Actualizado 07/06/2026 - 01:52h.

Ni siquiera veintiséis años al frente de la Iglesia le valieron a Juan Pablo II para superar aquella expresión tan célebre pronunciada durante la homilía del comienzo de su pontificado: «¡No temáis! ¡Abrid las puertas a Cristo!». Aquel grito profético rápidamente se convirtió en el epitafio de un papado que ha quedado grabado en la memoria de toda una generación. De aquella predicación, sin embargo, muchos olvidaron lo más interesante. El polaco no sólo utilizó el sencillo 'aprire', sino que se recreó en la potencia del 'spalancate'. El ánimo de Wojtyla, refinado con la riqueza del italiano, era el de abrir el corazón de miles de jóvenes «de par en par» y remover la palanca de la Iglesia «quanto più è possibile», lo máximo posible.

Algunas décadas después, el anhelo de Juan Pablo II parece haberse hecho realidad. Frente a la idea del joven católico como una rara avis, recluido en las trincheras de su nostalgia, protegido de la intemperie secular, la realidad nos habla de un creciente número de creyentes en nuestro país que han abierto de par en par las ventanas de su fe para mirar decididamente al mundo que les rodea. Muchos son los síntomas que apuntan a un cambio de tendencia: aquellas cabezas gachas, como avergonzadas por el estigma de una creencia algo anticuada, ahora parecen dibujar una sonrisa serena en los rostros de los jóvenes. ¿Qué ha pasado en España para que ser católico esté de moda?