Las alarmas saltan en círculos diplomáticos y empresariales ante el modo en que, desde marzo pasado, los planes de inversión de EEUU en España se frenan. El deterioro es especialmente notorio en los dos ámbitos en los que el país presidido por Donald Trump aparece como el socio ineludible, cuando no el único, a escala global: desarrollo de centros de datos y defensa.Puede sorprender que tal situación se manifieste actualmente, cuando ya están sobre la mesa millonarias iniciativas que gigantes estadounidenses como Amazon, Microsoft y Meta proyectan en suelo español. Además, es en las últimas semanas cuando la tensión política y económica asociada al conflicto en Irán registra sus mínimos.

Esas realidades no impiden que sea precisamente ahora cuando afloran las consecuencias de la arriesgada jugada en la que se embarcó el presidente Pedro Sánchez, al instrumentalizar de la guerra en Oriente Próximo para erigirse en adalid internacional del antitrumpismo. Una corriente de opinión que equivale, a ojos de muchos estadounidenses, a un antiamericanismo apenas encubierto.

Por mucho que la guerra baje de intensidad, el guante lanzado por Sánchez, según explican fuentes empresariales a elEconomista.es, "no ha quedado en el olvido", en lo que a los inversores procedentes del otro lado del Atlántico respecta. Hasta el punto de que estos últimos "dan mayor importancia a los obstáculos a los que sus operaciones ya se enfrentaban en España, y miran con mejores ojos a otros países de nuestro entorno con los que competimos".