueden leer en los periódicos.

La próxima semana, dentro de la Feria del Libro de Madrid (el buen rumbo de las ferias, festivales y eventos literarios es otro síntoma de lo descrito), se presenta el informe sobre el Comercio interior del libro en España, que emite la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Se prevé que las cifras sigan siendo buenas, pero cabe la pregunta: ¿cuándo y por qué razones podría estabilizarse ese crecimiento? Llegado el caso tampoco tendría que verse como una mala noticia —no es cosa de ser cenizos—, sino como una señal de que el mercado español ha llegado a explotar sus máximas potencialidades y equipararse con otros países del entorno.