Actualizado Domingo,
junio
01:54"No hay pueblo que no saquearan ni ciudad que no esquilmaran. Y lo hicieron sistem�ticamente, no de manera arbitraria. Los generales de Napole�n sab�an en qu� iglesias y en qu� palacios estaban los mejores cuadros y las mejores joyas, seg�n los libros publicados en el siglo XVIII. Adem�s llevaban con ellos a gente como el comerciante Lebrun y el h�bil Quillet, sabuesos que ol�an el negocio. Buitres del arte que acabaron teniendo una verdadera cueva de Al� Bab�".Francisco Garc�a del Junco, profesor de la Universidad de C�rdoba, se muestra bastante contundente sobre la actuaci�n de las tropas napole�nicas durante la Guerra de la Independencia espa�ola (1808-1814). Y responsabiliza a Napole�n, "le moleste a quien le moleste", del comportamiento de sus oficiales. El emperador, afirma Garc�a del Junco en conversaci�n con LOC, "era un sinverg�enza y una persona sin escr�pulos que dio permiso a sus generales para actuar con un nivel de rapi�a y codicia asombrosos". De hecho, concluye, "cuando su hermano Jos� I le escribe cont�ndole el vergonzoso saqueo, Napole�n le responde: 'Esos generales hacen bien. Las ciudades deben ser saqueadas. Es el derecho de guerra".Para saber m�sAutor de obras como Eso no estaba en mi libro de Historia de Espa�a o Arqueolog�a. Tesoros y tumbas, Garc�a del Junco acaba de publicar en La Esfera de los Libros Los robos de Napole�n en Espa�a, una obra de divulgaci�n sobre la destrucci�n y el expolio del patrimonio espa�ol en los a�os de la ocupaci�n napole�nica de Espa�a.DESTRUCCI�N Y EXPOLIODurante aquellos d�as, que en lo militar terminaron siendo catastr�ficos para las ambiciones imperiales del autoproclamado emperador de Francia, gracias a la resistencia de los espa�oles y a la acci�n de los m�ticos guerrilleros, algunas joyas de nuestro pasado desaparecieron para siempre por la acci�n destructiva de soldados y oficiales del Ej�rcito franc�s.Actualmente en la National Gallery de Londres, una de las joyas de la pintura g�tica de Jan van Eyck fue robada del Palacio Real de Madrid por el hermano de Napole�n, Jos� I, cuando huy� de Espa�a.Fueron demolidas decenas de fortalezas y otros tantos castillos acabaron desmochados a lo largo y ancho del territorio nacional; iglesias y ermitas rom�nicas y g�ticas se vinieron abajo pasto de las llamas despu�s de haber sido desvalijadas; panteones reales como el de San Isidoro, que albergaba los restos de los reyes de Le�n desde el siglo X al XIII, o el del Real Monasterio de Santa Mar�a de las Huelgas, en Burgos, donde reposaban los de Castilla desde Alfonso VIII, fueron profanados, esquilmados los ajuares funerarios y quemados los restos; archivos como el de Simancas, el primer fondo documental de la Corona de Castilla, fundado por Carlos I en 1540, o bibliotecas tan extraordinarias como la de El Escorial, creada por Felipe II con vol�menes de todo el mundo, salieron para Francia en arcones bien sellados; las joyas donadas durante siglos a la Virgen del Pilar o el tesoro del Delf�n, que hab�a llegado a Espa�a con Felipe V, acabaron repartidos y vendidos por piezas a coleccionistas y comerciantes; finalmente, palacios de Madrid como el de Buenavista, de la Casa de Alba, el del Pardo, donde se instal� provisionalmente Jos� I, el del Buen Retiro, construido por orden del conde duque de Olivares y transformado en cuartel y caballerizas, o el Palacio Real fueron desprovistos de los tapices, las esculturas, la plata y los cuadros de las mejores firmas de la Historia del Arte que la monarqu�a espa�ola hab�a ido coleccionando durante siglos.'La huida a Egipto', de Murillo, fue robado del convento de la Merced Calzada de Sevilla. Actualmente