Actualizado Viernes,
junio
00:20Jos� Cobo, arzobispo de Madrid; Juan Jos� Omella, de Barcelona, y los obispos de Canarias, Jos� Mazuelos, y de San Crist�bal de La Laguna, Eloy Alberto Santiago, coinciden en resaltar la importancia hist�rica de la visita de Le�n XIV. La necesidad de dialogar, la cultura del encuentro, el impulso a la Iglesia diocesana y la lucha por la vida y la dignidad de los m�s vulnerables son algunos de los t�rminos con los que definen el objetivo del viaje del Papa a Espa�a.Operarios trabajan en la instalaci�n de una de las estructuras que acoger� la misa del Papa en la Plaza de Cibeles.Maria Aguilella PardoEfeMadrid, la ciudad que quiere que Le�n XIV se sienta en casaJos� Cobo Cano, arzobispo de MadridTodav�a recuerdo el instante exacto en que me lo dijo. El Papa vendr� a Madrid. Escucharlo de su propia voz abri� una conversaci�n entre nosotros. Dialogo que comenz� con la noticia y que continuar� a lo largo de los d�as que pase a nuestro lado.Un di�logo del Papa con la vida de nuestro Madrid.La visita del papa Le�n XIV a Madrid es, en primer lugar y por encima de todo, una oportunidad para alegrarnos y dar pasos para entablar un di�logo. Con su persona, con lo que significa y con cuanto nos diga. No solo a los miembros de la Iglesia, sino a quienes quieran escuchar las palabras de alguien que trae la luz, la experiencia y la voz de una Iglesia que, experta en humanidad, camina en la entra�a de la historia.Le�n XIV podr� conocer de primera mano la vida de nuestro Madrid, de la Iglesia y de los retos y di�logos emprendidos con nuestra sociedad. Una visita que comienza atravesando la puerta sagrada de los m�s pobres y descartados, conociendo c�mo nuestra Iglesia, a trav�s de C�ritas, acompa�a la vida de los vulnerables, en este caso de las personas sin hogar, y est� presente en cualquier espacio de sufrimiento de forma silenciosa y esperanzadora.Un di�logo con quienes se acercar�n.En Madrid se har�n presentes personas llegadas de toda Espa�a y de los pa�ses vecinos, sobre todo en la Vigilia con los J�venes y en la Misa del Corpus Christi en Cibeles. Una muestra m�s de aquello que la capital siempre ha sido, un cruce de caminos y una ciudad de puertas abiertas, en la que todo el que llega se siente en casa. Tambi�n el Santo Padre, que encontrar� en estos actos multitudinarios el calor de un pueblo que ve en �l un referente en el camino de la paz, tan necesaria en el mundo de hoy.Le�n XIV nos ayudar� con su presencia en medio de nosotros a entender la necesidad de dialogar, de tejer redes que nos permitan superar la polarizaci�n y el enfrentamiento en el que nuestra sociedad se ha instalado, y hacer as� posible la cultura del encuentro. Una necesidad entre todos nosotros, vengamos de donde vengamos y hagamos lo que hagamos en la vida. Pero tambi�n, m�s si cabe, entre nuestros pol�ticos, a quienes se dirigir� en un encuentro hist�rico en el Congreso para proponerles que la buena pol�tica es el camino que la sociedad demanda.Un di�logo con una Iglesia de rostros diversos.El Santo Padre tambi�n se encontrar� con nuestra Iglesia de Madrid, tan diversa en rostros y realidades. Una Iglesia empe�ada en caminar juntos: los sacerdotes, la vida religiosa, los laicos… Una sinodalidad que forma parte de la vida de aquellos que vivimos la fe en nuestras parroquias, colegios, movimientos, hermandades, centros caritativos, y en tantos espacios donde la Iglesia se hace presente como semilla del Evangelio. Una Iglesia de bautizados, enviados en misi�n, que va al encuentro de las personas, asumiendo juntos una responsabilidad compartida.Y lo hacemos junto a la Virgen Mar�a, a quien en Madrid llamamos Almudena, que Le�n XIV quiere saludar y mostrar su amor de hijo para con la Madre. Un encuentro breve, pero cargado de simbolismo, con el que una vez m�s el Santo Padre manifiesta su devoci�n por aquella que siempre nos acompa�a, a veces oculta en la muralla.Pero este viaje, un proceso que ha tenido su preparaci�n y del que esperamos frutos abundantes, solo es posible, y es algo que agradezco de coraz�n, con la ayuda de todos: las diversas administraciones p�blicas, los empresarios, los miles de voluntarios y de personas que han aportado su importante ayuda, por peque�a que sea, para que Le�n XIV pueda sentirse en casa, y, al alzar la mirada entender que De Madrid al cielo. Altar ante la bas�lica de la Sagrada Familia, en Barcelona.Thomas CoexAFPEl Papa con nosotrosJuan Jos� Omella, arzobispo de BarcelonaEste 10 de junio se cumplen 100 a�os de la muerte de Antoni Gaud�, el llamado arquitecto de Dios. Fue declarado venerable por el papa Francisco. Ahora, su sucesor, el papa Le�n XIV, vendr� a Barcelona para bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Nos alegramos de que tambi�n visite