La noticia de la muerte de Carlos "Indio" Solari devuelve al mundo ricotero al mismo misterio de siempre: ¿quién era, en verdad, ese hombre detrás del mito? La respuesta más completa está en Recuerdos que mienten un poco, el libro que construyó junto al escritor Marcelo Figueras durante cuatro años y que supera las 850 páginas. No es una biografía autorizada convencional sino algo más cercano a una novela testimonial: el formato de la conversación lo vuelve ágil, íntimo y por momentos desconcertante. El recorrido tema por tema por el catálogo ricotero es uno de sus grandes regalos.

Hay una escena de infancia que condensa bastante de lo que vendría. En la puerta de su casa en La Plata, jugando a las escondidas, el pequeño Carlos se tiró a la calle y un taxi en contramano lo embistió. Fractura expuesta de tibia y peroné, dos operaciones, un tornillo de platino. "Ahí empecé a leer y a dibujar", recuerda. Tampoco terminó el secundario: lo echaron de Bellas Artes después de orinar contra una tabla en el aula porque una profesora no le dio permiso para ir al baño. "De puro encabronado", explica, con esa mezcla de provocación y lógica aplastante que lo define.

El libro también recupera los años de militancia en el espacio Silo, antecedente del Partido Humanista, y la escalada represiva previa al golpe del 76. Una tarde, Solari y un amigo pasaron horas conversando con tres jóvenes, comiendo bizcochitos. Días después, los mataron a todos. "Si hubiésemos tenido la mala suerte de estar ahí en ese momento, también nos hubiesen matado", describe. El peso de esa frase resuena diferente hoy.