A finales de los a�os 90, en la gran oleada de literatura de management que nos hizo creer en cosas como la inteligencia emocional, los an�lisis DAFO o la evaluaci�n 360�, una idea cundi� por todo Occidente: que cuando una puerta se cierra, otra se abre (Arthur Pine y Julie Houston publicaron un libro con ese t�tulo por aquellas fechas). Lo que nadie sol�a decirte era que esa puerta, por regla general, no se abr�a sola -como de alguna forma da a entender la frase-, sino que necesitaba grandes dosis de fuerza y resiliencia por parte de quien pretend�a atravesarla. De hecho, muchas veces era una puerta blindada, que pesaba una tonelada y se resist�a con todas sus fuerzas a ser abierta, por grande que fuese la llave de tu voluntad.Concha D�az del R�o sabe bastante de eso.La fundadora y directora creativa de la marca de joyer�a CXC ha pasado buena parte de su vida empujando puertas cerradas. Algunas decidi� cerrarlas ella misma. Otras se cerraron de golpe. En m�s de una ocasi�n habr�a resultado perfectamente razonable quedarse al otro lado y no volver a intentarlo. Sin embargo, su trayectoria parece guiada por una idea muy distinta: cuando algo deja de tener sentido, toca empezar otra vez.La conversaci�n transcurre en el estudio donde nacen las colecciones de la marca y en su propio domicilio, un espacio que transmite desde el primer momento el nervio creativo de su propietaria. As� que antes incluso de hablar de joyas, hablamos de casas. coincidimos en nuestra afici�n por escudri�ar las fotos de esas viviendas british llenas de objetos, libros y recuerdos que aparecen en publicaciones como The World of Interiors o House & Garden antes que por las contempor�neas, superordenadas y fr�as que pueblan otras revistas de deco. Mientras habla, resulta dif�cil no pensar que esa misma filosof�a atraviesa tambi�n sus dise�os. Las piezas de CXC tienen algo (mucho) de objeto encontrado, de artefacto con historia. No parecen concebidas para responder a una temporada concreta ni para satisfacer una tendencia pasajera.Quiz� por eso su historia, la de Concha, tampoco encaja especialmente bien en los manuales convencionales sobre emprendimiento.De Acheron a Uno de 50Antes de CXC hubo varias vidas. La primera fue Acher�n, una marca de cinturones, bolsos, zapatos y accesorios con la que trabaj� para empresas como Zara, Mango o El Corte Ingl�s. Fue all� donde empez� a desarrollar una forma muy personal de entender el dise�o. "Me compraban porque yo no copiaba. M�s barato siempre lo pod�an encontrar en otro sitio. Me compraban porque conmigo ten�an cosas nuevas". Sin embargo, incluso cuando las cosas funcionaban, aparec�a la inquietud. "Yo no quer�a seguir las tendencias. Lleg� un momento en que dije: 'Paso'". Aquella decisi�n desemboc� en el nacimiento de Uno de 50. Hoy cuesta recordar el impacto que tuvo la marca cuando apareci� en los a�os 90. La bisuter�a que propon�a era distinta a lo que hab�a en el mercado: piezas de apariencia artesanal, con personalidad propia y una est�tica reconocible. Cuando le pregunto por las razones del enorme �xito de la firma que fund� y de la que fue hasta 2011 directora creativa, no recurre a teor�as de m�rketing ni a complejas explicaciones empresariales: "Hac�amos algo que no exist�a".Su explicaci�n es sencilla. Ven�a de trabajar con fabricantes acostumbrados a producir hebillas, herrajes y componentes para cinturones. Aquella experiencia le permiti� desarrollar piezas diferentes de las que ofrec�a el resto del sector, donde las peque�as imperfecciones, en vez de debilidades, eran aut�nticas fortalezas, lo que daba car�cter a las joyas. El �xito