se expone en la galer�a del Palazzo Bianco de G�nova.Y si la Alhambra sigue a�n en pie fue gracias a la acci�n de un cabo de inv�lidos del Ej�rcito franc�s, Jos� Garc�a, que cort� la mecha para que no saltase por los aires. Durante su retirada de Granada, en septiembre de 1812, el mariscal franc�s Horacio Sebastiani, que hab�a convertido los palacios nazar�es en su residencia oficial y en cuarteles para la tropa, decidi� la voladura de la fortaleza y el palacio de la Alhambra. "La colocaci�n de explosivos se hizo a conciencia. Era necesario que volara entera", explica Garc�a del Junco. "Destruyeron las torres medievales que rodeaban los palacios musulmanes. Volaron por los aires la torre del Cabo de la Carrera, la torre del Agua, la torre de los Siete Suelos (...) La puerta de Elvira tambi�n fue destruida en su mayor parte. Y tambi�n volaron el palacio de los Abencerrajes". Si el resto se salv�, fue gracias a la decidida determinaci�n de un cabo que no quiso ser c�mplice de la destrucci�n de un monumentos de tanto valor art�stico.'Retrato de la infanta Margarita, hija de Felipe IV', de Vel�zquez, fue robado por los franceses de El Escorial. Actualmente est� en el Kunsthistorisches Museum de Viena.De Espa�a salieron por la frontera de los Pirineos para no regresar nunca m�s obras de Vel�zquez, de Murillo, de Alonso Cano, de Rubens, de Van der Weyden, de Vald�s Leal o de Zurbar�n, entre otros muchos. Y aunque los principales responsables fueron las tropas napole�nicas, Garc�a del Junco no quiere olvidarse de "los afrancesados, esos espa�oles que ayudaron a los extranjeros a machacar Espa�a, porque con ello obten�an alg�n tipo de beneficio". A ellos se refiere con rigor en las primeras p�ginas de su obra: "Dedico este libro (que tanto me ha costado escribir) a todos los espa�oles que no quieren a Espa�a (...) a todos aquellos que, si hubieran vivido hace 220 a�os, hubieran apoyado a los invasores (...) a todos los que opinan que los franceses nos trajeron la modernidad y quer�an sacarnos de nuestra ignorancia y de nuestro atraso".Tras la ca�da de Napole�n en 1815, las potencias del Congreso de Viena obligaron a devolver a Espa�a parte de los objetos robados con los que se hab�a nutrido el Museo del Louvre, creado en 1793 como uno de los s�mbolos de la Francia revolucionaria. Pero otros muchas obras de arte acabaron en colecciones privadas o, posteriormente, en pinacotecas de toda Europa. Sin querer defender a Franco, Garc�a del Junco reconoce que gracias a su labor de intermediaci�n con el general P�tain en los a�os 40 pudieron regresar a Espa�a la Dama de Elche, obra emblem�tica del actual Museo Arqueol�gico de Madrid, parte del Archivo de Simancas o una Inmaculada de Murillo.RESTITUCI�NGarc�a del Junco, que compagina su labor acad�mica y divulgativa con una activa presencia en redes sociales, hace un llamamiento, al final de su obra y de manera provocadora, para que sean devueltas a Espa�a todas las obras que fueron sacadas ilegalmente. Muy cr�tico con museos como el British o el Louvre, no comparte la idea esgrimida por estas instituciones de que gracias a ellos se han conservado piezas como los frisos del Parten�n o la piedra de Rosetta. "Cuando todo esto fue robado hace 200 a�os, nadie sab�a lo que iba a ocurrir, si se habr�an destruido o se habr�an conservado, ese argumento me parece un insulto a la inteligencia".Y hace lo que �l llama la pregunta del mill�n: "�Por qu� el arte robado por los alemanes en la II Guerra Mundial s� se busca para devolverlo a sus leg�timos due�os y por qu� el arte robado por los franceses en las guerras de Napole�n no se busca para devolverlo a sus leg�timos due�os?".