Madrid y Canarias.El Papa es noticia y la expectaci�n crece a medida que pasan los d�as. Se ha iniciado la cuenta atr�s de un acontecimiento en el que muchas personas quieren estar presentes y participar. Muchos quieren colaborar como voluntarios y otros colaboran materialmente con donativos y otros recursos.Nuestra di�cesis se prepara con fervor e ilusi�n para recibir al Santo Padre. No podemos dejar escapar esta ocasi�n �nica, una oportunidad de oro para escucharle de cerca, para reavivar nuestra fe y nuestra misi�n evangelizadora. Estamos ilusionados con los preparativos, pero tambi�n debemos preparar nuestro interior.Esta visita tiene un hermoso lema: "Alza la mirada". Acompa�ados del Papa, alzaremos la mirada y contemplaremos la cruz que corona la torre de Jesucristo de la bas�lica de la Sagrada Familia, la cual se convertir� as� en el templo m�s alto del mundo. La majestuosa cruz de Jesucristo irradiar� luz y la veremos desde muchos puntos de Barcelona. Esta cruz es mucho m�s que la culminaci�n de una construcci�n; es parte del sue�o hecho realidad de Antoni Gaud�, el cual quer�a finalizar esta torre mostrando a Jesucristo, el Hijo de Dios, que da su vida por todos nosotros. La Cruz es el signo del inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros. Es el signo de la victoria sobre la muerte y el pecado.En este viaje apost�lico, el Papa confirmar� en la fe al pueblo de Dios. El Santo Padre pondr� el acento en aspectos esenciales de nuestra vida y de nuestra fe. Ser� una oportunidad para que escuchemos las palabras frescas del sucesor de Pedro y las alberguemos en nuestro coraz�n. Su presencia dar� un nuevo impulso a nuestra Iglesia diocesana, la animar� a avanzar unida y a dar testimonio valiente de la Buena Nueva del Evangelio.Al cumplirse un a�o de la tan esperada exclamaci�n ��Habemus Papam!�, ser� un gozo tener con nosotros al obispo de Roma, el cual, con palabras de san Agust�n, nos ha dicho: �Para ustedes soy obispo, entre ustedes soy cristiano�. El Papa Le�n XIV va dejando, sutilmente, huella por donde pasa. Nos vamos acostumbrando a su voz, a sus gestos, a su manera de ver el mundo, a su insistencia en sembrar la paz entre los pa�ses y entre las personas.Pidamos a Dios que la visita del papa Le�n XIV nos anime a seguir en la fe, a ser luz y esperanza para los dem�s, y nos d� la fuerza de ser sembradores de semillas de paz all� donde estemos y adonde vayamos. Que esta visita tan particular nos haga saborear la dulzura del amor de Cristo y nos incite a acercarnos a �l con ilusi�n. Y es que, como dice San Agust�n y seguro que recordar� el Santo Padre: "No vamos a Cristo corriendo, sino creyendo, no se acerca uno a Cristo por el movimiento del cuerpo, sino por el afecto del coraz�n" (TEJ 26,3).Recuerdos de la visita del Papa a la venta en un negocio en el barrio de Vegueta (Las Palmas).�ngel Medina G.EfeCanarias, esperanza en la frontera del Atl�nticoJos� Mazuelos, obispo de CanariasLa pr�xima visita del Santo Padre, el Papa Le�n XIV, a la di�cesis de Canarias ser�, sin duda, uno de los acontecimientos m�s significativos para nuestra Iglesia en los �ltimos a�os. Su presencia en Gran Canaria, el pr�ximo 11 de junio, dentro de su viaje apost�lico a Espa�a, representa mucho m�s que una etapa en una agenda internacional: es un gesto de cercan�a hacia una tierra marcada por el encuentro entre pueblos y, especialmente hoy, por el drama y la esperanza de la migraci�n.Las islas Canarias han sido hist�ricamente un puente entre continentes. Nuestra identidad atl�ntica nos ha convertido en lugar de acogida, intercambio y convivencia. Sin embargo, en los �ltimos a�os, esa realidad se ha visto atravesada por uno de los mayores desaf�os humanitarios de nuestro tiempo: la llegada constante de personas migrantes que arriesgan su vida en el oc�ano buscando un futuro mejor.Cada cayuco que alcanza nuestras costas lleva consigo mucho m�s que cifras o titulares. Detr�s de cada traves�a hay rostros concretos, historias de sufrimiento, familias rotas, j�venes que huyen de la violencia, del hambre o de la falta absoluta de oportunidades. Pero tambi�n hay una fuerza extraordinaria: la esperanza. Quienes emprenden ese viaje imposible nos recuerdan hasta qu� punto el ser humano est� dispuesto a luchar por la vida y por la dignidad.Precisamente por eso, la visita del Papa adquiere un profundo significado pastoral y humano. El Santo Padre viene a poner en el centro a las personas, invit�ndonos a mirar esta realidad no desde la indiferencia o el miedo, sino desde la compasi�n y la fraternidad. La Iglesia no pretende ofrecer soluciones pol�ticas o t�cnicas a un fen�meno tan complejo, pero s� quiere recordar un principio fundamental: ninguna persona puede ser reducida a un problema o a una estad�stica.Desde