Cuando el 5 de junio de 1972 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) abrió en Estocolmo, Suecia, la primera gran conferencia sobre el “Medio Humano”, difícilmente habrán imaginado qué tan vigente estaría esa declaración 54 años después. Entre sus puntos mencionaba “[…] En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto lo rodea […]”. Pocos calendarios después, en 1987, vino el informe sobre Nuestro Futuro Común, o mundialmente conocido como Informe de Brundtland, en homenaje a la entonces primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland. Un informe que abordó por primera vez la concepción del desarrollo sostenible y dejó una frase que luego sería incluida en innumerables normativas ambientales, e incluso en nuestra Constitución Nacional: “Todos tenemos el derecho a ejercer actividades productivas que satisfagan las necesidades del presente, pero sin comprometer a las de las generaciones futuras que a su vez tienen el deber de preservarlo”. Chaco perdió más de 8.600 hectáreas de bosque nativo en 2025
Descuidar la “casa común”, algo que el progreso nos está cobrando muy caro
Con más acciones que palabras, el Pacto de Futuro de la ONU pide a los gobiernos “cooperación tecnológica y coordinada”. Nada nuevo bajo el sol, pero bastante incumplido. Argentina debe mirar al Mercosur: “el nuevo proceso evolutivo será la integración ambiental de las regiones comunes”