fue enorme. En 2010 recibi� incluso un premio a la Mujer Emprendedora. Lo recuerda entre divertida e incr�dula: "Lo tengo ah� arriba guardado". Pero precisamente el �xito acabar�a generando el problema que la empuj� a marcharse.Cuando le pregunto qu� ocurri� en 2011, responde sin vacilar: "Estaba harta de repetirme".Durante a�os hab�a visto c�mo las f�rmulas que funcionaban comercialmente terminaban imponi�ndose a cualquier otra consideraci�n creativa. "Te siguen pidiendo lo que funciona. Ochenta collares con las mismas bolitas. Y yo quer�a hacer algo diferente". Lo que quer�a era introducir nuevos materiales, trabajar con color natural, incorporar el oro y desarrollar piezas m�s cercanas a una reinterpretaci�n contempor�nea de los cl�sicos. Porque "como dise�ador necesitas seguir avanzando". Y en Uno de 50 era imposible.As� que se march�. No ser�a la �ltima vez que optara por el camino m�s dif�cil.Tras abandonar Uno de 50 intent� poner en marcha una primera versi�n de CXC. El proyecto apenas sobrevivi� un par de a�os. Y entonces lleg� algo mucho m�s serio. En 2015 sufri� un s�ndrome de Guillain-Barr�, una enfermedad la dej� pr�cticamente inmovilizada. Lo cuenta con una serenidad que contrasta con la gravedad de lo ocurrido. "Tuve hasta una parada card�aca. Si mis hermanos no llegan a estar cerca, me muero", explica. El diagn�stico no fue inmediato. Pas� por distintos hospitales hasta que finalmente identificaron el problema: "Estuve un mes y medio en la UCI". La experiencia habr�a bastado para que muchas personas replantearan por completo sus prioridades. Cuando le pregunto si pens� alguna vez en abandonar, sonr�e. "No. Yo me muero si no hago nada". Y entonces empieza a relatar algunas escenas que ayudan a entender mejor su car�cter. Se escapaba por las noches para intentar caminar por la habitaci�n del hospital cuando todav�a no deb�a hacerlo. Aprovechaba las visitas de sus hermanos para esconder la silla y obligarse a andar. "Me re��an much�simo", rememora. Est� convencida de que buena parte de su recuperaci�n tuvo que ver con aquella obstinaci�n. Mientras recuperaba movilidad segu�a pensando en empresas, colecciones y proyectos. En volver a empezar.Objetos de la vida cotidianaY a finales de 2017 encontr� el respaldo financiero necesario para relanzar CXC. Eso significaba reconstruirlo todo desde cero. "Tienes que comprar hasta el papel higi�nico", bromea. La frase resume bien lo que supone levantar una empresa cuando ya no existe estructura previa. Hay que encontrar proveedores, talleres, modelistas, comerciales y procesos de producci�n. Hay que volver a construir una red completa. Y eso fue exactamente lo que hizo. La nueva CXC representaba, en cierto modo, todo aquello que hab�a querido desarrollar durante a�os. En sus joyas, el mundo ecuestre ocupa un lugar central en su imaginario. "Siempre me han gustado much�simo los herrajes de los caballos", cuenta. Tambi�n el cuero. Y los cierres. Y las hebillas. Los objetos funcionales convertidos en elementos decorativos. La inspiraci�n no procede tanto de la joyer�a tradicional como de los accesorios, los viajes, los materiales y los objetos que acompa�an la vida cotidiana. Muchos de ellos -me ense�a el cierre met�lico de un petate militar que le ha inspirado una pulsera realizada en oro- encontrados en el Rastro madrile�o, al que acude religiosamente todos los domingos, desde hace d�cadas. "Yo empec� como cinturonera". La frase parece importante para ella. Quiz� porque explica muchas cosas. Los cueros son uno de los elementos m�s caracter�sticos de la marca. Habla de ellos con un orgullo casi artesanal. "Pedimos