El 'techo de apellido' puede ser una barrera invisible que condiciona los salarios y los ascensos, y que aleja a los mejores profesionales de las empresas familiares. Conviene explorar por qu� el talento externo exige una meritocracia real que evite un frenazo en el desarrollo de las compa��as. Las familias con visi�n de largo plazo deben transformar sus estructuras para captar l�deres valiosos.En septiembre de 2006, Bill Ford -bisnieto de Henry Ford, el fundador de Ford Motor Company- hizo algo que muchas familias empresarias prometen pero no siempre se atreven a cumplir: entregar el mando operativo a alguien de fuera. La compa��a llevaba su apellido y Bill pod�a haberse aferrado al cargo, pero en lugar de eso, cedi� la direcci�n ejecutiva a Alan Mulally, un directivo procedente de Boeing. Ha habido otros ejemplos similares, pero el mensaje es poderoso en el caso de una familia como los Ford: en una empresa familiar, el apellido puede seguir gobernando la propiedad, pero no tiene por qu� ocupar todos los despachos.Esa es precisamente la frontera que muchos candidatos intentan explorar y descifrar antes de aceptar una oferta: la duda acerca de si deben entrar en una organizaci�n en la que el talento puede llegar lejos o en otra en la que, tarde o temprano, descubrir�n que la �ltima puerta s�lo se abre desde dentro de la familia.As�, para ciertos candidatos que buscan un nuevo empleo o que se plantean un cambio de trabajo, las empresas familiares no son una opci�n, porque hay quien piensa que no ofrecen las mismas oportunidades de desarrollo de carrera.Esta semana Financial Times trataba el caso de Dinamarca, donde es frecuente -seg�n han observado- que los empleados m�s brillantes eviten las empresas familiares, ya que las oportunidades de ascenso en ellas son m�s escasas y las remuneraciones son m�s bajas, especialmente para los trabajadores m�s capacitados.Financial Times se basa en el estudio The Talent Gap in Family Firms, de Morten Bennedsen, Margarita Tsoutsoura y Daniel Wolfenzon. La consecuencia que se percibe no es s�lo que estas empresas contratan gente menos brillante, sino que seleccionan peor precisamente donde m�s importa, en mandos superiores, expertos y perfiles de alta productividad: "El problema se parece a un torneo profesional trucado: si el premio final est� reservado, los mejores competidores eligen otro torneo".M�s que de techo de cristal, FT habla de un techo de apellido que impide el progreso del personal ajeno a la familia -una barrera que no est� basada en el g�nero o en la raza, sino en la pertenencia o no a la familia propietaria-, que bloquea el ascenso, pero que adem�s frena el desarrollo de las propias empresas.La tesis del techo de apellido es veros�mil y est� bien apoyada por evidencias emp�ricas recientes, pero no significa que todas las empresas familiares sean peores empleadoras, ni que los empleados que s� quieren trabajar en ellas sean menos v�lidos.Implica que, cuando el control familiar es visible, activo y din�stico, muchos profesionales con alto potencial perciben un menor retorno de carrera: menos opciones reales de llegar a la cima, menor remuneraci�n esperada y decisiones de promoci�n menos meritocr�ticas.Y tampoco se trata de una condena a todas las empresas familiares sino de un problema de gobierno, meritocracia y credibilidad. Una empresa familiar profesionalizada puede ser muy atractiva, pero una organizaci�n patrimonializada puede destruir su mercado interno de talento.El problema no es que haya familiares en la gesti�n. De hecho, en nuestro pa�s, muchas de las empresas m�s exitosas son familiares. El problema aparece cuando el talento externo percibe que el m�rito, el desempe�o y la capacidad profesional no son suficientes para crecer dentro de la organizaci�n. Ah� surge el "techo familiar" o "techo de apellido".El profesional valioso no compara s�lo "empresa familiar frente a multinacional". Compara la probabilidad de ascenso, de aprendizaje, autonom�a, salario futuro, reputaci�n profesional y salida posterior.Fen�meno generalUn an�lisis de The European Corporate Governance Institute explica que "este patr�n no aparece s�lo en Dinamarca. Por ejemplo, un estudio reciente sobre Italia concluye que las empresas familiares pagan salarios significativamente menores y ofrecen carreras m�s lentas y menos rentables. Tambi�n describe una distribuci�n salarial m�s comprimida y promociones menos frecuentes, interpretadas como resultado de la voluntad familiar de conservar el control".Cristina Cruz, profesora de emprendimiento y directora del IE Center for Families in Business de IE University, explica que este fen�meno se da tambi�n en Espa�a, aunque probablemente de una forma m�s sutil de lo que muchas veces se plantea: "En nuestro pa�s las empresas familiares siguen teniendo un peso enorme como empleadoras. De hecho son el principal empleador privado seg�n datos del Instituto de la Empresa Familiar, pero tambi�n siguen estando muy marcadas por estructuras en las que propiedad, familia y gesti�n permanecen fuertemente entrelazadas".Cruz cree que eso genera fortalezas extraordinarias: visi�n de largo plazo, compromiso, estabilidad o culturas organizativas muy s�lidas. Pero tambi�n puede provocar la percepci�n de que determinadas