Actualizado S�bado,
junio
20:21De rozar la epopeya en la final de la Euroliga a uno de los fracasos m�s rotundos que se recuerdan en el Real Madrid. De Atenas a la serie contra el Tenerife, 15 d�as de pesadilla. El primer a�o de Sergio Scariolo se queda en blanco, tres finales perdidas y una insospechada y dur�sima eliminaci�n en cuartos de final de la Liga Endesa que domin�. La decepci�n total en contraste con la heroicidad canaria, la pen�ltima lecci�n de Marcelinho Huertas, 43 a�os, sin palabras. [95-107: Narraci�n y estad�sticas]Se recordar� la victoria de unos tanto como la derrota de los otros. Porque tan contundente es lo logrado por La Laguna Tenerife como decepcionante lo perdido por el Madrid. El octavo, tan roto por las lesiones como su rival, expulsando de la lucha por el �nico t�tulo que le quedaba ya al equipo de Scariolo, la pura impotencia. Nadie se salva del desastre, un grupo sin alma ya, quebrado por los triples y las individualidades de Patty Mills, del insospechado Yebo y, sobre todo, del inmenso Huertas. No suced�a algo semejante desde 2008 (precisamente Scariolo, con su Unicaja ante el Madrid...) y los blancos no se quedaban en blanco desde hace 16 a�os. Precedentes mortales de una realidad que obliga reflexi�n. El Tenerife hurg� en la herida, firm� una tarde fant�stica en el Palacio y puso patas arriba la Liga Endesa. Lo que nadie pod�a creer se fragu� a fuego lento, especialmente tras la vuelta de vestuarios. Aguant� la batalla f�sica el Tenerife y se solt�, como si el Palacio fuera una pista de baile, en el tramo final. Y el Madrid, el de las remontadas imposibles, se bloque� totalmente. Ni rastro de sus l�deres, ni Campazzo, ni Hezonja ni nadie. Cuando Yebo, un p�vot reci�n fichado por la arritmia de Shermadini, atrap� su en�simo rebote y anot� a falta de dos minutos y medio, todo se hab�a acabado. Asumido (y olvidado) el repaso del segundo partido, los de Txus Vidorreta se plantaron en el Palacio con la prestancia de los partidos decisivos, de los que quedan en la memoria, de esas oportunidades que no se presentan tan a menudo. Conscientes de sus virtudes y de sus defectos, pocos como ellos en saber potenciar las primeras y esconder las segundas. El guion adecuado exig�a un amanecer que marcara territorio, que le avisara al Madrid de que no iba a resultar sencillo. Y as� fue. Una lluvia de triples marca de la casa, Doornekamp, a sus 40 a�os, como una metralleta. S�lo Hezonja (los 10 primeros puntos blancos fueron suyos) era capaz de capear el temporal. Bien pronto se desvel� un partido tenso, f�sico, de golpes y protestas. Una final. El Madrid reaccion� con la energ�a de la segunda unidad, contagiados del ardor guerrero de Andr�s Feliz, capaz de desquiciar al mism�simo Marcelinho. Ya Vidorreta estaba en ebullici�n. Un parcial de 9-0 y un par de buenas acciones de Kramer dieron las primeras ventajas locales (31-27), pero de ah� al descanso, con la electricidad de Mills (nueve puntos en un pesta�eo), se recuper� un Tenerife con las cosas claras. La sabidur�a de Huertas y la velocidad en la pintura de Yebo era imposibles para un Madrid peor con los titulares. No iba a bajar el nivel, m�s al l�mite cuando Huertas se sac� de la chistera un triple a dos manos sobre la bocina de la posesi�n, cuando a la vuelta de vestuarios el Tenerife se vio con la m�xima (47-54) y bal�n. Y ah�, en ese abismo, apareci� la rabia competitiva del Madrid, un 9-0 a base de defensa, robos, contras y, al fin, un triple de Campazzo. Salv� el primer apuro e impuso su f�sico, pero los de Vidorreta, entregados a un heroico Marcelinho, estaban lej�simos de la rendici�n. Todo lo contrario, elevaron la puja con su receta del per�metro. Sastre, Mills, Yebo, Huertas... Canastas como dagas en la capacidad de aguante del rival, en los nervios que aparec�an, tan cerca del desastre: 79-89 a falta de menos de cinco minutos. No hubo resquicio para el milagro, no tembl� el Tenerife. El Madrid, el que roz� la 12� Copa de Europa en el OAKA, el de los fichajes, el de Scariolo, el de Hezonja... no estar� ni siquiera en las semifinales de la ACB.











