La ofensiva rusa está acelerando el deterioro del mayor humedal de Europa, ya castigado por el cambio climático, mientras golpea la economía de las comunidades rumanas que observan la guerra desde la orilla rumana del río

Una manera de llegar a Chilia Veche, una aldea rumana de 1.769 habitantes encajada en el delta del Danubio, pasa por tomar un barco desde Tulcea y navegar casi cuatro horas por uno de los tres brazos del segundo río más largo de Europa. También existe la opción de tomar una lancha privada durante una hora o emprender el camino en coche por una carretera llena de baches que alarga el viaje hasta dos horas. Pero el barco ofrece algo que ningún otro trayecto permite: contemplar de cerca cómo la invasión rusa de Ucrania ha irrumpido en uno de los espacios naturales más ricos de Europa.

A medida que la embarcación avanza por el brazo de Chilia, la frontera entre la paz y la guerra se vuelve difusa. El ferry debe bordear la reserva natural por el tramo que separa Rumania de Ucrania, una ruta más larga que, sin embargo, está obligado a tomar a causa de su calado. Eso lo sitúa frente a Izmail, ciudad ucrania cuyo puerto se ha convertido en una pieza clave para la exportación de cereal desde que Rusia bloqueó parcialmente otras salidas marítimas.