posiciones tienen un techo impl�cito para quienes no pertenecen a la familia empresaria.La experta se refiere adem�s a un estudio conjunto con EY sobre atracci�n y retenci�n del talento en la empresa familiar espa�ola en el que se analizaron m�s de 500 empresas de m�s de 50 empleados, aproximadamente la mitad familiares: "Uno de los principales motivos de abandono sigue siendo la falta de oportunidades de progreso profesional. En la empresa familiar, esta percepci�n puede intensificarse cuando los directivos externos sienten que las decisiones relevantes se toman fuera de los �rganos formales o que ciertos espacios de poder permanecen reservados impl�citamente para la familia, independientemente del desempe�o profesional".Cristina Cruz matiza que "el problema no es la presencia de familiares en puestos directivos. El nepotismo no consiste simplemente en que haya miembros de la familia en la empresa -eso es natural en una firma familiar- sino en que el parentesco pese m�s que la competencia profesional a la hora de asignar responsabilidades, de promover personas o de tomar decisiones".Por su parte Josep T�pies, profesor em�rito del departamento de Direcci�n Estrat�gica del IESE, cree que no se puede generalizar sobre el techo de apellido en la empresa familiar y opina que hay que distinguir qu� tipo de empresa familiar es y, despu�s, qu� tipo de directivo quiere incorporarse a ella: "Una primera categor�a es la de las empresas de trabajo familiar, en las que cada miembro de la familia tiene pr�cticamente asegurado un puesto por el hecho de llevar el apellido. Aqu� la competencia profesional no siempre est� garantizada, y suele ser dif�cil que un directivo externo encuentre un espacio atractivo para desarrollar su carrera".El segundo tipo que define T�pies es el de las empresas de direcci�n familiar, donde existe normalmente un protocolo que regula qu� familiares pueden trabajar en la compa��a, qu� formaci�n necesitan y qu� experiencia deben acreditar: "Para un directivo externo pueden ser entornos m�s c�modos, aunque debe asumir que probablemente los puestos de m�ximo gobierno, como el consejo de administraci�n, seguir�n vinculados a la familia propietaria".En el tercer nivel est�n las empresas de gobierno familiar, mucho m�s profesionalizadas, en las que la familia ocupa posiciones de propiedad o gobierno, pero la gesti�n est� abierta a profesionales externos. Casos como Inditex muestran que una empresa puede seguir siendo familiar y, al mismo tiempo, profesionalizar su direcci�n y evitar barreras artificiales para directivos no familiares.T�pies recuerda que "en las empresas de direcci�n y gobierno familiar s� puede haber espacio para directivos ambiciosos. Pero el �xito exige una sensibilidad especial: el directivo externo debe ganarse la confianza de la familia, actuar con lealtad al proyecto y entender que, aunque llegue a ser tratado como de la familia, no pertenece a ella. Muchos fichajes fracasan porque ejecutivos brillantes de multinacionales no comprenden esa l�gica de propiedad, confianza y l�mites personales".El techo de apellido afecta de varias maneras. Primero, reduce el atractivo para los perfiles m�s ambiciosos. La literatura sobre employer branding familiar muestra que la influencia familiar puede asociarse con confianza, seguridad y estabilidad, pero tambi�n con inflexibilidad y resistencia al cambio. Los candidatos orientados a prestigio, apertura al cambio o autorrealizaci�n competitiva tienden a ser menos atra�dos por esas se�ales.Adem�s, genera una selecci�n adversa. Si los mejores anticipan bajo retorno, no aplican. La empresa termina recibiendo m�s candidatos que valoran estabilidad, cercan�a o seguridad que candidatos orientados a crecimiento acelerado, innovaci�n o liderazgo externo.Tambi�n encarece la contrataci�n de talento directivo externo. Para compensar el riesgo de techo, la empresa debe pagar m�s, dar m�s autonom�a, ofrecer garant�as contractuales o aceptar candidatos que no son de primera opci�n.Hay que tener en cuenta asimismo que deteriora la retenci�n, porque un profesional externo puede entrar atra�do por el proyecto, pero puede marcharse cuando entiende que las decisiones importantes se toman en comidas familiares, consejos informales o conversaciones fuera del organigrama.Y, por �ltimo, debilita el aprendizaje interno: si la organizaci�n observa que los familiares ascienden m�s r�pido con menor exigencia, el mensaje impl�cito es que el m�rito importa, pero no decide. Eso reduce los incentivos para esforzarse, formarse o comprometerse a largo plazo con la compa��a.Ahora bien, este diagn�stico no se aplica por igual a todas las empresas familiares. Las m�s profesionalizadas no suelen hablar del techo de apellido con esa expresi�n, pero s� entienden el problema de fondo: si quieren crecer, no pueden depender �nicamente de los miembros de la familia.Josep T�pies matiza que muchas compa��as familiares no viven esta cuesti�n como una preocupaci�n expl�cita. No se re�nen necesariamente para preguntarse c�mo evitar un techo de apellido. Pero las familias empresarias con verdadera visi�n de largo plazo s� tienen clara una idea b�sica: la familia tiene un n�mero limitado de miembros y, si la compa��a quiere hacerse grande, necesita apoyarse en