La crisis política derivada del caso Agostina Vega terminó acelerando una decisión que, según distintas fuentes del oficialismo municipal, se encontraba latente desde mucho antes. La salida de Ricardo Moreno del Concejo Deliberante de Córdoba no sólo fue consecuencia de la exposición pública de sus vínculos con Claudio Barrelier, principal acusado por el femicidio de la adolescente, sino también el desenlace de una relación marcada por años de desconfianza entre el dirigente peronista y el intendente Daniel Passerini.
La reconstrucción del recorrido político de Moreno permite entender por qué su figura logró mantenerse durante décadas cerca de los principales espacios de poder del PJ cordobés. Desde el menemismo hasta el llaryorismo, pasando por el delasotismo y los años de mayor influencia kirchnerista, el abogado penalista construyó una red de relaciones políticas, sindicales y territoriales que le permitió conservar influencia aun cuando cambiaban los liderazgos y las corrientes dominantes dentro del peronismo.
Sin embargo, la repercusión del caso Agostina alteró ese equilibrio. La difusión de fotografías, testimonios y antecedentes que mostraban su cercanía con Barrelier reactivó cuestionamientos internos que venían acumulándose desde hacía tiempo. La oposición impulsó pedidos de destitución, mientras sectores del propio PJ comenzaron a reclamar una salida política que evitara que la crisis siguiera escalando.













