Le�n XIV en Espa�aEl avi�n del Papa, en el aeropuerto de Fiumicino.Manuel ToriActualizado S�bado,

junio

19:29Audio generado con IAAmanece en la Terminal 5 del aeropuerto de Fiumicino, Roma. Los vaticanistas que volaremos junto al papa Le�n XIV en su primer viaje apost�lico a Espa�a, una vez completada la facturaci�n y realizados los controles de seguridad, procedemos a desayunar en el peque�o bufet situado justo al lado de los mostradores de embarque. M�s de uno, cerrando la maleta a �ltima hora de la noche anterior y con el despertador a las 4 de la ma�ana, cuenta las horas de sue�o con los dedos de una mano. Fiumicino, T5, madrugar y periodistas significa s�lo una cosa. Volar con el Papa. El clima, entre los corresponsales del Vaticano -especialmente entre los espa�oles-, es de gran inter�s. Hac�a una d�cada y media, desde Benedicto XIV, que un Pont�fice no visitaba Espa�a ya que Francisco nunca lo hizo; y los ecos de gran expectaci�n -medi�tica y social- procedentes de Madrid, se estaban adelantando claramente al propio embarque en Roma. Los vaticanistas en lengua espa�ola, mientras tanto, nos hacemos una foto de grupo para el recuerdo. Llegados a la pista, el s�quito religioso del Papa accede por la puerta delantera del avi�n; el medi�tico por la trasera. Dentro de este �ltimo grupo la prioridad la tienen los profesionales de las im�genes. Al fondo del avi�n, los de las palabras."Ha llegado el Papa", asegura un compa�ero asomado por la ventanilla izquierda cuando estamos casi todos sentados y con los cinturones de seguridad abrochados. Pocos minutos despu�s, en la primera fila, en el lado izquierdo y en asiento de pasillo; se intuye un solideo blanco y el hombro derecho de una sotana blanca: es el papa Le�n XIV. Una sensaci�n particular aquella de estar a tan s�lo unas filas del l�der espiritual del planeta. Como un pasajero m�s, siendo el pasajero. A las 08:14 -un minuto, desde luego, leonino-, creyentes y no creyentes, nos elevamos en la atm�sfera, cambiando la barca de Pedro por el avi�n de su sucesor. Despegando junto a un hombre de paz. El Pont�fice, atendiendo a la tradici�n, saluda a los periodistas en el primer tramo a�reo de sus viajes apost�licos. As� que desde el minuto uno, tras el despegue, la �nica duda es cu�ndo aparecer� el Papa. Tras m�s de una hora de navegaci�n, el personal de vuelo empieza a servir las bandejas de comida. Algo que, en un trayecto de dos horas y media, algunos interpretamos como un aplazamiento del saludo a los corresponsales ya para el vuelo, de m�s de tres horas, desde Barcelona a Gran Canaria. En pleno almuerzo, sin embargo, el personal de vuelo empieza a retirar las bandejas de forma acelerada. El Papa Le�n XIV, a las 09:27, se asom� a saludar a todos los corresponsales. Tras un breve discurso inicial, justo despu�s de sobrevolar el espacio a�reo espa�ol, confesaba su alegr�a por visitar Espa�a y procedi� con un saludo individualizado a cada uno de los vaticanistas, quienes pueden obsequiar al Pont�fice con alg�n detalle simb�lico. Como simple mensajero, el autor de esta cr�nica procedi� con la entrega de unas cartas enviadas desde la isla italiana de Lampedusa, testigo de las migraciones en el Mediterr�neo Central; tierra que Robert Prevost visitar� precisamente a principios de julio, a pocas semanas de su hist�rica visita a Canarias. Junto al paquete de cartas, hab�a tambi�n una cruz realizada con madera de barcos de migrantes llegados a la isla siciliana: azul, como el mar; y blanca, como el Papa. Incluso muchos minutos antes del aterrizaje, empieza a haber se�al en los m�viles. Los corresponsales, as� pues, empezamos a enviar y recibir mensajes cuando todav�a el avi�n est� en vuelo. Tras tocar suelo espa�ol, con el cintur�n de seguridad todav�a abrochado, los vaticanistas realizan los primeros directos por tel�fono para la radio. Otros, contando con el apoyo de compa�eros, graban sus primeros v�deos para enviar a las redacciones y publicarlos en las redes sociales de sus respectivas cabeceras. Por la ventanilla, se observa una multitud de autoridades espa�olas que est�n listas para el recibimiento oficial. Hay que bajar r�pidamente del avi�n para alcanzar la tribuna de medios. El Rey Felipe y la Reina Letizia ya est�n situados debajo del avi�n. Est� bajando el Papa.