un cuero especial. Matamos el canto a mano. Se ti�e con un pincelito a mano. Luego se redondea", explica. Compara algunos acabados con los de Herm�s, marca por la que siente devoci�n. Y no lo hace desde la arrogancia, sino desde la convicci�n de quien conoce exactamente el tiempo y el trabajo que requiere cada pieza: "Trabajamos con mil�metros". Esa obsesi�n por el detalle explica tambi�n por qu� sigue hoy tan involucrada en el proceso creativo. Aunque cuenta con un equipo que desarrolla muchas aplicaciones y variantes, ella contin�a supervisando todo. Le gustar�a delegar m�s, admite. Pero todav�a no ha encontrado a nadie que reproduzca exactamente el lenguaje visual que busca.La paradoja es que esa misma personalidad tan definida constituye a la vez una fortaleza y una limitaci�n. "Lo nuestro nunca lo va a llevar un mont�n de gente". No lo dice con resignaci�n. M�s bien parece una declaraci�n de principios. Nunca quiso construir una marca basada en las tendencias, ni fabricar aquello que sabe que se vender� f�cilmente. Su objetivo era otro: crear piezas capaces de sobrevivir al paso del tiempo, modelos que pudieran seguir vendi�ndose a�os despu�s. Esa filosof�a genera una relaci�n especial con los clientes. Su p�blico, explica, es sorprendentemente amplio. Hay mujeres de 30 y tantos. Y mujeres de 70 u 80. Algo parecido ocurr�a tambi�n en Uno de 50. Sin embargo, sostener una marca independiente resulta cada vez m�s complicado. La subida del precio de las materias primas, explica, ha alterado profundamente los m�rgenes. El oro y la plata han experimentado incrementos enormes. Y eso provoca situaciones parad�jicas. Hay modelos hist�ricos que siguen vendi�ndose bien, por ejemplo, pero cuyo coste de producci�n ya no encaja con el precio al que fueron concebidos, "y tienes que quitarlos del cat�logo". A eso se suma la competencia de productos mucho m�s baratos. Y las copias. Muuuuuchas copias.CXC vende actualmente a trav�s de distintos mercados internacionales, adem�s de sus propias tiendas y su canal online. Pero incluso as� percibe que el contexto general se ha vuelto mucho m�s complicado. "No vende nadie", remata la directora creativa de CXC, La frase aparece varias veces durante la conversaci�n. Habla de un mercado entero que atraviesa una etapa de incertidumbre. Quiz� por eso sorprende que, pese a todo, ella siga manteniendo intacta la necesidad de crear, que le queden ganas de sostener una empresa. Porque debajo de las dificultades econ�micas, de la enfermedad, de los cambios de mercado y de los reinicios constantes aparece siempre la misma pulsi�n: Dise�ar. Construir. Empezar. Volver a empezar.A lo largo de la conversaci�n surge varias veces una misma idea. La de no permanecer donde ya no queda nada por aprender. La de abandonar incluso aquello que funciona cuando deja de resultar estimulante. La de no aferrarse a lo conocido por miedo a perderlo. Cuando le pregunto si esa ha sido la constante de toda su vida, responde casi sin pensarlo: "Si veo que por aqu� no tengo nada, se acab�". Escuch�ndola, una acaba pensando que la famosa puerta de la literatura empresarial exist�a, s�. Lo que ocurre es que algunas personas tienen que abrirla empujando con todo el cuerpo. Y hacerlo m�s de una vez.
Concha D�az del R�o, de inventarse Uno de 50 a lanzar CXC: "Cuando tienes �xito, te siguen pidiendo lo que funciona. Ochenta collares con las mismas bolitas. Yo quer�a hacer algo diferente"
Volver a empezar es un ejercicio que la gallega Concha D�az del R�o lleva practicando desde hace muchas d�cadas. Cuatro veces se ha lanzado a crear una empresa guiada por