profesionales externos.Por eso, las empresas familiares m�s ambiciosas crean estructuras que permiten atraer y retener talento de fuera. No se trata s�lo de contratar profesionales externos, sino de darles poder real, espacio de gesti�n y posibilidades de carrera. La diferencia est� entre incorporar talento ajeno a la familia como mero ejecutor de decisiones tomadas en otro sitio, o integrarlo en una arquitectura de gobierno donde pueda influir de verdad.El profesor em�rito del departamento de Direcci�n Estrat�gica del IESE se refiere a algunos ejemplos en los que la compa��a mantiene presencia familiar en el gobierno: las familias fundadoras est�n representadas en el consejo y uno de sus miembros ocupa la presidencia ejecutiva. Pero el consejero delegado es externo, la gesti�n por debajo del CEO est� profesionalizada y la mayor�a del consejo est� formada por no familiares. Es decir, la familia conserva influencia, pero no ocupa todos los espacios de poder.Ese tipo de estructura cambia la se�al que recibe el mercado directivo: "Para un candidato externo, no es lo mismo entrar en una empresa en la que el apellido controla todas las sillas relevantes que hacerlo en una organizaci�n en la que la familia conserva la propiedad, pero comparte la gesti�n y parte del gobierno con profesionales". En el primer caso, el techo de apellido puede funcionar como barrera; en el segundo, la empresa familiar puede competir por el talento con argumentos propios: estabilidad, visi�n de largo plazo, cercan�a a la propiedad y capacidad real de influir en el proyecto.El apellido puede ser una ventaja si aporta legado, capital paciente, confianza y estabilidad. Se convierte en techo cuando sustituye al mérito como criterio de poder. Por eso, antes de fichar, un profesional valioso debe pedir evidencias, no promesas.La primera señal de alarma es que los familiares ocupen posiciones clave sin una experiencia comparable a la de los profesionales externos. El problema no es que haya miembros de la familia en la gestión; eso forma parte de la naturaleza de una empresa familiar. El problema aparece cuando el parentesco pesa más que la competencia. La International Finance Corporation recomienda que las empresas familiares establezcan políticas claras sobre entrada, permanencia, salida y trato de los miembros de la familia frente a empleados no familiares, precisamente para evitar percepciones de arbitrariedad y desventaja.Otra señal es la ausencia de una política escrita de empleo familiar. Si nadie puede explicar qué formación, experiencia previa o evaluación necesita un familiar para entrar en la empresa, el candidato externo puede dudar. Lo mismo ocurre si los familiares jóvenes rotan por áreas críticas "para aprender", mientras los directivos profesionales asumen la responsabilidad real de los resultados: unos aprenden con red; otros responden sin red.La tercera señal es que la sucesión se trate como un asunto doméstico, no como una decisión empresarial. Si el relevo del CEO, la dirección general o la presidencia se comenta en términos de "a quién le toca" dentro de la familia, y no como una decisión del consejo basada en capacidades, el margen de carrera del externo será limitado. PwC recuerda que la sucesión sigue siendo uno de los grandes asuntos estratégicos de las empresas familiares y que su gestión afecta directamente al futuro de la compañía.La cuarta señal está en el organigrama histórico: externos que llegan a direcciones funcionales, pero nunca a posiciones de poder real. Puede haber un excelente director financiero, comercial o de operaciones no familiar, pero si ningún externo ha llegado jamás a CEO, COO, CFO con autoridad efectiva o dirección general, conviene preguntar por qué.La quinta señal es la opacidad retributiva. Si el salario variable depende de criterios poco claros, si el bonus lo decide informalmente la propiedad o si no hay métricas objetivas, el profesional externo queda expuesto. En una empresa familiar, la confianza es importante, pero no puede sustituir a un sistema de evaluación y compensación profesional.Otra señal clave es que las decisiones importantes se tomen fuera de los órganos formales. No basta con saber quién firma: debe saber quién decide realmente.La séptima señal es la rotación inexplicada de directivos externos. Si varios profesionales de prestigio entraron con grandes expectativas y salieron al poco tiempo, hay que reconstruir la historia.Un consejo débil, decorativo o dominado por familiares alerta de falta de profesionalización. La clave es separar familia, propiedad y empresa para evitar decisiones atrapadas en dinámicas familiares.El "somos una familia" puede ser positivo si genera confianza. Pero es una alerta si sustituye procesos, justifica menor salario, disponibilidad total, ascensos discrecionales o falta de autonomía profesional.La falta de autonomía real es una alerta. Antes de aceptar, conviene aclarar qué podrá decidir, qué presupuesto tendrá, quién le evaluará y qué ocurre si discrepa de la familia.
As� superan los profesionales m�s valiosos el 'techo de apellido'
En septiembre de 2006, Bill Ford -bisnieto de Henry Ford, el fundador de Ford Motor Company- hizo algo que muchas familias empresarias prometen pero no siempre se atreven a...









