Socio artístico del Indio Solari, Skay Beilinson fue uno de los primeros en despedirlo públicamente. Lo hizo con pocas palabras y con el peso de la historia compartida: “Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre. Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre. Hoy es un día muy triste”, escribió en sus redes sociales. Y al final, dos iniciales que lo dijeron todo: PR. Patricio Rey. El proyecto que los unió, los lanzó a la masividad y, eventualmente, también los separó.

La historia entre los dos empezó en La Plata, a mediados de los años 70, cuando Solari y Beilinson pusieron en marcha junto a la “Negra” Poli lo que sería Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Skay fue el guitarrista y coautor de la música durante los 25 años de vida de la banda: el contrapeso sonoro de las letras barrocas del Indio, el arquitecto de los riffs que sostuvieron desde Gulp! (1985) hasta Momo Sampler (2000). Diez álbumes de estudio, una legión de ricoteros y récords de convocatoria que ninguna banda argentina había alcanzado antes —140.000 personas en River en 2000— salieron de esa sociedad creativa.

La ruptura llegó en 2001, sin anuncio oficial ni conferencia de prensa, como correspondía a una banda que siempre desprecio las formas del show business. Las diferencias afloraron durante la grabación de Momo Sampler en Nueva York: tensiones artísticas sobre el sonido del disco, discusiones sobre los tiempos de producción, y un distanciamiento personal que se fue haciendo irreversible. Solari siguió su camino con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Skay formó Los Fakires y continuó editando discos y girando. Nunca hubo una reconciliación pública, aunque tampoco una guerra declarada: los dos siguieron haciendo música, en paralelo, sin cruzarse.