hace a�os, la Iglesia en Canarias intenta responder a esta situaci�n desde la cercan�a concreta. Son muchas las parroquias, comunidades religiosas, voluntarios y agentes de pastoral que trabajan silenciosamente para acompa�ar, escuchar y ayudar a quienes llegan a nuestras islas en condiciones extremas. A trav�s de C�ritas y de la Pastoral de Migraciones, la di�cesis procura ofrecer no solo ayuda material, sino tambi�n acogida, orientaci�n y esperanza.La visita papal es tambi�n un est�mulo para toda nuestra comunidad cristiana. En una sociedad marcada por la secularizaci�n y por el cansancio espiritual, la presencia del Sucesor de Pedro nos invita a redescubrir la alegr�a de la fe y la importancia de vivir el Evangelio con autenticidad. Necesitamos una Iglesia capaz de salir al encuentro de las heridas humanas, cercana a quienes sufren y comprometida con la construcci�n de una cultura del encuentro.Adem�s, esta visita puede ayudar a despertar una mayor conciencia social sobre el fen�meno migratorio. Con demasiada frecuencia, el debate p�blico se mueve entre simplificaciones y enfrentamientos ideol�gicos. La realidad exige serenidad, cooperaci�n internacional y una mirada profundamente humana. No se trata �nicamente de gestionar fronteras, sino de defender la dignidad de las personas y promover caminos reales de integraci�n y convivencia.Nos preparamos para recibir al Santo Padre con gratitud y esperanza. Queremos que su presencia deje una huella duradera en nuestra di�cesis y en toda la sociedad canaria. Desde esta frontera atl�ntica, Canarias desea ofrecer al mundo un mensaje sencillo pero necesario: ninguna vida sobra, nadie debe quedar descartado y la esperanza siempre puede abrir caminos nuevos.Migrantes alojados en el centro de acogida de Las Ra�ces (Tenerife) se informan sobre la visita del Papa.ARABA PRESSUn sue�o que se hace realidadEloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Crist�bal de La LagunaEl pr�ximo viernes 12 de junio, nuestra Di�cesis de San Crist�bal de La Laguna o Tenerife -integrada por las islas canarias occidentales: La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife- recibe con gozo la visita apost�lica del Papa Le�n XIV. Un sue�o que se hace realidad.Se trata de un acontecimiento hist�rico, pues ser� la primera vez que un Papa visita estas islas, pero, sobre todo, un momento de comuni�n eclesial, de sentirnos unidos al Sucesor de Pedro que viene a confirmar nuestra fe y a alentarnos en la misi�n evangelizadora, en la que el cuidado y atenci�n de los pobres ocupa un lugar especial, como record� en su primer documento pontificio, la Exhortaci�n Apost�lica Dilexi Te. Entre esos pobres, se encuentran tambi�n los inmigrantes, particularmente los que llegan a nuestras costas a trav�s de la mort�fera �ruta atl�ntica� en la que cada a�o, se calcula, mueren en torno a 6.000 personas. �La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio s�lo es cre�ble cuando se traduce en gestos de cercan�a y de acogida; y que en cada migrante rechazado -afirma Le�n XIV-, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad� (DT, 75).Estos dos aspectos, el eclesial y el social, quedar�n patentes en los actos que Le�n XIV llevar� a cabo en nuestra Di�cesis. Por un lado, el encuentro con la realidad migratoria en San Crist�bal de La Laguna que constar� de dos momentos. Primeramente, la visita al Dispositivo de Acogida de Emergencia �Las Ra�ces�, en el que han llegado a estar acogidos hasta 4000 inmigrantes. El Santo Padre tendr� ocasi�n de saludar a los all� acogidos y dirigirles unas palabras de aliento, visibilizando as� este drama humanitario que requiere una respuesta global e integral, que supera con creces la que los canarios, con generosidad de coraz�n, estamos dando.Seguidamente, el Papa se desplazar� a la Plaza del Cristo, para el segundo momento de encuentro con la realidad migratoria. All� escuchar� de primera mano el testimonio de inmigrantes y voluntarios de distintas entidades de Iglesia que est�n trabajando para la integraci�n en la sociedad de las personas migradas, ofreci�ndoles acogida y formaci�n.A continuaci�n, Le�n XIV se desplazar� a la D�rsena de Los Llanos, en la zona portuaria, tras recorrer algunas de las principales calles de Santa Cruz de Tenerife, para celebrar la Santa Misa con la que finalizar� esta primera visita apost�lica a Espa�a. De esta manera viviremos la comuni�n eclesial que nace de la comuni�n eucar�stica y que en el Papa encuentra el v�nculo con aquel que nos preside en la fe y en la caridad.Tanto los que integramos esta Di�cesis como la sociedad en general estamos esperando ilusionados esta anhelada visita que har� realidad el sue�o de muchos de nosotros y de nuestros antepasados… acoger al Papa en Tenerife.













