NoticiaSe realizará el próximo 10 de junio, a las 6:00 p. m., en el Centro de la Felicidad (CEFE) Chapinero, en Bogotá.Escucha atenta. Foto: Cortesía05.06.2026 16:23 Actualizado: 05.06.2026 16:44

La Fundación Carlos Urán - Memoria para la Democracia realizará el próximo 10 de junio, a las 6:00 p. m., una función especial de la obra 'La última luz' en el Centro de la Felicidad (CEFE) Chapinero, en Bogotá. La presentación estará acompañada por un conversatorio sobre el papel del arte, las emociones y la memoria en la construcción democrática.Sombras y silencio. Foto:CortesíaLa experiencia internacional ha demostrado que las sociedades no superan los periodos de violencia y fractura democrática únicamente a través de la justicia o las instituciones. En Alemania, por ejemplo, la construcción de memoria sobre los crímenes del nazismo ha incluido durante décadas museos, memoriales y expresiones culturales que invitan a reflexionar sobre las consecuencias del autoritarismo. En Argentina, el arte y la literatura han sido fundamentales para mantener viva la memoria de las víctimas de la dictadura y promover conversaciones ciudadanas sobre verdad y no repetición.Colombia no es la excepción. Para la Fundación Carlos Urán - Memoria para la Democracia, evitar la repetición de las violencias requiere también una transformación cultural y emocional, además de los esfuerzos jurídicos e institucionales.Por ello, la entidad presenta una jornada que combinará teatro y reflexión crítica. La función especial de 'La última luz' culminará con un diálogo abierto sobre arte, emociones, memoria y política.'La última luz' es una obra de teatro independiente escrita por el dramaturgo colombiano Camilo Vergara y dirigida por Carlos Carvajal. Narra la historia de Diego, un director de teatro colombiano refugiado en Berlín que intenta crear una obra sobre el asesinato de sus padres, activistas asesinados en Colombia durante la década de 1990.Preparando el acto. Foto:CortesíaA medida que reconstruye esa historia, surgen vacíos, contradicciones y recuerdos fragmentados que evidencian las dificultades para comprender plenamente el pasado y las múltiples formas en que la violencia continúa afectando a quienes la han padecido. La obra también explora las consecuencias de la falta de educación emocional en la sociedad."La memoria no vive solamente en los archivos o en las instituciones. También vive en las familias, en los silencios, en los afectos y en las preguntas que una generación hereda de otra. El arte tiene la capacidad de acercarnos a esas experiencias y ayudarnos a construir una comprensión más humana de nuestro pasado, transformando emociones como el miedo, el odio, el ocultamiento o el resentimiento en empatía, solidaridad y transparencia", afirma Helena Urán Bidegain, directora de la Fundación Carlos Urán - Memoria para la Democracia.La obra ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el Reconocimiento de Dramaturgia Teatral del Ministerio de Cultura, el primer lugar en el International Radio Playwriting Competition de la BBC de las Américas y su selección en el programa Cimientos del Teatro Lati de Nueva York.Tras la función se realizará un conversatorio con Mauricio García Villegas, jurista, sociólogo y autor del libro El país de las emociones tristes, y con Lucas Ospina, artista y profesor de la Universidad de los Andes.Desde sus respectivas trayectorias, los invitados reflexionarán sobre el papel de las emociones y el arte en la construcción de la vida pública, la memoria colectiva y la comprensión de los ciclos de violencia que han marcado la historia del país.El diálogo abordará preguntas como: ¿qué papel juegan las emociones heredadas en la reproducción de los ciclos de violencia?, ¿puede el arte interrumpir esa transmisión y abrir nuevas posibilidades de diálogo?, y ¿qué significa educar emocionalmente para la democracia?La Fundación Carlos Urán parte de una convicción compartida por diversos pensadores contemporáneos: la democracia no se construye únicamente con normas e instituciones. También requiere empatía, reconocimiento del otro y la capacidad de comprender el dolor ajeno.Desde esta perspectiva, el arte no es un complemento de la vida política, sino una herramienta pedagógica esencial. Una obra de teatro sobre el duelo y la memoria puede movilizar emociones, generar preguntas difíciles y propiciar espacios de encuentro entre personas con experiencias distintas."Nos interesa abrir nuevas conversaciones sobre la memoria. Creemos que la construcción de una sociedad democrática no depende únicamente de las instituciones o de los procesos judiciales. También requiere transformaciones culturales que nos permitan comprender las consecuencias de la violencia, fortalecer la empatía y construir una ciudadanía más consciente", señala Helena Urán Bidegain.La jornada del 10 de junio propone así un recorrido que va de la experiencia artística a la reflexión colectiva; del relato personal a las preguntas más amplias sobre cómo las sociedades enfrentan, recuerdan y elaboran sus violencias. Una apuesta por una educación democrática que pone las emociones en el centro de la construcción ciudadana. LEA TAMBIÉN La Fundación Carlos Urán promueve la memoria democrática como herramienta para fortalecer la ciudadanía, los derechos humanos y la no repetición de las violencias, integrando las emociones y la empatía como pilares de la educación democrática. LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.